ESO DE LA UNIDAD

Se ha publicado en algunas ocasiones.

Es el trazo elocuente de un cartonista. Se presentan, en cada extremo del espacio, sendos montones de pastura abundante y sabrosa. En el centro, se traza el perfil de un asno estirando el pescuezo hacia el montón izquierdo. Está atado por una cuerda con otro asno compañero que está estirando el pescuezo para el montón situado a la derecha. Ambos, en gran tensión, se frenan en el intento. Ninguno llega a alcanzar el apetitoso manjar.

En un siguiente cuadro aparecen ambos, uno al lado del otro, con la cuerda ya sin tensión y con una interrogación dibujada sobre sus cuatro orejas, como un signo de cuestionamiento y reflexión. En el tercer cuadro, se ven ambos felices devorando la pastura de un extremo, uno al lado del otro y, en el cuadro final, la misma escena de hartarse juntos con el montón del otro extremo. Claro, como en las mejores producciones, no hay globo para coloquio solo un breve título: “Juntos sí”.

Es una graficación figurativa elocuente para denunciar la necedad de la desunión y la tensión cuando se tiene una necesidad común y una meta compartida que alcanzar. Ambos protagonistas oponen sus esfuerzos en lugar de aliarse en una operación compartida, simultánea en que se satisface sabiamente la necesidad, sin privarse de los satisfactores.

En las comunidades nacionales es frecuente el espectáculo de tensiones en que se interrumpe toda comunicación y solo queda el conflicto y el enfrentamiento violento y hasta letal.

Eso de la unidad es un desafío para mandatarios y ciudadanía. No ha de confundirse con la unicidad, tachando la pluralidad. Tampoco con la uniformidad, suprimiendo la riqueza de la diversidad complementaria.

LIBERTAD CON AUTORIDAD

Chocan en la equitación el brío del caballo y la rienda del jinete. Es bello el espectáculo de los caballos salvajes que trotan en tumultuosa estampida, sobre los valles chinos cubiertos de nieve. Y es también admirable una función de alta escuela irlandesa en que caballos gallardos de pura sangre, cambian sucesivamente de velocidad de avance y de ritmos en el paso, obedientes a los estímulos invisibles del diestro jinete que empuña la rienda.

La libertad, la espontaneidad, la naturalidad caprichosa en que no hay sino libertad traviesa y gozosa, sin límites ni controles, se contempla, en el reino animal, en mar, tierra y cielo. El libre juego infantil en el campo, la recreación juvenil que parece un hervidero de diversidad abigarrada y múltiple es como una celebración entusiasta de la vida. Pero también puede observarse victoriosa la disciplina en un desfile militar y hasta la observancia de los reglamentos en un reñido partido de futbol.

En las naciones habrá siempre una situación de tensión entre la libertad ciudadana y los límites autoritarios que intentan la paz, con el respeto a los derechos ajenos. Usted puede ir a dondequiera en su automóvil pero no se suba a la banqueta, no abandone su derecha, vaya a la velocidad señalada, obedezca las luces del semáforo, use señales luminosas para anunciar sus virajes, avances, rebases o estacionamientos. Así se puede pasar de un país de “reyes” a un país de leyes. Lo moral, lo legal, lo recomendable, lo conveniente, lo inteligente van dando resultados de libertad responsable de una ley como ordenamiento de razón de autoridad competente, promulgada para el bien de todos.

IMPULSO Y AUTOCONTROL

Lo impulsivo es algo primario que requiere domesticación. Es como una cascada que inunda y produce desastres. Hasta que una hábil ingeniería no reduce su ímpetu pero utiliza una turbina y aprovecha su fuerza para ofrecer luz y energía a toda la región. En lo social lo impulsivo puede destruir, manchar y hasta matar. El autocontrol es una madurez humana indispensable...