Además de la destrucción de miles de árboles, el siniestro genera afectaciones económicas importantes

Los incendios forestales son, de acuerdo con especialistas en la materia, una parte esencial del ciclo vital de ecosistemas como el existente en la zona serrana que comparten Coahuila y Nuevo León, donde el siniestro que en este mismo momento se pretende controlar ha consumido alrededor de 3 mil 500 hectáreas de bosque.

En otras palabras, aunque nos parezca complejo de aceptar el fuego no solamente destruye este tipo de espacios naturales, sino que contribuye a su regeneración y fortalecimiento.

El problema con ello es que los efectos del fuego se aprecian de formas diametralmente distintas en uno y otro extremo del ciclo: las llamas destruyen miles de hectáreas de vegetación en unas cuántas horas, pero la naturaleza tarda décadas en regenerar el espacio.

De acuerdo con los cálculos que se ha revelado en las últimas horas, los expertos en combate de incendios forestales calculan que aún tomará una semana el conseguir la extinción total del siniestro. Y una vez que el fuego se apague, tomará más de 30 años regresar a las condiciones previas.

En términos del ciclo natural de la vida, estos plazos son normales para un bosque. Pero la perspectiva cambia cuando la línea del tiempo se observa desde la perspectiva humana: 30 años para tener la oportunidad de volver a contemplar un paisaje arbolado es demasiado tiempo.

Por ello es que, aún cuando podamos racionalmente aceptar que los incendios –los pasados, los presentes y los futuros– no constituyen una amenaza determinante para el ecosistema, no podemos sino dolernos por la devastación que su aparición significa.

Y es que además de la destrucción de miles de árboles, el siniestro genera afectaciones económicas importantes en dos tiempos: el inmediato, al destruir inmuebles y el de largo plazo, al impactar en la actividad turística de la zona en los años por venir.

Decenas, probablemente cientos de propietarios de inmuebles que hoy, gracias al surgimiento de plataformas tecnológicas como Airbnb, se rentan en línea, verán cancelada esa fuente de ingreso, acaso para siempre. Y eso también implica la suspensión de la derrama económica que para la región implica esta actividad.

Así pues, a los seres humanos nos interesa intervenir en el ciclo natural de la vida para impedir que los incendios forestales se registren, en primera instancia, o para acelerar la reparación del daño en caso de que no hubiéramos sido capaces de evitarlos.

A partir de esta posición, habremos de emplear todos los recursos a nuestro alcance para extinguir lo más pronto posible el siniestro e inmediatamente después, para iniciar la reforestación y generar –en la medida de nuestras posibilidades– las condiciones para acelerar la recuperación.

Cabría esperar en este sentido, que los tres órdenes de gobierno sumen esfuerzos para lograr estos propósitos.