La semana pasada platicaba con una chica de 14 años que sus papás la refirieron con un servidor porque la descubrieron mandando su pack o sexting (imágenes y videos sin ropa) a su exnovio de 13 años. Al preguntarle el porqué, me contestó: “Maestro, este chico fue nuevo en la secundaria y desde que lo conocí me cayó muy bien. Es un muchacho muy culto, lee mucho y es buen deportista. Después de conocerlo por tres meses, me escribe en el WhatsApp ‘me gustas’. Al principio no supe qué contestarle, me sentí especial y única, y le contesté ‘tú también me gustas’. Y así empezó nuestro noviazgo en secreto, ya que nuestros padres no lo querían porque éramos pequeños. Después de algunas semanas me empezó a decir que le gustaba mucho y si le mandaba algunas fotos. Así lo hice, pero después me pidió fotos y videos con un tono más subido, y así lo hice porque me hacía sentir especial y porque le gustaba mucho. Hasta que mis padres me descubrieron y todo se acabó”. Al preguntarle por qué envió su pack a un chico y su respuesta fue muy simple: “Porque me dijo que le gustaba mucho”.

El like es quizás la palabra más poderosa de estos chicos adolescentes y es el motivo más importante que empuja sus vidas. Esta semana, después de una conferencia, una mamá me enseñó el WhatsApp que le envió su hija de 14 años: “¿Cuántos likes quieres que reciba del video que subí al Tik Tok para que me des permiso de ir al concierto?”. Mi pregunta es: ¿Por qué estos chicos depositan su felicidad en la aceptación o reconocimiento de las redes sociales y no en su persona o el esfuerzo invertido en la tarea?

El Dr. Mitch Prinstein, director de Psicología Clínica de la Universidad de Carolina del Norte, publicó en el año 2017 su libro “Popular” donde afirma que el elemento más importante que predice la felicidad de los adolescentes hoy no es su alta inteligencia, ni un ambiente familiar estable, ni su equilibrio psicológico o relaciones saludables con sus padres y amigos, sino su popularidad. En otras palabras, cuantos likes o palabras “me gusta” sean plasmadas en sus redes sociales.

Su ego frágil hace una dependencia tóxica hacia la opinión y aceptación de los demás. Quieren llenar sus vacíos emocionales de aceptación: la mirada crítica e inmadura de sus seguidores. Muchos de los adolescentes ponen en peligro su vida e integridad posteando retos irracionales o fotos y videos que ponen en riesgo su integridad emocional y psicológica con el objetivo de ser más “populares” o tener más likes. Una mamá me comentaba que su hija de 13 años tuvo que ser tratada por un terapeuta ya que tuvo un cuadro de ansiedad muy fuerte porque solamente obtuvo un like de un video que subió al Tik Tok.

Hagamos conciencia a nuestros hijos que el valor de la persona está en su interior y no en la opinión, y menos en los likes que espera recibir de los demás. Los chicos están tomando muy malas decisiones y todo por buscar la aceptación de sus seguidores. El valor está en lo que somos y no en un like.

@DrJesusAmaya

jesus.amaya@udem.edu