¿Qué pensaría un torreonense al enterarse que Saltillo es la segunda mejor ciudad para vivir en México, mientras Torreón ocupa el lugar 19? (GCE: 28-08-2015).

¿Qué sentiría al conocer que Saltillo, en el 2015, ocupa el primer lugar en el índice de las ciudades competitivas y sustentables, con un población mayor de 500 mil a un millón de habitantes? 

La Laguna (Torreón, Gómez Palacio y Lerdo) aparece en el lugar 10 de la categoría con más de un millón de habitantes.(Banamex, Imco, Centro Mario Molina, Banobras, Infonavit, Sedatu, Sener, Semarnat y Consejo Coordinador Empresarial: 21-10-2015). 

¿Cuál sería la respuesta de ese torreonense a estas preguntas? ¿Ondear su regionalismo a ultranza y culpar a ese gobierno centralista que sin escrúpulos favorece a Saltillo? O, ¿reforzar su sospecha de que existe una conspiración contra Torreón desde la capital? 

Es cierto: Entre Saltillo y Torreón existe una asimetría de poder que tiende a favorecer a la capital en un sentido político y económico. Nada fuera de lo común. El centralismo ocurre entre el DF y los estados; las capitales estatales y los municipios, y los municipios más fuertes y más débiles. 

Empero: ¿Qué hemos hecho los torreonenses para disminuir o revertir esa asimetría de poder con Saltillo? Claro, además de desahogarnos en críticas estériles o generar conspiraciones inexistentes que niegan toda posibilidad de autocrítica.

¿Tenemos un empresariado unificado, en torno a una visión del Torreón futuro que aspiramos construir? ¿Tenemos una Iglesia Católica comprometida con esa misma visión?¿Tenemos una ciudadanía capaz de castigar con su voto a los malos gobernantes?¿Están las Organizaciones de la Sociedad Civil -fuera de mecenazgo corporativo alguno-, dispuestas a articular esfuerzos para alinearse a esa visión? ¿Apuntalan ese propósito los medios de comunicación y los centros educativos torreonenses? 

¿Qué le falta a Torreón? Fortalecer su capacidad de negociación y de exigencia para reducir al máximo la asimetría del poder existente con Saltillo. 

Esto no se logra con críticas o “sospechosismos”. Este es el resultado de una sociedad torreonense autocrítica y unificada en torno a una visión de futuro compartida.

Misma, que no podrá ser reemplazada, ni siquiera, con un Gobernador torreonense. 

Eso, es lo que le falta a Torreón.