Ilustración: Vanguardia/Esmirna Barrera

El relato es muy conocido, pero es más que una mera anécdota. Tras 40 meses de suspensión de pagos de Altos Hornos de México –que desde la década de los años 50 ha sido el principal motor de la economía de la Región Centro de Coahuila–, Alonso Ancira Elizondo, propietario de la siderúrgica mexicana, vivía en Israel.

En 2004, recorría la geografía bíblica para evitar una orden de captura promovida por la Secretaría de Hacienda de México por presunto fraude fiscal. En la carretera, en pleno desierto de Neguev, notó una estructura oxidada y preguntó qué era aquello.

“Son las minas del rey Salomón”, le dijeron. Y la información era correcta. Era el Valle de Arava, el lugar donde hace 8 mil años, los egipcios explotaron las primeras minas de cobre de la historia.

El empresario mexicano consiguió la concesión de las autoridades israelíes para extraer cobre, porque la paraestatal que hacía ese trabajo dejó de hacerlo años antes.

Ya con la mina de Israel en operación, Ancira Elizondo se preparó para regresar a Monclova y relanzar la producción de AHMSA, invirtiendo en la modernización de su equipo y desarrollando nuevos productos. A esos esfuerzos se le denominó Proyecto Fénix.

Al interior de la siderúrgica coahuilense surgió el convencimiento de que para generar las utilidades necesarias que les permitieran salir de la suspensión de pagos debía ofrecerse al mercado del acero internacional, metales especiales, no los productos comunes.

Así, por ejemplo, se abasteció con acero sobre pedido, a la industria militar mexicana que construye barcos para la vigilancia del mar territorial.

La producción y venta de aceros especiales para distintos sectores de la industria, hicieron otra vez competitiva a la siderúrgica.

No obstante, en 2018, de manera inesperada, el presidente Donald Trump le declaró la “guerra comercial” prácticamente al mundo entero. En México, el cobro de aranceles al 25 por ciento al acero y al aluminio puso en riesgo la ratificación del T-MEC con Estados Unidos y Canadá.

Y es que el trato de Trump a sus socios comerciales era muy poco amable, por decir lo menos.

Ahora que las baterías estadounidenses en esta guerra comercial se han concentrado en China, Estados Unidos retiró lo aranceles al acero mexicano y canadiense, lo que es más que una bocanada de aire fresco para AHMSA. Ojalá otras regiones de Coahuila también se beneficien.