Ya no debería sorprendernos los disparates por parte de nuestros gobernantes en materia económica. Lamentablemente se ha convertido en el pan de cada día. Aunque algunas pocas de esas ocurrencias se materializan y el resto queda para el anecdotario, no dejan de alimentar aún más la incertidumbre entre inversionistas.

Esa fijación de andar pregonando ideas absurdas ya logró contagiar incluso a varios analistas económicos. Un grupo de ellos pertenecientes a Citigroup, divulgaron hace unos días la posibilidad de que el dólar perfore varios niveles a la baja hasta llegar a los 16 pesos… una declaración más optimista que ni en las mañaneras encontramos.

El argumento detrás de esta idea descansa en una combinación de factores que incidirían en una debilidad del billete verde. El resultado en las elecciones presidenciales en Estados Unidos, aunado a una política monetaria laxa por parte de la Fed, así como el pronto arribo de la vacuna contra el COVID-19 y su efectiva distribución para su aplicación, sería el coctel perfecto para vaticinar el desplome del dólar en los mercados financieros.

Ciertamente es posible que estos tres sucesos podrían combinarse en las próximas semanas. No obstante, es un error confundir un desplome en el dólar -provocado por un ambiente de optimismo que impulse a los mercados a buscar instrumentos de mayor rentabilidad, dejando de lado el factor riesgo-, con que en automático ello implique una apreciación del peso a esos niveles.

No hay duda que dicho escenario daría mayor fortaleza a la moneda local, pero eso no implica que los inversionistas perciban un cambio en los fundamentales económicos del país. La ausencia de incentivos fiscales que impulsen el crecimiento económico, el deterioro en el nivel de deuda pública, incertidumbre y un ambiente poco propicio para la inversión seguirán estando presentes y metiéndole ruido a la paridad cambiaria.

Prueba de ello es el más reciente dislate por parte de funcionarios del Consejo de Administración de Pemex, en el sentido de proponer que las reservas internacionales del Banco de México, se utilicen para financiar la deuda de Pemex, en lugar de invertirlo en bonos del Tesoro de los Estados Unidos.

Dichas declaraciones reflejan el nulo conocimiento de lo que son las reservas internacionales y la importancia estratégica que estas desempeñan en la estabilidad del sistema financiero y del mercado cambiario.

Pero no se critica el desconocimiento de la materia, que eso no tiene nada de malo, sino la ligereza para emitir esa clase de recomendaciones en un ambiente ya cargado de mucha incertidumbre.

Tan mal están los comentarios cargados de sesgo ideológico y de profunda ignorancia con relación a las reservas, como los irresponsables pronósticos optimistas sobre el tipo de cambio.