Durante la segunda guerra mundial los países latinoamericanos abastecieron de materias primas y manufacturas a los países en conflicto, lo que permitió una relativa dinámica economía; posterior al conflicto, en la reconstrucción de Europa, Japón y parte del lejano oriente, con el plan Marshall recursos públicos de EU se invirtieron lo que permitió el crecimiento y, entre otros factores, el posicionamiento económico del vecino país.

Por lo anterior, y por la necesidad de industrialización del País, se instrumentó en México y la mayor parte de países del mundo, una política económica de protección tanto de la incipiente planta industrial como para el impulso de nuevas inversiones por parte de las burguesías locales.

El proteccionismo se presentó con barreras y límites a las importaciones, con aranceles, cuotas y nacionalización de recursos naturales e industrias estratégicas que apoyaran la industrialización y el crecimiento.

En la segunda mitad del siglo XX el modelo de sustitución de importaciones fue necesario en su momento histórico y, aún con un capitalismo tardío y dependiente, permitió la incursión de los países atrasados al capitalismo como un sistema económico de competencia.

En los países centrales, eventualmente los descubrimientos científicos para la guerra se aplicaron a los procesos de producción y a la generación de mercancías innovadoras, así en las décadas de los cincuenta y sesenta abastecieron sus mercados y, aun con barreras comerciales, accedieron a los de los países subdesarrollados.

El efecto fue enormes excedentes tanto financieros como de producción, con sobre oferta y exceso de liquidez financiera, so pena del desequilibrio económico. Así para la colocación de dichos excedentes se hizo necesaria la expansión del capital sin restricciones a escala mundial.

La estrategia de reposicionamiento de los países desarrollados ante economías protegidas fue tanto económica pero sobre todo política y aquí hacen su ingreso los organismos financieros multinacionales: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, el primero como fondo de financiamiento para el crecimiento y el segundo como fondo de desarrollo.

Fue la crisis de la deuda externa ante el incremento de tasas de interés internacionales –por exceso de liquidez en los países centrales- como la caída de los precios de materias primas lo que en los años ochenta obligó a las renegociaciones de pago de los compromisos de crédito que ahogaban a los países periféricos como el nuestro, con salida de capitales, depreciación, inflación, altas tasas de interés… crisis económica.

Como intermediario entre acreedores y deudores, en esa década de los ochenta el FMI impuso políticamente las “Cartas de Intención”, en las que se aplicaron reformas que modificaron el modelo de proteccionismo económico a otro, el actual, de liberación económica y financiera: contención salarial, desregulación, venta de empresas paraestatales, reducción del gasto público y, por supuesto, disminución arancelaria y eliminación de cuotas de importación. En México este proceso aún hoy continúa con la privatización del petróleo y su cadena productiva y la energía eléctrica.

Es este contexto en que se inician las pláticas y negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte como intento de “proteccionismo multinacional”, como en la Unión Europea.

La colocación de excedentes no sólo se centró en mercancías y bienes de capital (maquinaria y equipo), sino también en inversión directa en espacios con menores costos de producción, sobre todo en salarios reducidos. 

China desde los años ochenta y Rusia en su reconstrucción en este siglo entran en este proceso, pero con la diferencia de que fue y es el Estado el orientador del proceso de ingreso en la globalización económica, no sólo el libre mercado, y ahora son protagonistas indiscutibles en la economía mundial.

Al tiempo, en los países desarrollados la liberalización tuvo su efecto negativo en inversión directa, déficits comerciales, inmigración laboral con menos costos de producción y por tanto reducción del empleo y el ingreso agregado. Por esas consecuencias económicas, entre otros factores, ganó la presidencia Trump y los ganan el poder político los populismos de derecha en Europa.

¿Cómo contener los efectos naturales nocivos en el empleo y el bienestar en las clases media y baja en los países desarrollados? En EU la respuesta es el proteccionismo arancelario y barreras de importación para promover la producción interna, generar empleo y fortalecer el mercado interno. ¿Guerra comercial o respuesta económica desesperada y política urgente?  La globalización económica naturalmente genera efectos negativos ¿la derecha no lo comprende?