No ‘muere’. El poder de influencia de Donald Trump se mantendrá en la política de EU y el mundo, más de 70 millones de personas lo votaron. THE NEW YORK TIMES
El aún Presidente de EU podrá seguir siendo un factor de decisión en la política norteamericana… aunque sea para bullear

PETER BAKER/ MAGGIE HABERMAN
 

WASHINGTON, EU.- Si el presidente Donald Trump pierde su apuesta por la reelección, como parece cada vez más probable, sería la primera derrota de un presidente en ejercicio en 28 años. Pero algo parecía seguro: gane o pierda, no se irá tranquilamente.

Por lo menos le quedan 70 días en el cargo para usar su poder como le parezca y para vengarse de algunos de sus supuestos adversarios. Enfadado por una derrota, puede despedir o dejar de lado a una serie de altos funcionarios que, según su percepción, no cumplieron sus deseos, incluyendo a Christopher A. Wray, el director del FBI, y el doctor Anthony S. Fauci, el principal especialista en enfermedades infecciosas del gobierno en medio de una pandemia.

Y si se ve obligado a abandonar la Casa Blanca el 20 de enero, es probable que Trump demuestre ser más resistente de lo esperado y casi seguro que seguirá siendo una fuerza poderosa y perturbadora en la vida estadounidense. Recibió por lo menos 68 millones de votos, cinco más que en 2016 y ha obtenido alrededor del 48 por ciento del voto popular, lo que significa que retuvo el apoyo de casi la mitad del pueblo a pesar de cuatro años de escándalos, reveses, juicio político y el brutal brote de coronavirus que ha matado a más de 233 mil estadounidenses.

Eso le da una base de poder para desempeñar un papel que otros presidentes derrotados tras un periodo, como Jimmy Carter y George Bush, no tuvieron. Trump ha coqueteado durante mucho tiempo con la creación de su propia cadena de televisión para competir con Fox News, y en privado últimamente ha planteado la idea de volver a presentarse en 2024, aunque para entonces tendría 78 años. Incluso si sus días como candidato han terminado, sus 88 millones de seguidores en Twitter le dan la oportunidad de ser una voz influyente en la derecha, convirtiéndolo potencialmente en un hacedor de reyes entre los republicanos en ascenso.

“Si algo queda claro de los resultados de las elecciones es que el presidente tiene un gran número de seguidores y no tiene intención de abandonar el escenario en breve”, dijo el exsenador Jeff Flake de Arizona, uno de los pocos funcionarios republicanos que ha roto con Trump en los últimos cuatro años.

Dichos seguidores pueden permitir a Trump ganar un segundo mandato y cuatro años para tratar de reconstruir la economía y remodelar el Partido Republicano a su imagen. Pero incluso desde fuera del cargo, podría intentar presionar a los senadores republicanos que conservan la mayoría para que resistan a Biden en cada momento, obligándolos a elegir entre la conciliación o enfadar a su base política.

LÍDER DE FACTO

Mientras llega una nueva generación de republicanos, Trump podría posicionarse como el líder de facto del partido, esgrimiendo una extraordinaria base de datos de información sobre sus partidarios que a los futuros candidatos les encantaría alquilar o acceder de algún modo. Los aliados del presidente han imaginado a otros republicanos en peregrinación a su propiedad en Mar-a-Lago en Florida, en busca de su bendición.

Algunos de los argumentos de Trump tenían un peso considerable entre los miembros de su partido. A pesar de la pandemia del coronavirus y el consiguiente costo económico, el 41 por ciento de los votantes dijeron que les iba mejor que cuando él asumió el cargo, en comparación con solo el 20 por ciento que dijo que les iba peor. Adoptando las prioridades del presidente, el 35 por ciento de los votantes nombró la economía como el tema más importante, el doble de los que citaron la pandemia. El 49 por ciento dijo que la economía era buena o excelente, y el 48 por ciento aprobó el manejo del virus por parte de su gobierno.

