VANGUARDIA entrevistó a cien saltillenses en la vía pública, con la pregunta ¿Qué prefiere hacer: dormir o comer? Sesenta y seis respondieron que dormir, treinta y tres dijeron que prefieren comer y una persona que ambas. Las respuestas son un síntoma del grado de cansancio que tiene nuestra sociedad acelerada. El signo de nuestro siglo es la carrera y la velocidad.
El descanso, la contemplación, o el ocio se consideran un pecado grave. Los hijos se quejan de que sus padres están cansados. Los matrimonios dicen que su estado civil es “cansado”. Hace unos días, al estar de visita en un hospital, fui testigo del desenlace de una tragedia. En la sala de urgencias entraron camilla tras camilla, una familia completa. El padre había dormitado en carretera, lo que le costó una volcadura y su propia muerte.

Han, Byung-Chul, en su libro La sociedad del cansancio, explica: El sujeto de rendimiento, que se cree en libertad, se halla tan encadenado como Prometeo. El águila que devora su hígado en constante crecimiento es su otro yo, con el cual está en guerra. Así visto, la relación de Prometeo y el águila es una relación de autoexplotación que lo vuelve presa de un cansancio. El dolor del hígado, que en sí es indoloro, es el cansancio.

La sociedad del rendimiento produce depresivos y fracasados. La depresión es la enfermedad de nuestro siglo, de una sociedad que sufre bajo el exceso de obligarse a sí misma a tener iniciativas y ser productiva. La sociedad de rendimiento y actividad produce un cansancio y un agotamiento excesivos. Lo que provoca la depresión por agotamiento lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, es la presión por el rendimiento que manda la sociedad.

El hombre depresivo es aquel “animal laborans” que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es, al mismo tiempo, verdugo y víctima.

El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma. Ya lo dijo Nietzsche: tras la muerte de Dios, la salud se eleva a diosa. Si hubiera un horizonte de sentido que rebasara la vida, la salud no podría absolutizarse de ese modo.

La inspiración del cansado dice menos lo que hay que hacer que lo que hay que dejar. El cansancio permite al hombre un sosiego especial, un no-hacer sosegado. Handke eleva el cansancio profundo incluso a una forma de salvación, esto es, a una forma de rejuvenecimiento. El cansancio devuelve el asombro al mundo. El cansancio te rejuvenece, te da una juventud que nunca has tenido. “Todo en la calma del cansancio se hace sorprendente.”

Dice Leclercq que: “La soledad, el silencio, el reposo, son necesarios para todo nacimiento, y si alguna vez un pensamiento, una obra de arte surgen como relámpago, hubo antes una larga incubación.

Una de las primeras comisiones de un buen gobierno es la de tener gobernantes con el espíritu ágil, el alma serena y el corazón en paz. ¿Cómo quieren que funcione el mundo con todos esos hipertensos frenéticos?

Sí, la paz, el silencio y no tener prisa. Los que oyen la voz de Dios son mucho más contados en nuestra época que en otras ¿Cómo quieren que se le oiga cuando por todos los sentidos entra un ruido, una confusión de sonidos, de colores y de formas, de sensaciones, de ideas, de imágenes en tropel, cuando los niños son bombardeados con información?

Tratemos de olvidar por un momento que tenemos siempre 10 cosas que hacer al mismo tiempo. Intentemos estar aquí, un ratito, como si no existiera ninguna otra cosa, como si repentinamente ya no existiera el tiempo y, en la inmovilidad del minuto, lo eterno se hiciera nosotros.”