Se ha dicho en más de una ocasión y en diversos tonos: es aconsejable que, en la lucha contra la delincuencia, los gobiernos sean sobrios en el manejo de las estadísticas y, sobre todo, en el hecho de “festejar” el haber librado la batalla final en esta lucha y obtenido en ella una victoria inobjetable.

Y no se trata de no reconocer los avances que se logren o de restar importancia al hecho de que la ciudadanía vaya recuperando paulatinamente la tranquilidad y ello se refleje en la posibilidad de que todos volvamos a ocupar las calles de nuestras ciudades.

Se trata más bien de llamar la atención en torno a un hecho concreto y particularmente relevante en la lucha que el Estado debe librar en forma permanente en contra de quienes han decidido hacer de la ilegalidad un estilo de vida: la criminalidad es una hidra de mil cabezas que difícilmente es derrotada de una vez y para siempre.

El comentario viene al caso a propósito del reporte que publicamos en esta edición, relativo al macabro “mensaje navideño” que la delincuencia habría enviado a las autoridades locales, estatales y federales, desde la fronteriza Ciudad de Piedras Negras, en donde ayer se localizaron tres cadáveres decapitados.

De acuerdo con versiones recogidas en las horas posteriores al hallazgo, junto a la cabeza de uno de los cuerpos decapitados habría sido localizado un mensaje dirigido a las autoridades.

¿Cuál es el contenido de dicho mensaje? Hasta el cierre de esta edición no se conocía la redacción, pero no es necesario forzar demasiado la imaginación para plantear una hipótesis que bien puede coincidir con la realidad: se trata de un mensaje de desafío.

Sin duda, el o los grupos criminales que se encuentran detrás de estas ejecuciones quieren dejar claro que no han sido derrotados, que continúan ejerciendo control sobre los territorios en los cuales realizan sus operaciones ilegales y que la ofensiva gubernamental no les amedrenta.

Difícilmente puede haber un contenido distinto en las posiciones asumidas por el crimen organizado pues, al menos de las evidencias con las cuales se cuenta hasta ahora,  parece claro que no existe una agenda política detrás de las actividades delictivas que se registran en la entidad.

¿Cómo debe responder el Gobierno frente a estas manifestaciones? Exactamente en la misma forma en la cual ha respondido siempre: refrendando su compromiso con el estado de derecho, con el respeto a los derechos humanos y con la recuperación del control de las calles de nuestras ciudades.

No hace falta nada más, pues igual que ocurre en otras áreas de la vida pública, el de la delincuencia es un problema que no se resolverá por decreto ni a base de discursos, no importa el tono que se use para pronunciarlos, ni la cantidad de veces que estos se repitan.