En mi anterior colaboración planteé una hipótesis para entender las conexiones entre la violencia generada por el crimen organizado y su secuela, la violencia crónica, tan letal una como la otra. Lo hice para repensar el porqué de esa oleada de violencia sistemática contra las mujeres y contra uno mismo, a través de los suicidios.

La violencia crónica se instala dentro de uno mismo y de la colectividad “como realidad rutinaria (normalizada), introduciendo (auto) destrucción a nivel físico, social y político; dicha (auto) destrucción se autorreplica en el tiempo a través de la reactivación del trauma”.

¿Qué hacer respecto a esta violencia crónica, desde la perspectiva de las políticas públicas gubernamentales y los organismos de la Sociedad Civil preocupados por estos temas?

1. Definir, entre ambos, una comprensión compartida de la violencia.

2. Dejar “atrás la noción de que la meta primordial es la “prevención” de la violencia y la promoción de la seguridad, porque este enfoque –como ha sido documentado– provoca más violencia con el afán de pararla a todo costo”.

3. “Apoyar a los grupos afectados para que (1) prosperen como seres humanos, actores sociales y ciudadanos; (2) comprendan cada vez mejor sus condiciones y necesidades; y (3) diversifiquen y densifiquen sus relaciones, prácticas, estructuras y culturas sociales y políticas”.

Una vez definido este enfoque entre ambas partes, hay que generar un observatorio desde el cual se visibilice y registre la violencia crónica.

Este sería un “centro de reunión e intercambio de información, de aprendizaje y análisis científico, social y político, acerca de la temática en el cual interactuarían progresivamente actores gubernamentales, científicos y sociales, nacionales e internacionales”.

En este observatorio, Gobierno y Sociedad Civil diseñarían las políticas públicas pertinentes para incidir en las conexiones entre la violencia generada por el crimen organizado y la violencia crónica, ya tan cotidiana y nuestra. Y reducirla, al máximo.

@Canekvin