Llegó el huracán Hanna y todo se llevó a su paso... también nuestras ilusiones, esperanzas

Días negros sobre el mundo y más sobre nuestro País. Días negros y grises sobre el Norte de México. Llueve sobre mojado. Es literal. Sin metáfora de por medio. Mientras tratamos de sobrevivir a la mordedura del virus chino, las autoridades políticas y de salud del País, Andrés Manuel López Obrador y san Hugo López-Gatell, nos piden suicidio: salir a la calle porque la pandemia comienza a “desacelerarse”. Ya no importa el bicho ni las vidas humanas (en el corte de los días del 12 al 26 de julio, por ejemplo, hubo un “exceso de mortalidad”. 55 por ciento más de lo esperado), importa la economía. Voy de acuerdo en parte, todos necesitamos comer, vivir, calidad de vida, existir.

Pero el Gobierno desde el inicio de la pandemia no supo ni pudo realizar las tareas pertinentes de prevención, cortar las cadenas de trasmisión y prepararse para lo inevitable. No hay tal curva aplanada de contagios. Todo mundo sale a la calle como si fuese fiesta y carnaval. Los contagios siguen, las muertes se huelen en el ambiente. Nos piden salir a suicidarnos a la calle las autoridades federales. Ya no hay contención del bicho. Nuevo León, de plano, está volviendo a confinarse. Estar aislados. Su sociedad ya no puede más. No hacen caso ni van hacer caso. No hay barrera de contención; al momento de escribir la presente nota, los vecinos regios rondan el 63 por ciento de ocupación de camas en estado crítico (terapia intensiva). Un descalabro.

Es irresponsable invitar a salir a todo mundo. No estoy de acuerdo con todas las medidas puestas en práctica por Miguel Ángel Riquelme (gobernador), Manolo Jiménez (alcalde de Saltillo) y Chema Morales (alcalde de Ramos Arizpe) para contener la pandemia en la región; no estoy de acuerdo, pero las acato como ciudadano responsable y miembro de una comunidad saltillense y coahuilense de respeto, orden y educación. No estoy de acuerdo con muchas de las medidas, pero las prefiero. Con hilos y alfileres, pero eso ha servido para tener al bicho a raya y que la ciudad y la región caminen en libertad. Los toques de queda en muchas ciudades de México fueron anticonstitucionales. Pero fueron aceptados por todo mundo. La libertad hoy se cambia por un celular “inteligente” y una conexión a Internet. Ya no se intercambia por un plato de lentejas bíblico. La libertad a pocos interesa.

Lea un fragmento de un gran creador, Aldous Huxley: “…hasta hace muy poco tiempo se creía universalmente que el mal tiempo, las enfermedades del ganado y la impotencia sexual podían ser causados… por los malévolos manejos de los magos…”. Magos, demonios, seres alados, fuerzas oscuras del averno y la maldad. Nuestras mentes primarias y sencillas así lo creían. Así mucha gente lo cree aún. Por eso Moisés así lo recomendaba: “No permitirás que una bruja viva”. Ya no se queman brujas, ahora se queman, se agreden y se amenaza a médicos y enfermeras. La ignorancia es la misma de siempre. No hemos avanzado un ápice desde la Edad Media, supuestamente oscura y sin posibilidad de abrir las cortinas de la inteligencia. Hoy es peor.

ESQUINA-BAJAN

Llueve sobre mojado. Aquí en el Norte llovió sobre mojado. Literal. Llegó el huracán Hanna y todo se llevó a su paso. Muebles, edificios, autos, pavimento, hogares completos. Se llevó también nuestras ilusiones, esperanzas de mejorar dentro del huracán y ciclón llamado pandemia. Hanna se llevó vidas humanas en Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila. Deslaves, derrumbes, inundaciones. Fueron poco más de 28 horas de lluvia constante. 28 horas de una riada de lluvia. En ocasiones, fuerte, feroz, un oleaje y marejada continúa. A ratos, una lluvia menuda, fina, imbatible, la cual mojaba no sólo nuestras casas, sino que la humedad empezó a penetrar y anidar entre nuestra piel y el esqueleto.

¿Cuánto pesa una camioneta ocho cilindros, Ford antigua? ¿Cuánto pesan en total 10 seres humanos que viajaban en ella? ¿Cuánta dureza tiene el pavimento? ¿Cómo mover un cerro, un alto monte? ¿Cuánto pesa y cuanta dureza tiene un edificio o casa de hormigón, cemento y hierro corrugado? ¿Usted con qué o dónde se siente más seguro: en su casa de cemento y varilla, se siente seguro con su cuenta de cheques, se siente seguro y a salvo en su auto de buen modelo? Contra una riada de lluvia no hay defensa alguna. Con 28 horas de goteo de la naturaleza todo se pudre y todo se va al caño de los recuerdos. Hasta la vida. Fue desgraciadamente lo que sucedió en los límites de Ramos Arizpe y Saltillo cuando, en el arroyo “El Saucillo”, las aguas tempestuosas arrastraron a una camioneta y a sus 10 ocupantes. Desgraciadamente hubo tres muertos.

Contra la naturaleza no hay defensa. Un metro de agua puede hacer añicos un cerro, puede elevar y desplazar cualquier auto y no hay puerta de residencia alguna que se le resista. Otra: el agua tiene memoria. Va a pasar por los mismos cauces y vertederos por siempre. ¿Usted tiene allí su residencia? La riada de agua se la va a llevar. Hoy o mañana. El poder del agua es bíblico. Amén de pensar usted inmediatamente en el universal diluvio, hay una guerra la cual lo deletrea y ejemplifica perfectamente. Una vez, David salió a luchar contra un enemigo poderoso y fuerte, los filisteos. Dios le dijo a David que ni se preocupara, él estaría con ellos y le daría la victoria. Dios siempre cumple lo que promete. Les dio una gran victoria y David así lo dice en 1a Crónicas: “Dios rompió mis enemigos por mi mano, como se rompen las aguas”. Aquel lugar fue llamado “Baal-perazim”, “El Señor que quebranta”. ¿Lo ve? David comparó el poder de Dios con el poder de las aguas, una riada de agua la cual rompe todo, lo quebranta todo, lo arrastra todo y no, no se puede contener.

LETRAS MINÚSCULAS

“No puede llover todo el tiempo…”, verso de

una rola de Jane Siberry en la película de culto “El Cuervo”, con Brandon Lee.