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Opositores al Tren Maya aseguran que no quieren que sus pueblos se conviertan en destinos turísticos donde los grupos indígenas solo han conseguido empleos precarios.

Por Andrea Vega/@EAndreaVega para Animal Político

 
Líderes y activistas que se oponen al Tren Maya se reunieron, el pasado sábado 13 de julio con el director general de Fonatur, Rogelio Jiménez Pons, y el responsable de ONU Habitat para México y Cuba, Eduardo López Moreno, para exponer su inconformidad por este proyecto que, consideran, solo traerá beneficios económicos a los grandes inversionistas, mientras que a ellos, los pobladores de la zona, les dejará “empleos precarios”.

“Nosotros les dijimos que no estamos devastando la selva, que al contrario, que nosotros la cuidamos, cuidamos a las abejas y que no nos oponemos al desarrollo, pero queremos que las comunidades estén incluidas, no queremos que pase aquí como en Cancún o en la Riviera Maya, donde los habitantes de la zona vendieron sus parcelas y se quedaron después sirviendo en los hoteles: de mozos, de meseros”, dijo Anastacio Oliveros, poblador de Calakmul, apicultor e integrante de la Alianza Maya por las Abejas de la Península de Yucatán, quien estuvo presente en la reunión.

Oliveros explicó que los opositores al Tren Maya tienen esa posición porque han visto lo que ha pasado en otras zonas turísticas de la región, donde “la gente maya solo ha obtenido malos empleos, después de perder sus tierras. Para ellos siguió la pobreza y la desigualdad. Las zonas se han vuelto foco de violencia y el turismo ha traído problemas como el narcotráfico y la trata de personas”. 

La misma preocupación la tienen otros activistas de diferentes regiones por donde pasará el Tren Maya. Wilma Esquivel Pat, vicepresidenta del Centro Comunitario U Kuuchil K Chibalom y habitante de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, dijo a Animal Político que las comunidades mayas ven con preocupación lo que el turismo ha generado en zonas como Cancún, la Riviera Maya y hasta Bacalar. 

“Vemos lo que está pasando allá: el narcotráfico, la violencia, los asesinatos, los feminicidios y nuestros jóvenes trabajando en los grandes hoteles, sirviendo a quienes los desprecian y teniendo que sonreír un montón para ganar una propina”. 

Lo mismo señaló Pedro Uc, habitante de la comunidad de Buctzotz, en Yucatán, e integrante de la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch’ Xiinbal.

“Lo que pasa con los megaproyectos es que despojan a la gente de su tierra, con engaños o con ilusiones. Las comunidades se dividen, se pelean y terminan yéndose del lugar, y entonces ya cuál maya, solo queda el nombre, la marca que es lo que venden”. 

Al respecto, el estudio Impactos Sociales y Territoriales del Tren Maya, elaborado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la UAM Xochimilco y Altépetl Desarrollo Comunitario Productivo y Ambiental A.C, señala que si bien este proyecto pretende detonar el desarrollo turístico en la península sur, es necesario desmitificar esta industria como una actividad que ofrece ganancias económicas a impacto cero, y que además promueve lo “bonito” y lo “divertido”. 

El turismo, expone el documento, es el eje de una industria poderosa y altamente depredadora, en términos ambientales y sociales; impone modelos culturales ajenos e implanta enclaves económicos que ostentan la desigualdad entre quienes viajan, conocen y se divierten, y sus anfitriones, voluntarios u obligados.

El estudio, además, plantea el análisis de los escenarios en los destinos turísticos consolidados de la Riviera Maya, en relación con el desarrollo de economías ilegales, consustanciales al tipo de turismo de masas, y al incremento de la violencia criminal.  

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