Los males del corazón, del cerebro y del alma se agravan. Dichos males nunca se han ido del todo. Hoy hay un “rebrote”, para decirlo en la terminología médica y sanitaria huera la cual se está usando para medir el temible impacto del coronavirus y sus olas de terror en el mundo. La tristeza nunca se ha ido. Los seres humanos no tienen esperanza alguna de mejorar. No hay institución que los atienda. No hay trabajo, empleo digno a la vista. No hay dinero, sino hambre. Las relaciones personales, familiares y aún, las relaciones vecinales y de amistades de compadrazgo, se han volatilizado. Se perdieron con la llegada del bacilo chino. ¿Invocar a Dios cuando la vida muerde en la ventana? Ni pensarlo. Dios sirve para dar gracias por los placeres y felicidades recibidas, no sirve para quejarnos ni pedir ayuda divina.

¿Qué hacer? Pues lo que miles, millones de seres humanos hacen en el mundo: suicidarse. Tomar la decisión en mano propia y abandonar este árido desierto de sombras. Semana negra la del 13 al 19 de septiembre pasado. Al menos, un suicidio, diario. Luego, la infausta cereza del pastel: tres colgados en 14 horas en el transcurro del día sábado 19. Las edades fluctúan, pero se advierte ahora, de una mayor incidencia en personas mayores de edad. Esos llamados ancianos, los cuales muestran las huellas de la vida. Al momento de redactar la presente nota, van 76 suicidas en la región sureste. El secretario de Salud, Roberto Bernal, ni enterado. Siempre lo he sostenido y lo he dejado escrito reiteradamente: en este funcionario lagunero, el gobernador Miguel Ángel Riquelme tiene un pésimo colaborador. Los costos humanos reclaman acusadores.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha advertido ya reiteradamente: los cambios de hábitos por la llegada inesperada de la pandemia de COVID-19, va a traer afectaciones graves en corto y mediano plazo, en la salud física y mental de la población, especialmente en niños y ancianos. De acuerdo con la OMS, 40% de la población mundial duerme mal y con trastornos del sueño, hoy se vive de tiempo completo con ese demonio llamado insomnio. La Academia Mexicana de Medicina de Dormir, alerta con las siguientes cifras: poco más de 40% de la población de México, experimentan serias dificultades para descansar y dormir. 13 millones de mexicanos padecen insomnio. Esta estadística por cierto, habla de mí. Tengo años padeciendo a esta fiera carnicera en mis entrañas.

La falta de descanso, sueño reparador y la llegad del temible insomnio, conducen a la angustia y al miedo; luego llegaran los monstruos nocturnos, los pensamientos letales. Desgraciadamente para muchos, estos pensamientos –imaginar su propia muerte– de tanto manosearlos, se harán realidad cuando se decida hacerlo. No es salir por puerta falsa alguna, paparruchas, es tomar la vida y decidir sobre ella. ¿Quién es uno para juzgar la vida de seres tan atormentados y padeciendo tanto y tanto dolor en el alma?

ESQUINA-BAJAN

No pocas veces la soledad lleva al insomnio. El insomnio desemboca en la angustia, en la tristeza, en la melancolía. La tristeza lleva a la desesperación. La desesperación lleva a tomar medidas drásticas, como quitarse la vida. ¿Qué es el insomnio, la falta de un descanso pleno y bueno, lo cual se ha agravado enormemente por la llegad del bacilo chino el cual no nos ha dejado hueso sano? Nos lo deletrea uno, uno de tantos, de decenas de escritores aguijoneados por la fiera carnicera que no deja dormir. El siguiente párrafo es de Carlos Trias, escritor español el cual recita las palabras para definir lo que siente su persona, Gerardo Tristán (ya en su apellido se anuncia su calamidad eterna): “Sentía la proximidad del abismo, el acoso de esas presencias infernales que pugnan por aflorar a la superficie y encarnarse…”

Un chaval de 22 años en la colonia Morelos, un hombre de 65 en la Maravillas Oriente, otro hombre de 80 en la Zaragoza, otro joven de 27 años en la colonia Josefa Ortiz de Domínguez, otro joven de 26 años se colgó en el Ejido Emiliano Zapata… hay un común denominador si usted mínimamente hurga en cada caso señor lector: la soledad emperrada, distanciamiento social de matrimonios de jóvenes inmaduros, motivos económicos; desgraciadamente afloran motivos también como las drogas y el alcohol. Es decir, la disolución social, la nula solidaridad. Nulo acompañamiento.

Sé de lo que hablo. Usted lo sabe, la mayor parte de mi vida he padecido ictericia. Estoy atiriciado. Pero gracias a Dios, tengo años, años con la maldita tristeza muy controlada. La depresión es tan cabrona, que la única solución a la mano es el suicidio. ¿Hay salida? Sin duda sí. Pero es cuestión de médicos, terapias, familias cohesionadas, largos tratamientos, recursos económicos casi de sobra, tiempo de inversión y claro, comprensión y amor. Vamos volando para los 100 suicidios anuales. Como el año pasado. Como siempre. ¿Por qué en los meses de marzo, abril y mayo disminuyeron notablemente los suicidios en la región? Por un motivo claro: los tristes de alma y corazón estaban acompañados. Todo mundo confinado y encarcelado en casa, les dio compañía, charla y atenciones.

¿Luego? ¿Hoy? Pues volver a lo mismo: cada quien a lo suyo, buscar la manutención diaria. Educar a los hijos, ir a la taberna, salir con la novia, el novio, los hijos, ir de 8 a 14 horas diarias a trabajar… el solitario, el melancólico se volverá más solitario y aislado que nunca. Éste sólo necesita un pequeño pretexto, un detonante y lo hará. Se suicidará si no tiene ayuda inmediata a la mano. ¿Lo notó? Nacimos para ser sociables, para estar en común unión, en comunidad, en solidaridad (Hechos 4:32).

LETRAS MINÚSCULAS

Viene el peor tiempo: el invierno gris, lluvia, frío, días lerdos sin abrigo, con hambre, sin dinero. Viene lo peor para los atiriciados de alma y corazón.