El escritor y periodista lanzó su más reciente libro ‘La vida alegre’, una novela sobre la cultura pop, la nostalgia por las viejas glorias y la búsqueda de una segunda oportunidad en el contexto latino

Entre géneros musicales que haya rivalidades, más aún si a estos los separan las generaciones. Pero en “La vida alegre” (Alfaguara, 2020) de Daniel Centeno Maldonado sus protagonistas, un veterano del bolero y un joven rockero frustrado, entrarán el punto medio para perseguir un alocado proyecto.

En entrevista con VANGUARDIA el escritor venezolano declaró que este obra tiene su influencia en distintos aspectos de su vida, desde el contexto latinoamericano en que creció hasta su amor por la cultura pop y cómo consume los productos artísticos.

“Cuando crecí, cuando era más joven, me gustaba más el rock que el bolero y todo eso, porque los consideraba la música de mis padres y uno anda en plan rebelde y no se siente identificado con eso ni nada y conforme te haces mayor te das cuenta que esa música es buenísima”, expresó el autor.

Más o menos esta es la diferencia entre los personajes principales, Dalio y Poli, quienes desde sus diferentes escenas encontrarán puntos en común y entre situaciones cómicas pero ancladas en la realidad de Venezuela, donde el humor es un bálsamo para el horror, es que se desarrolla esta historia, a la vez empapada de la cultura pop.

Centeno señaló que este punto no siempre se refleja en su trabajo de manera consciente, pero su presencia es innegable, pues “siempre me interesó escribir sobre música, sobre cine y sobre literatura y yo la verdad consumo todo”, dijo.

“A mí me gusta leerme un libro de un escritor de un escritor clásico, así que tú digas wow, como una novela gráfica, una buena novela gráfica. O puedo ver una películas de Orson Welles, o de Kurosawa y pasado mañana estoy viendo Iron-Man. Creo que lo importante es saber cuando estás consumiendo mierda y cuando estás consumiendo algo bueno, no tener vergüenza en disfrutar ambas cosas pero tener claro cuando es una y cuando es otra”, agregó.

Por lo mismo, la inspiración para el personaje de Dalio, el veterano del bolero, se inspiró el artista de este género Daniel Santos, aunque utilizó la versión más avejentada de él, mientras que para Poli tomó como referencia su propia adolescencia, y aunque el personaje es más adulto a final de cuentas resultó útil para tal propósito.

“El carro en que se mueve no podía ser más icónico y pop de nuestros países, que es el vocho, está en todos lados. Uno tiene una idea más o menos formada de lo que vas a escribir pero cuando terminas cada jornada de escritura, que en mi caso son bastante impredecibles, no dura lo mismo ni la producción es igual, pero cuando ya relees o incluso cuando terminas dices de dónde está saliendo todo esto si no lo había pensado”, comentó.

 

Y así como ha sido señalado en otros de sus trabajos literarios, el humor es parte importante de la experiencia lectora, fenómeno que, reconoce, “no sé si es una bendición o un maldición. Simplemente recordaba anécdotas, cómo reaccionó tal persona a esa situación y la gente se reía. Yo soy un tipo sin talento que me los estoy copiando”.

En cuanto a la cuestión de cómo sería para un mexicano o alguien fuera de Venezuela el darle lectura a este libro, ambientado en el país Sudamericano casi en su totalidad —el primer capítulo sucede en México— señaló que “yo me hice esa pregunta cuando entregué el manuscrito yo no sabía si se me había ido la mano. Los escritores y novelas que se circunscriben a una sola parte del mundo y de ahí el que entendió entendió y el que no se friega, entonces yo quería por lo menos emular a la gente que yo admiro, que ha escrito desde su identidad pero al mismo tiempo siendo universal sin traicionarse”.

En este sentido mencionó a autores como Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, quienes han escrito desde su identidad y a la vez lograron ser universales, aunque también está consciente que “una cosa es que tú lo quieres hacer y otra es que te salga”.

Sin embargo, también señaló que tiene una relación estrecha con México, no solo por las ocasiones que ha tenido de colaborar con profesionales del país, sino que incluso su hermano es docente en Coahuila y a trabajado con miembros del equipo de este medio, sin mencionar lo que considera como una influencia cultural por parte de México al sur de América.

“Creo que en el fondo nos parecemos mucho más a ustedes de lo que piensan, los mexicanos. Porque nos han dado la educación sentimental a todos nosotros. México es un país gigante y ha producido cultura, hablando de las rancheras, los boleros, corridos, todo eso ha llegado a Latinoamérica y nosotros lo hemos hecho nuestro”, concluyó, “todo el cine de oro, Tintán, ese hombre creció en Ciudad Juárez, es la figura del Pachuco, pero cuando ves su personaje, la picarez y las cosas que hace son completamente reconocidas en el Caribe. Imagínate tú, mi generación y la generación anterior a la mía nos sabíamos la canción del oso Balú de Disney”.