El problema de la corrupción se encuentra enclavado en un entorno preocupantemente subjetivo, agravado por la participación de agentes civiles y públicos, la clandestinidad de su comisión, los índices de omisión en la denuncia, las fuentes de información falsa, la sensación colectiva provocada y el criterio de la percepción como una constante en su medición; haciendo imposible el dimensionar con precisión objetiva el problema y provocando, en consecuencia, que los esfuerzos de la sociedad civil organizada y del gobierno, al abordar este terrible problema, no resulten suficientes para lograr los resultados necesarios, alejándonos del estado de derecho que demandamos.

Motivo de lo anterior, en materia de combate a la corrupción nos encontramos con una arista más, que consiste en que muchos mexicanos lo consideran un asunto exclusivo del gobierno, hecho que quedó en evidencia con los resultados arrojados por la Encuesta Nacional de Impacto y Calidad Gubernamental, realizada por el INEGI en el año 2015, de la cual se depende que el 43 por ciento de los encuestados percibe que sus familiares nunca son corruptos, el 38 por ciento percibe que sus vecinos nunca son corruptos, mientras que el 20 por ciento percibe que sus compañeros de trabajo nunca son corruptos; así́ pues, un sector considerable de la población entiende que la corrupción y su combate no le vincula y no exige su intervención.

Ante ese escenario debemos considerar nuestro pensar y actuar, ya que no podemos seguir dejándolo en manos de unos cuantos y continuar comportarnos como simples espectadores, no podemos seguir callando, ni justificando bajo los argumentos de la necesidad, la ocasión o los actos de viveza; no podemos condenarnos con el estigma de que la corrupción es un mal cultural y sentarnos a esperar el apocalipsis que termine de tajo con todo esto.

Debemos de una vez por todas tomar la iniciativa, reconocernos como parte del problema y como esencial en la solución del mismo, actuar de manera responsable, comportarnos como titulares de la patria haciendo sociedad activa y cumpliendo con lo que nos corresponde: denunciando firme y formalmente, cuestionando respetuosamente y participando efectivamente.

Debe existir la convicción de que es posible acabar con la corrupción, sus últimos días los vamos a contar nosotros a partir del día en que asumamos con la potestad que nos corresponde, comprometámonos realmente con nosotros y con nuestra patria, demostremos de manera contundente que verdaderamente nosotros tenemos el poder.

 

Aldo Torres

Coordinación de Nivel Superior Universidad Carolina

@torresmunguia1

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