La globalización transformó la forma de vender y comprar. La apertura de las fronteras comerciales permitió reducir los costos de producción, hacer negocios con mayor facilidad e impulsó la competitividad y crecimiento de las economías. Hizo posible la expansión del mercado al mundo entero, y el comercio creció exponencialmente gracias a las tecnologías aplicadas a la comunicación y el transporte. 

Los productos que usamos en la vida cotidiana seguramente pasaron por varios países antes de llegar a nuestra mano. La materia prima proviene de un país, que se trasladó a otro para ser manufacturado, luego a otro para ser envasado y etiquetado, después se transporta a las grandes tiendas donde los compramos. Aunado a esto, el internet revoluciona la facilidad de comprar. Ahora podemos adquirir un producto por más lejano que esté, haciendo el pedido desde el celular y máximo en tres días, llega a la puerta de tu casa. 

Todos estos cambios generan beneficios; pero también impactan en la cultura, en nuestros gustos y preferencias, y en la forma y cantidad en la que compramos. El consumismo es una característica intrínseca de la sociedad actual. Esto sin duda alguna, aumenta los costos ambientales del comercio y deja una huella ecológica mayor en nuestro planeta. 

En esta era de consumismo, debemos tomar conciencia de nuestras decisiones y saber el impacto que genera nuestra compra, en términos económicos y ambientales. 

Preferir productos locales reduce la cantidad de recursos, combustible, logística de transporte, energía y residuos por embalaje y empaque. Y aunque parezca sencillo, esto tiene un impacto de gran magnitud en el cuidado de la naturaleza. Además, genera beneficios en la economía de pequeños y medianos productores de la localidad, lo que impulsa las ideas creativas y los negocios emprendedores, su competitividad y calidad. Incluso el preferir local rescata tradiciones, oficios y cultura de nuestra sociedad. 

Si bien es cierto que los precios de los productos globales son más bajos que los locales, los costos sociales y ambientales inmersos no se reflejan en el precio de venta, los asumimos todos con consecuencias globales como el cambio climático y la gran cantidad de residuos generados. 

No se trata de desprestigiar los productos globales o negarse en una totalidad a su consumo, si no de tomar conciencia sobre las verdaderas necesidades que tenemos y lo que hay detrás de nuestras decisiones al comprar. 

Para crear una conciencia ambiental de tu consumo, lee las etiquetas, infórmate sobre lo que compras, de dónde viene, qué contiene y visualiza los costos ambientales que implicó tenerlo en tus manos. Decide consciente. 

Gabriela De Valle
Reconexión Natural