Me tomó varias horas encontrar un listado con los diputados federales por Coahuila (de mayoría y plurinominales) de la presente legislatura (LXIII) en el Congreso de la Unión (por alguna razón que ignoro es muy arduo dar con información tan básica).

Pero no piense que los buscaba para enviarles una tarjeta o un arcón con motivo de las próximas fiestas, sino para cotejarlos con la reciente votación (30 Nov. 2017) en la que se aprobó por una aplastante y priista mayoría la muy mentada Ley de Seguridad Interior.

Seguro que le interesa saber cómo votaron los legisladores coahuiltecos. Pero antes: ¿Qué fregados es la Ley de Seguridad Interior?

En términos llanos, es un proyecto de ley que facultaría la intervención de las Fuerzas armadas a discreción del Ejecutivo. En otras palabras, que el Ejército Mexicano tomaría parte en problemáticas de orden civil cada vez que al Presidente se le pegue la gana.

Y aunque se contemplan ciertos candados (como que dicha intervención debe ser a petición de un congreso local y contar con la aprobación del Consejo de Seguridad), finalmente en otra cláusula se establece que sólo se requiere la petición del Ejecutivo Federal para que “bajo su entera responsabilidad” intervenga el Ejército.

Tener al Ejército haciendo las tareas de la policía civil es una de las peores medidas que puede implementar un gobierno. No solo habla del fracaso del estado de derecho, sino que equivale -en términos médicos- a intentar curar el resfriado con quimioterapia, pues el Ejército, al no estar capacitado para interactuar con la población civil (como en teoría sí debe estarlo un gendarme), es proclive a incurrir en excesos, arbitrariedades y barbaridades por las cuales ni siquiera se verá obligado a responder.

El Ejército es el último recurso para cualquier nación. Sirve para la guerra contra los “masiosares”, extraños enemigos de otros países u otros planetas. Son básicamente los monos alados de la Bruja Mala del Oeste. No se pueden soltar así como así, nomás porque nuestros gobiernos y cuerpos policiacos son una manga de incompetentes.

Es una falacia que a la violencia asociada al crimen organizado se le derrota con más violencia, la fuerza de las armas o una ventaja numérica. ¡Mentira! Sería más fácil desarticularlo con inteligencia, políticas efectivas contra la impunidad y un auténtico combate a la corrupción (pero es mas redituable para nuestros gobiernos alimentar la mentira de que la paz es un valor precario que se gana con sangre y a punta de balazos).

En fin, que lo único que puede acarrearnos a la larga la presencia cotidiana del Ejército en las calles es el acotamiento de nuestras libertades y la supresión de derechos tan fundamentales como el de manifestarnos (libre expresión) y el de libre reunión y asociación.

Hay mucho que usted puede consultar y leer sobre esta Ley de Seguridad Interior. Ya la calidad de lo opinólogos a los que desee darles crédito, es cosa suya. Pero sepa que las Naciones Unidades recomiendan a todos los gobiernos (se lo han dicho varias veces a PEN, digo, a EPN) que retiren a la milicia de la vida civil y que tenga el mínimo contacto posible directo con la población (ya que no es su especialidad).

Me gustaría seguir disertando sobre este tema, pero no tengo tiempo. Debo hacer compras de Navidad y estaré ocupado hasta el 24 por la tarde. Lo que sí haremos, será revisar el voto de los diputados federales coahuilenses sobre esta peligrosa Ley que nos pone a coquetear con las peores dictaduras militares latinoamericanas.

Para empezar, sepa que ningún priista, ninguno de toda la Cámara, votó en contra de esta aberración. El voto tricolor fue unánime. Lo que no significa, sin embargo, que todos votaron.

Votaron a favor, por Coahuila, los diputados Ana María Boone Godoy, María Guadalupe Oyervides Valdez, Flor Estela Rentería Medina, Jorge Dávila Flores y los dos metros y medio de humanidad del diputete Yericó Abramo Masso. Si los ve en la calle, escúpales por traidores.

Los que estuvieron muy cansados u ocupados como para ir a levantar su dedito (es una chinga, pero usted no lo sabe porque nunca ha sido diputado), fueron los también priistas Francisco Saracho, José Refugio Sandoval Rodríguez y Armando “Yo ni sé quién es el Mono Muñoz” Luna Canales. Estos changos, hasta para apuñalar al pueblo son bolsones.

Mención aparte me merece Javier Guerrero, quien solicitó licencia nomás para venir a deyectarla en la pasada elección (¡gadamadre!) y cuya curul está vacía porque su suplente, el baquetón David Boone de la Garza, jamás la fue a ocupar. Esa es la calidad de la pelusa que enviamos a representarnos en la máxima palestra nacional.

Por el PAN la cosa como siempre es causa perdida frente a la apabullante mayoría del PRI. 31 azules votaron en contra, sólo cinco a favor y cuatro abstenciones, dos de ellas ¡de nuestros diputados coahuilenses por Acción Nacional!

Es decir, la escasa oposición que tenemos en el Congreso ni siquiera por decoro fue a defender nuestros derechos. Muchas pinches gracias por nada, César Flores Sosa y Karla Karina Osuna Carranco. ¡Par de tibios!

Por último me gustaría incluir la postura de otros dos personajes relevantes para nuestro Estado: La diputada por Hidalgo, Carolina Viggiano, una de las más apasionadas promotoras de esta asquerosa y tiránica iniciativa, tiene incluso en redes un video donde explica “las bondades” de esta infamia como si de verdad las creyera. ¿Y sabe qué? ¡Tampoco votó! Seguramente tenía algo mejor que hacer y lo fue a hacer muy tranquila, sabedora de que la iniciativa estaba blindada de cualquier manera por el mayoriteo priista, pero aun así. ¡Vaya congruencia!

El otro es nuestro flamante Gobernador, Miguel Ángel Riquelme, quien no vota pero considera esta ley como necesaria. ¡Y cómo no! Si ya una vez vio que en repudio a su “triunfo” se congregó la mayor cantidad de ciudadanos que jamás se haya manifestado en toda la historia de este Estado. ¡Claro que celebra una iniciativa con tintes represivos!

La Ley de Seguridad Interior espera ahora el voto de la Cámara de Senadores. Yo en cambio espero que a todos los aquí mencionados se les convierta el aguinaldo en carbón y que Santa les mande una carta con ántrax o ya de perdido tiña inguinal.