Felipe de Jesús Balderas El concepto de justicia social no está a consideración del mejor postor. Lo digo por el tema de los salarios que cada 18 de diciembre se “analizan” y justifican en la mesa de discusión de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami). Se designan el 1 de enero de cada año, en el Diario Oficial de la Federación, y tienen vigencia para el año en turno, en este caso para el 2021.

En una estructura jerárquica, como es en la que seguimos perviviendo los mexicanos, nos gusta alardear, comentar y hasta recomendar la importancia que tiene la democracia en las sociedades modernas. ¿Se podrá ser absolutista y democrático al mismo tiempo? O bien, ¿pensar democráticamente y actuar absolutistamente? No se requiere de mucha inteligencia para encontrar las disfuncionalidades que existen entre quienes se atreven a hablar del tema de la igualdad, pero siempre dejando en claro que unos somos menos iguales que otros, atino, alentando la desigualdad en la que vivimos.

Inicio así esta reflexión porque la reticencia que siguen teniendo algunos sectores, no sólo los empresariales, en el tema del aumento salarial sigue siendo como buen tema económico; un tópico que se encuadra en el plano de las especulaciones y los supuestos, pero sólo se queda en eso, es decir, no se comprueban. Son como leyendas urbanas que sirven para justificar ciertas creencias que legitiman ciertas costumbres.

La verdad, y esto sí puede comprobarse, los trabajadores mexicanos, según los informes de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), desde 2014 a la fecha, siguen siendo los peor pagados en América Latina.

Mientras que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) promueve la idea de “impulsar la justicia social promoviendo el trabajo decente” y recomienda el pago de 15 dólares por hora como retribución al trabajo realizado en los países adheridos, en nuestro país seguimos con la jerga tradicional y repetitiva de hablar de inflación y de que una buena cantidad de empresas irán a la quiebra.

Hablamos del pago por hora, que es a lo que la OIT se refiere y recomienda. En México se paga por día, en este momento el mínimo se encuentra en 123.22 pesos el día. Si son 15 dólares la hora y el tipo de cambio se encuentra en este momento en 19.59 pesos, hablamos de 2 mil 350 pesos diarios. Analice y compare.

Sólo para recordarle: en el año de 2014 el salario mínimo se encontraba en 67.29 pesos diarios, en 2015 en 70.10 pesos, en 2016 en 73.04 pesos, en 2017 en 80.04 pesos, en 2018 en 88.04 pesos, en 2019 en 102.68, en 2020 en 123.22.

Digo, para salirnos del idealismo que representan los convenios firmados y la realidad que representa la ríspida economía mexicana y la defensa a ultranza de los intereses económicos de quienes poseen los medios, se trata de pasar de 123.22 pesos determinados en 2020 a 141.70 para el 2021. Es decir, el alza será de 18.48 pesos diarios.

¿De veras colapsarán 700 mil empresas? ¿De veras se duplicará la inflación? ¿O se trata de seguir con la especulación y las amenazas que tan buenas ganancias reditúan? Para poder creer estas afirmaciones es pertinente que los dueños del discurso demuestren estos dichos, lo demás, es lo de menos.

Entonces pregúntese: ¿para qué los convenios con la Organización Internacional del Trabajo?, ¿qué sentido tiene el artículo 123 constitucional?, ¿qué implicaciones tiene para los defensores de los bajos salarios el artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que afirma que toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social?

Luego, ¿dónde se da la intersección de la idea de la Responsabilidad Social Empresarial y los Derechos Laborales de los Trabajadores?, ¿qué sentido tiene la justicia social?, ¿business vs. bio?, ¿doble discurso vs. defensa de intereses?, o ¿una cosa es lo ideal y otra lo real?

Como dato: el pasado 13 de octubre el recién electo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, prometió elevar el salario mínimo a 15 dólares la hora. Esta cantidad ya se gana en cuatro estados de la Unión Americana desde el inicio de 2020, pero su idea es homologarla en todo el territorio nacional ¿para estar a tono con la OIT o fue ocurrencia? Pero habrá que ver cómo en la mayoría de los países en el mundo, teniendo salarios mayúsculamente más altos que en el nuestro, no han cerrado más de 700 mil empresas ni se han complicado con la inflación.

La democracia es un pensamiento en plural, no en singular. En este cuadro se suscriben también la defensa de los derechos humanos, la responsabilidad social empresarial y la reflexión sobre la justicia social que tiene su origen en lo personal y ésta ligada al concepto de equidad que, según John Rawls en su Teoría de la Justicia, es la reciprocidad según la cual todos los miembros de la sociedad tienen que resultar beneficiados del modo convenientemente fijado por los diferentes actores sociales. Así las cosas.

P.D.: La justicia social está de luto por el fallecimiento de nuestro muy querido amigo el padre Pedro Pantoja. Luchador incansable y ejemplo constante de coherencia y convicciones.