El campo sin lluvias. Solo agüitas lloviznadas de mayo. De caprichosas nubes pasajeras. Se tensa la cuerda de la impaciencia y empiezan a lanzarse las flechas de la angustia y reclamación sin encontrar blanco. La gente sabe cuándo se puede sembrar sin desperdiciar semilla.

Los regadíos en grandes extensiones son solo de temporal. Y se dan, con frecuencia, años en que primero se pide la lluvia como milagro y luego se vienen los huracanes con sus aguaceros torrenciales que causan inundaciones devastadoras.

En lo que empieza a ser recta final en las campañas para sufragio próximo, se dan también cambios climáticos. Sequía de candidaturas aceptables e inundaciones de tremendos verbos: desprestigiar, amenazar o matar.

Lo impulsivo, lo temperamental, lo acusatorio empieza a tener contagio epidémico sin vacuna. El adversario es por lo mismo, no solo enemigo sino criminal, delincuente, engañador. Lejos del espíritu deportivo en que no hay odio y se reconoce la calidad del contendiente, se intenta descalificarlo.

La cultura cívico-política y la madurez privilegian los argumentos, las ideas, los valores. Se subrayan las propuestas. Nadie, en el mar de los discursos y mensajes, hunde la cabeza del otro para sacar a flote la suya. No se trata de exhibir lo peor del otro sino lo mejor de lo propio.

Lo deseable es una buena lluvia de excelencias como espectáculo frente a futuros votantes a quienes también angustia la sequía de esperanza para un voto entusiasta.

¿PRIVACIDAD OBSOLETA?

Ya, de por sí, se sabe que Google se las sabe todas. Y no queda atrás Facebook y Twitter, complementado con el asiático Tik-tok occidentalizado y la caravana de imágenes de Instagram.

Los famosos datos ya no son otros sino los mismos. Lo médico, lo biológico, lo académico, lo deportivo, lo comercial, lo familiar, lo psicológico, lo anecdótico ha saltado la valla dela privacidad y anda, como balón de fut, rebotando en todas direcciones, metiendo goles en muchas porterías.

Ojos y cámaras por todas partes. Da la impresión -en el mundo contemporáneo- que la privacidad es algo obsoleto. Todo parece puesto en escaparate. Está bien y es deseable para la vida pública en comunidades en que la gente da el mandato a los mandatarios y quiere transparencias sin opacidades para evitar ocultamientos con tratos por debajo de la mesa o en oscuros rinconcitos. Pero lo que produce alarma es que, sobre todo en lo cibernético, en lo digital, en lo virtual ya parece ir perdiendo seguridad lo que cada usuario quisiera preservar de intromisiones. El Big brother parece estar creciendo demasiado y cambiando fraternidad por entrometimiento.

ENCUENTRO Y ACOMPAÑAMIENTO

Ha sido el mejor aprendizaje de los peligros, las distancias, los confinamientos y las desinfecciones en época de COVID. En todas las comunidades y en todas las regiones del planeta se ha visto la fragilidad humana.

En este contexto «de miedos, de inseguridades y de zozobra colectiva», se ha dicho “es valioso dar un paso al frente. La reconstrucción de nuestra sociedad, la salida de la crisis, afirma el Cardenal Osoro, nos exige creatividad, generosidad y altura de miras», el «sálvese quien pueda” no es la solución en momentos de crisis de la sociedad.

Se requiere la actitud de encuentro y acompañamiento hacia todos en cualquier situación que se esté viviendo. No ser solo colectividad individualista e indiferente sino comunidad con pertenencias recíprocas. No rivalidades recalcitrantes sino servicios mutuos, desde una estima recíproca, hecha de comprensión y buena voluntad, sin excluir a nadie…