“Si es derrotado, el presidente conservará la lealtad eterna de los votantes del partido y de los nuevos votantes que trajo al partido”, dijo Sam Nuremberg, quien fue estratega en la campaña de Trump en 2016. “El presidente Trump seguirá siendo un héroe dentro del electorado republicano. El ganador de las primarias presidenciales republicanas de 2024 será el presidente Trump o el candidato que más se le parezca”.

No todos los republicanos comparten esa opinión. Aunque Trump sin duda seguirá hablando y haciéndose valer en la escena pública, dijeron que el partido estaría feliz de intentar superarlo si pierde y será recordado como una aberración.

“Nunca habrá otro Trump”, dijo el exrepresentante Carlos Curbelo de Florida. “Los imitadores fracasarán. Se desvanecerá gradualmente, pero las cicatrices de este tumultuoso período de la historia estadounidense nunca desaparecerán”.

OTROS SE DESVANECIERON

Otros presidentes destituidos después de un solo mandato o menos —como Gerald R. Ford en 1976, Carter en 1980 y Bush en 1992— tendieron a desvanecerse en las sombras políticas. Ford contempló brevemente un regreso, Carter criticó ocasionalmente a sus sucesores y Bush hizo campaña a favor de sus hijos, pero ninguno de ellos siguió siendo una fuerza política importante dentro de su partido. Al menos políticamente, cada uno de ellos era visto en diversos grados como una fuerza agotada.

El último presidente derrotado que intentó desempeñar un papel de intermediario en el poder después de dejar el cargo fue Herbert Hoover, que se posicionó para volver a presentarse tras su derrota en 1932 a manos de Franklin D. Roosevelt y se convirtió en un líder declarado del ala conservadora del Partido Republicano. Aunque ejerció una influencia significativa durante años, no volvió a ganar la nominación ni cambió el veredicto de la historia.

Para Trump, a quien le importa “ganar ganar ganar” más que cualquier otra cosa, sería intolerable que se le conociera como un perdedor. El día de la elección, durante una visita a su cuartel de campaña, reflexionó en voz alta sobre el tema. “Ganar es fácil”, les dijo a los periodistas y al personal. “Perder nunca es fácil. Para mí no, no lo es”.

HISTORIA DE FRAUDES

Trump tiene un historial de haber estado del otro lado de acusaciones de fraude. Su hermana dijo que consiguió que alguien más presentara su examen de ingreso a la universidad. Las hijas de un podólogo de Queens aseguran que su difunto padre diagnosticó a Trump con espolones óseos para evitar que fuera llamado a servir en la guerra de Vietnam como un favor a Fred Trump, el padre del presidente. Y sus tratos de negocios a menudo lo han involucrado en demandas y denuncias.

El joven Trump pagó 25 millones de dólares a los estudiantes en su Universidad Trump para acallar acusaciones de fraude. Su fundación de beneficencia fue clausurada luego de que las autoridades encontraron un “sorprendente patrón de ilegalidad”.

Participó en dudosos esquemas impositivos durante los años noventa, entre ellos algunos casos de fraude descarado, según una investigación de The New York Times. Y Michael D. Cohen, su abogado y encargado de resolverle problemas, escribió en un libro reciente que amañó dos encuestas en línea a favor de Trump.

El presidente ha sobrevivido a todo eso y a una serie de quiebras y otros fracasos a través de una vida de apelaciones célebres y populistas que le dieron el aura de ganador que él alimentó. Desde su época en el sector inmobiliario y en la televisión, ha sido parte del firmamento de la cultura pop del país durante 30 años, una figura recurrente en películas, programas de televisión y en sus propios libros.

“No hay duda de que es una de las mayores figuras políticas polarizantes de la historia moderna”, dijo Tony Fabrizio, uno de los encuestadores de Trump. “Sus partidarios lo adoran y sus oponentes lo vilipendian. No hay término medio con Donald Trump”. c.2020 The New York Times Company