Ilustraciones de Idalia Canderas, nacida en la CDMX y formada en la UNAM.
Esther García platicó con VANGUARDIA sobre las dificultades que atraviesan las mujeres en la literatura mexicana

Los años han pasado y aún se pueden encontrar similitudes en el entorno de Sor Juana Inés de la Cruz y las mujeres modernas que no sólo pasan la travesía de dedicarse a las letras, sino la de ser mujeres en un medio en el que el machismo y la misoginia siguen presentes. 

Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, 48 países se preparan para participar en el Paro Internacional de Mujeres, mismo que convoca a protestar en contra del machismo, los feminicidios la vulneración a niñas y adolescentes y la violencia contra las mujeres transgénero. Así, durante un día, miles de mujeres no realizarán sus actividades económicas, tareas de cuidados e incluso, en países como Rusia donde se restringe el derecho a la protesta, ellas evitarán realizar actos sexuales y reproductivos, buscando hacer eco del papel de las féminas en el quehacer diario del mundo. 

En Chihuahua se llevará a cabo el Encuentro Regional de Mujeres en la Investigación Artística, Social y Humanística, donde del 8 al 10 de marzo, mujeres profesionistas hablarán sobre su trabajo en las artes, ciencias y actividades sociales. 

Entre ellas está Esther García, poeta ganadora del Premio Nacional de Poesía Joven ‘Francisco Cervantes Vidal 2014 con su libro ‘Bitácora de Mujeres extrañas’, ofreciendo la ponencia magistral ‘Misoginia y machismo en el medio cultural mexicano’.

“Se ha hecho mucho de lado a la mujer, se le ha menoscabado como un personaje secundario y personajes de la literatura han dicho que la mujer es la sombra de la literatura, una forma de pensar que me parece horrorosa y espantosa”, señaló García para VANGUARDIA antes de viajar a Chihuahua. 

Su charla parte del ejemplo de Sor Juana Inés de la Cruz, personaje que para ella es la máxima representación de la opresión de la mujer en el campo literario cuando se le prohibió escribir, estudiar y se le acusó de retar los compromisos de su religión y su vocación de monja.

Esther García visitará Chihuahua para charlar sobre esta problemática/ Roberto Armocida

“Pero así como eso, voy a abordar la manera tan lúcida e inteligente que tuvo ella para poder responder”, dijo García, quien señaló algunos de los rasgos discriminatorios hacia la mujer que prevalecen en el mundo de la literatura.

Aseguró que en la actualidad siguen siendo comunes las prácticas de desplazamiento y menosprecio hacia la mujer escritora, lo que puede observarse en eventos como coloquios y encuentros a nivel nacional. 

“La mayoría de los invitados son hombres y solo hay una o dos mujeres cuando existen muchísimas doctoras, investigadoras y literatas que están dentro de los temas pero que aún así no se les invita”, explicó. 

Varias son las acciones que las mujeres del medio literario nacional han tomado en contra de esto, como la queja sobre la nula presencia de mujeres en el programa del Coloquio Internacional de Literatura Fantástica de la UNAM, o la implementación del hashtag #RopaSucia donde las poetas Paula Abramo y Marisela Guerrero denunciaron actos de discriminación en la literatura. 

“Pasan cosas que te hacen cuestionar si las personas buscan la equidad entre hombres y mujeres. Físicamente claro que un hombre es más fuerte, por la testosterona, pero intelectualmente no puedes hacer la comparación, estamos todos a la par para hacer cualquier ejercicio de crítica, literatura docencia y más”, aseguró Esther. 

Esther asegura haber vivido el ambiente misógino desde los 16 años, cuando asistía a los talleres literarios en Saltillo donde no sólo los hombres eran más que las mujeres, sino que eran en los que más se concentraban los docentes. 

Sin embargo su encuentro más fuerte con el machismo literario, fue cuando a los 21 años recibió su primer premio en el Concurso Nacional de Cuento de Terror ‘Criaturas de la Noche en 2008, donde sus jueces no podían concebir que aquella historia hubiera sido escrita por ella.

“Uno de los jurados dijo que se esperaba un hombre bien malo y bien metalero, no podían creer a una mujer escribiendo esto; en el libro yo hablaba de sexo sin tapujos, de la antropofagia y de la relación carnal entre un hombre y una mujer pero ellos decían que era un cuento de amor que quería verse malo, como un hombre”, narró Esther. 

La incredulidad y la incomodidad por estos comentarios fueron algo que, entre el desconcierto, no pudo clasificar pero que le permitieron ver poco a poco cómo ha sido relegado el papel de la mujer en la literatura. 

“Incluso las mismas escritoras y poetas locales se criticaban entre sí porque ‘nada más habla de naturaleza’, o porque ‘está muy reprimida y siempre está enojada’, reclamándose a sí mismas no poder hablar de las verdades del mundo porque somos mujeres que ‘nada más nos dejamos llevar por el ciclo menstrual’, ¿cómo podemos hacer algo así”, cuestionó la poeta.

Añadió que este tipo de actitudes suelen ser más notorias en grupos literarios con círculos muy cerrados. 

“Te envían a la periferia y es algo que se normaliza cuando no debe ser así; estamos como en un método conductivo pavloviano donde te dicen y te convencen de cómo deben ser las cosas, te convencen y seguimos en una sociedad enteramente machista desde hace mucho tiempo, yo creo que México es uno de los países más machistas del mundo”, aseguró. 

En su forma de trabajo, la autora encuentra a la escritura como una forma de resiliencia útil no sólo para la creatividad de una persona, sino para aquellas que vivieron situaciones violentas.

Por ello, como retribución social tras su beca en el Programa de Estímulo a la Creación y el Desarrollo Artístico, ofreció el taller ‘Hilar la herida’ en los Centros de Empoderamiento de la Mujer en Saltillo y Torreón en meses pasados, donde diversas mujeres acudieron a la escritura para poder reconocer lo que les sucedía por dentro. 

“Fue algo muy fuerte porque eran personas muy violentadas, incluso unas estaban siendo custodiadas por policías porque eran golpeadas por sus parejas o su familia, para ellas fue un momento de quiebre, no habían hecho frente a sus propias emociones porque tuvieron que ser fuertes para sus hijos y su trabajos, cuando ellas se sentían completamente destruidas”, señaló García. 

Añadió que esto para ella fue incluso estresante, porque mientras hay gente que utiliza sus formas de poder para reprimir al movimiento feminista, ella pudo ver la carga de las personas que quedan atrás de este hilo de incomprensión. 

“No creo que la vida está hecha para tener miedo y pensar en si te van a hacer algo; el feminismo es un movimiento que busca la igualdad no nada más para la mujer sino para el hombre al que se le ha deprimido mucho por los sentimientos, la diversidad existe en todo pero el poder es lo que nos sigue reprimiendo, y oprimir al otro no debe hacerse sino en lugar de eso ayudarlo, y si estás en un lugar de poder deberías hablar para saber qué está mal”, finalizó. 

Su charla tendrá una réplica el próximo mes de abril durante la Feria Internacional del Libro en Arteaga 2017.