La obra está protagonizada por Adriana Molina y Roberto Lozano. / Fotos: Omar Saucedo/VANGUARDIA.
Cuarta Pared Theatre Laboratory tendrá una temporada de esta obra de Off-Broadway en Foro Amapola todos los fines de semana hasta el 18 de abril

Ya sea que lo cuenten desde el final hasta el principio, o que revelen cómo inició todo, el matrimonio de Cathy y Jamie está condenado al fracaso, rodeado por los altibajos un lustro de amor, sí, pero también de celos, infidelidades y envidias profesionales.

Este es el drama que presenta el musical “Los últimos cinco años”, con el que la compañía Cuarta Pared Theatre Laboratory regresa a los escenarios de Saltillo tras más de un año de inactividad debido a la pandemia. La puesta en escena empezó su temporada el pasado 19 de marzo y continuará con funciones todos los fines de semana hasta el 18 de abril en Foro Amapola.

Esta obra de Jason Robert Brown, traída desde Off-Broadway cuenta con la producción de Rodrigo González, así como la dirección escénica de Gabriel Neaves y la dirección vocal y musical de Andrés Hernández, un grupo de músicos en vivo y tres elencos alternantes integrados por Ailyn Durán, Adriana Molina, Yari Freire, Roberto Lozano, Arturo Morales e Isaac Escobedo, de los cuales tuvimos la oportunidad de ver en escena este domingo a Molina y Lozano.

Una tragedia cantada

La puesta en escena que se estrenó en 2001 en el Chicago Northlight Theatre cuenta la historia de amor y desamor entre Cathy, quien a través de sus números musicales relata su matrimonio con Jamie desde el final hasta el principio, mientras que él lo hace en orden cronológico, empezando por el momento en que apenas se conocieron.

Esta propuesta, por sus características, evita toda interacción entre los únicos dos actores —con excepto de una escena en el medio, donde ambos relatos se unen— y poco a poco nos revela qué los unió y qué los separó.

Adriana Molina como Cathy fue quien abrió el espectáculo con la primera canción, en la que describe el fin de la relación, y a través de la potencia de su voz e interpretación fue dándole luz a la desesperanza y decepción de esta mujer mientras más se acercaba al momento en que su vida se unió con la de Jamie.

Roberto Lozano, por su parte, mientras recorre el camino hacia el final, entrega a un personaje que se rinde ante su narcisismo y las tentaciones y brilla mucho más conforme se acerca a este lado más oscuro de su personalidad.

El cambio de la Amapola

La producción de Cuarta Pared aprovechó el espacio de este recinto —ubicado en el número 520 del bulevar Jesús Valdez Sánchez—, con una plataforma giratoria que sus momentos sirvió para destacar escenas, jugar con los cambios en la línea temporal y los intercambios entre ambos personajes.

Además de ofrecer una propuesta de iluminación eficaz, en la escenografía se decanta por una presentación mínima, donde solo un par de mesas y taburetes están disponibles para servir como tales o como distintas piezas de utilería a través de la imaginación del espectador, con el vestuario de los actores también en escena, para cambios rápidos, que a veces pueden llegar a distraer, pero nada que te termine sacando de la acción.

Mientras que los músicos en vivo, ocultos tras el telon y bajo la dirección de Andrés Hernández, hacen su trabajo sin robar protagonismos y, en general, todos los elementos de la obra se equilibran para llevar al espectador por este viaje agridulce.

Con todas las medidas

Sin confiarse en el semáforo amarillo de Coahuila, Cuarta Pared se mostró riguroso en la implementación de medidas sanitarias desde el ingreso hasta la salida del espectáculo, para otorgarle a los asistentes un entorno seguro para poder disfrutar del teatro.

La entrada al recinto fue ordenada, con una fila en la que se evitó en todo momento que las personas se aglomeraran, y ya dentro, el espacio que puede albergar a más de 300 personas, recibió a casi un tercio de estas, distribuidas entre las diferentes áreas y con la adecuada distancia. En taquilla se tomó la temperatura y en cada acceso miembros del staff dieron gel antibacterial.

Durante la función se les solicitó a los presentes no quitarse el cubrebocas en ningún momento y, para quienes así lo desearon, se les prestaron caretas —las cuales se desinfectan antes y después de cada uso— que regresaron al finalizar la obra.

Asimismo, al terminar la función el desalojo de la sala fue paulatino, de nuevo para evitar aglomeraciones, y se les solicitó no permanecer cerca de la entrada del recinto con el mismo objetivo.