El Quijote II, 43


En el célebre capítulo 43 de la segunda parte de la inmortal novela, es donde aparecen los “consejos segundos”, así los llama Cervantes, que don Quijote da a Sancho Panza antes de que éste parta para ser gobernador de la Ínsula Barataria. Son numerosas y de diverso orden las recomendaciones que el caballero andante hace a su escudero. Algunas un tanto curiosas, como la siguiente:
“- En lo que toca a cómo has de gobernar tu persona y casa, Sancho, lo primero que te encargo es que seas limpio y que te cortes las uñas, sin dejarlas crecer, como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a entender que las uñas largas les hermosean las manos,  como si aquel excremento y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero, puerco y extraordinario abuso”.

También le recomienda: “Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala”.

La afectación a que alude el refrán es contraria a la sencillez, cualidad que en términos del pensamiento clásico va unida a la verdad y a la belleza.

En otro pasaje de la novela, localizado en el capítulo 26 también de la segunda parte, maese Pedro, que no es otro que Ginés de Pasamonte disfrazado de titiritero, el gran bellaco y malagradecido con don Quijote, le dice al joven que va haciendo la narración del cuadro de títeres: “Llaneza, muchacho; no te encumbres, que toda afectación es mala”.