Hace unos 15 años vi una película sobre dos vidas de una misma persona a partir de un momento en una estación de trenes donde se subía o no se subía al tren que debía tomar. El personaje principal tenía una vida si llegaba al tren y una muy distinta si no llegaba. Una vida con dos destinos distintos dependiendo solamente de un evento. Supongo que la vida de todos está llena de esos momentos y sería imposible, tal vez hasta motivo para enloquecer, tratar de saber qué hubiese sido de nuestras vidas si en ciertos momentos nos hubiéramos subido a ese tren metafórico o si lo hubiéramos evitado. A veces ni siquiera vemos los trenes, en otros casos decidimos saltar en ellos o conscientemente evitarlos. En ocasiones tan pronto parte el tren podemos sentir que hicimos lo correcto o que perdimos una buena oportunidad. Y así es la vida, una gigantesca estación con trenes que parten a cada segundo, se vive viendo a los trenes acercarse, viendo a los que no llegamos y disfrutando lo mejor posible los paseos en los que sí nos subimos.

En economía y finanzas hay modelos que parten de ciertos supuestos para estimar los efectos, costos, utilidades o externalidades que una decisión de política o de inversión pudiera tener. Básicamente calcular las repercusiones para un país o una empresa si se decide subirse a un tren o no; si se invierte o no. Se pueden correr cientos de escenarios sobre una decisión con infinidad de variables que modelar. Hace unos días, el excandidato presidencial y exsecretario de Hacienda, Pepe Meade, acaparó atención y opiniones ya que publicó sus estimaciones de costo para el País por la cancelación del aeropuerto de Texcoco. Incluso compartió una foto donde hacía cuentas en una servilleta. Su análisis mostraba el impacto total para México de cancelar un proyecto tan relevante, incluyendo efectos multiplicadores de una obra de ese tamaño. Los números y metodología son debatibles, pero lo que no se puede debatir es que el gobierno en turno, en voz de un par de secretarios de Estado alérgicos a los números, ha preferido debatir con rollo y frases pegajosas y no con su propia versión de los números. Eso los hace ver muy mal, ya que se espera un mínimo de rigor técnico del Gobierno, incluso de uno que consulta a “la madre tierra”. Al mismo tiempo sorprende la claridad y asertividad de Pepe Meade para ponerle número a la servilleta. Básicamente diciendo que el costo por no “subirse a ese tren” del aeropuerto será de 145 mil millones de dólares. Una obra de 13 mil millones de dólares cancelada, con avance parcial a un costo de unos 4 a 5 mil millones de dólares, tiene un impacto total para el País muchas veces superior. Y es aquí donde no solamente debemos exigir seriedad al gobierno de AMLO para que presente y explique sus números en su propia servilleta, sino pedirles también que saquen un paquete de servilletas para cuantificar, así como lo hizo Meade, lo que nos han costado y siguen costando decisiones, errores y omisiones de los últimos 20 ó 30 años.

Si el error de dejar enterrados 5 mil millones de dólares en Texcoco tiene un impacto del tamaño que dice Meade, habría que reconsiderar el pacto de impunidad y sacar las cuentas de lo que ha costado al País la corrupción rampante, el huachicoleo, los desvíos en los estados, los contratos a modo, trenes ligeros –pero pesados en costos–, Fobaproa, estafas maestras, etc. Y ya después de usar un paquete grande de servilletas doble hoja, que se haga justicia donde aplique y con lo que sobre compremos una caja de pañuelos kleenex para las lágrimas al ver todos esos trenes en los que nos treparon, aquellos que nuestros gobernantes decidieron ignorar (como el caso NAIM) y especialmente aquellos donde los gobernantes vieron mejor aventarnos sobre las vías al paso del tren. ¿Se subirá la 4T al tren?

@josedenigris

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