¿Qué pretendieron los pasados gobiernos neoliberales con la histórica empresa paraestatal que sostuvo el gasto público desde la década de los años cuarenta del siglo pasado? ¿Por qué las calificadoras internacionales por muchos años no se pronunciaron ni dieron su calificación al respecto?

Hoy la situación financiera de Pemex es delicada, herencia financiera muy pesada para el actual Gobierno Federal: de 2013 a 2018 la deuda neta creció de 841 mil millones de pesos a 2 billones 82 mil millones de pesos. Para este año 2019 se atenderán vencimientos de 8 mil 900 millones de dólares.

Según datos oficiales, en este sexenio el Gobierno deberá pagar 52 mil 600 millones de dólares de la deuda petrolera. Aun así, se informa que al primer trimestre de 2019 se pagaron 18 mil millones de pesos (alrededor de 938 millones de dólares), pero con incremento de inversión directa de 33.5%.

Se deberán hacer malabares con el gasto federal y con las finanzas de la empresa de petróleo más endeudada del mundo, lo que deberá acompañarse con elevación de producción de crudo y posibles incrementos en producción de diésel y gasolinas en las refinerías, que actualmente están entre un 35 por ciento del promedio de su capacidad productiva.

De ahí lo positivo de la reciente negociación del fondo revolvente por 8 mil millones de dólares (refinanciamiento de 2 mil 500 millones de dólares y renovación de dos líneas de crédito por 5 mil 500 millones de dólares, con tres a cinco años de plazo, con tasa de 4.85%), en acuerdo con las instituciones financieras internacionales HSBC, JP Morgan y Mizuho Securities. En caso de problemas en los compromisos de deuda, se acudiría a dichos fondos. ¿Las calificadoras internacionales elevarán la confianza en la deuda soberana de Pemex o la condenarán con sus oráculos de chantaje?

En los años de 2000 a 2008, cuando el precio de la mezcla mexicana superaba los 80 dólares por barril los ingresos extraordinarios fueron alrededor de un billón 300 mil millones de pesos, ¿y a dónde fueron a parar?, aparte de alguna participación a gobiernos de los estados (cuya aplicación es dudosa). Al menos 90 de cada 100 pesos se aplicaron en gasto corriente improductivo del Gobierno Federal, mientras tanto caía la producción de crudo y las refinerías reducían la producción de diésel y gasolinas… bonito asunto panista.

Además, según datos de la paraestatal, aun con la caída de precios internacionales del petróleo, en el sexenio de Peña Nieto la deuda de Pemex creció en 17.2% en promedio anual, ¡con crecimiento neto de 60%!

Muchas dudas sobre el manejo de la paraestatal por parte de los pasados gobiernos de derecha, ¿realmente fue ineficiencia y desaciertos?, ¿puede existir tanta estulticia en economistas neoclásicos itamitas y chicostec?, ¿por qué las calificadoras internacionales no emitieron su calificación negativa?, ¿serían instrucciones desde el extranjero?

Aparte de monumentales errores neoliberales, al analizar los resultados, más bien se observa que el destino de Pemex era su cierre y liquidación en el menor tiempo posible, como objetivo su desaparición total, porque no se utilizó el petróleo como recurso natural estratégico para favorecer a la sociedad mexicana.

Por otro lado, al declararse desierta la licitación, en una posición soberana y nacionalista, el Gobierno Federal enfrenta el gran desafío de la construcción de la refinería en Dos Bocas, Tabasco, con un costo de 8 mil millones de dólares, como una de las estrategias para rescatar a la paraestatal. El Instituto Mexicano del Petróleo, Pemex y la Secretaría de Energía se encargarán del proyecto.

Las implacables críticas no se hicieron esperar en la mayoría de los medios de comunicación y de los “especialistas calificados”, afirmando con burla que la decisión soberana es una “necedad”, pero siempre será mejor una visión patriótica que las frivolidades, veleidades y ligerezas de los gobiernos neoliberales.