Los días huelen ya a Semana Santa.

Ya nadie llama así a esa semana. Sucede con ella lo que Chava Flores Guerrero decía que pasaba con el puerto de San Blas: en tiempos vacacionales se llamaba solamente Blas.

Antes había santidad en los días santos. A veces, claro, esa santidad no se entendía bien. A los 14 años tenía yo un programa de música clásica en la emisora saltillense XEDE, de don Alberto Jaubert, generosísimo señor que me permitió trabajar en su estación a esa edad. El jueves y viernes de la Semana Santa todos salían de vacaciones, menos yo. Esos días se debía trasmitir exclusivamente música clásica, y tal era mi especialidad. Un viernes santo, a las 3 de la tarde en punto, puse el poco luctuoso y nada religioso Can Can de “Orfeo en los infiernos”, de Offenbach. Música clásica es música clásica.

Desde luego ahora pienso que todos los días son santos. Cada uno de ellos es don divino que se ha de agradecer. También nosotros hemos de santificarlos con el trabajo y haciendo algo de bien para corresponder al que cada nuevo día recibimos.

¡Hasta mañana!...