Juchitá, Oaxaca 08/09/17 Varios casas y establecimientos fueron afectados tras el intenso sismo de 8.2 grados en la escala de Richter. Foto: Cuartoscuro
Hay unas 8,500 viviendas que no han sido censadas para recibir apoyos porque pasaron de tener daños parciales a totales o se dañaron por réplicas y sismos menores que en un año llegan a 20,000.
En medio de la oscuridad nos resbalábamos en lo que creímos que era agua. Después nos dimos cuenta que era un gran charco de sangre de los pies de mi padre"....
Relata José Vicente Ruiz

José Vicente Ruiz vivía hasta la noche del 7 de septiembre del año pasado en una moderna casa de dos plantas construida por su padre hacía más de tres décadas en Juchitán, estado de Oaxaca.

Después del terremoto de 8.2 grados que dañó más de 23,000 viviendas en toda la zona del Istmo de Tehuantepec, en el sur de México, su casa pasó a ser una estructura metálica con techo y paredes de lona, donde continúa viviendo.

Para la familia Vicente Ruiz la emergencia no ha pasado, aunque las autoridades canalizaron distintos apoyos a la población tras el sismo que dejó casi 100 muertos, sobre todo en el sur de México, y afectó a 800,000 personas en el istmo.

Ese terremoto, que ocurrió a las 23:49 horas, con epicentro frente a las costas de Chiapas, fue el más fuerte en México desde 1932. Unos días después, el 19 de septiembre, otro sismo de 7.1 causaría graves daños sobre todo en Ciudad de México y 369 muertos.

Desde hace un año José, separado de su esposa, vive debajo de las lonas junto con su hijo -José José- de ocho años, su padre viudo Saúl Vicente, de casi 84 años, y su hermano soltero Daniel, soportando en ocasiones vientos huracanados que superan los 100 kilómetros por hora o lluvias torrenciales y elevadas temperaturas de hasta 40 grados.

No tienen zapatos, pantalones ni camisas propios y se visten con ropa usada proveniente de donativos que organizaciones civiles distribuyeron en los primeros meses de la emergencia.

Tampoco tienen toallas, sábanas y mucho menos muebles de su antigua casa. Todo lo han conseguido como préstamo de familiares y amigos, como el pequeño refrigerador, una lavadora y una estufa donde José cocina para su padre.

"Soy músico pero ahora me convertí en amo de casa, yo lavo la ropa, hago la comida, cuido a mi padre que está enfermo y atiendo a mi hijo que va a la escuela. Y cuando hay algún contrato, voy con mi hermano a amenizar alguna fiesta, cien pesos la hora (5,2 dólares). Pero a veces no sale nada en la semana. Hemos padecido hambre", murmura con un nudo en la garganta.

"Esa noche yo presentí que algo iba a pasar. Se lo dije a mi hermano Dany pero no me hizo caso. Tres veces salí de la casa y miré al cielo: se veían luces de color fucsia, entré de nuevo, me acosté en la hamaca y enseguida comenzó a temblar”.

José cuenta que dos paredes de la casa se cayeron. Después se derrumbó la planta alta. "Saqué a mi padre mientras me pedía que lo dejara. 'Sálvense ustedes', me dijo, 'yo ya estoy viejo'. En pleno derrumbe alcanzamos a salir a rastras”.

"Trozos de escombro nos golpeaban en todas partes y en medio de la oscuridad nos resbalábamos en lo que creímos que era agua. Después nos dimos cuenta que era un gran charco de sangre de los pies de mi padre", relata.

José dice que no olvidará jamás aquel 7 de septiembre de 2017 ni el peor año de su vida, el transcurrido desde entonces. La mañana del 23 de septiembre a las 7:53 horas un nuevo sismo de 6.1 grados terminó por derrumbar miles de viviendas ya dañadas y también lo que quedaba de la casa de José.

"Ese día era mi cumpleaños. ¿Cómo voy a celebrar ahora? Esa fecha solo me provoca tristeza y dolor”.

Juchitá, Oaxaca 08/09/17 Varios casas y establecimientos fueron afectados tras el intenso sismo de 8.2 grados en la escala de Richter. Foto: Cuartoscuro

El colapso de la economía en Juchitán y en los 41 municipios del Istmo de Tehuantepec donde habitan cinco culturas indígenas se hizo patente tras el sismo.

En la región istmeña continúa la reconstrucción de las 2,600 escuelas que quedaron afectadas (924 con daños estructurales mayores).

Hay unas 8,500 viviendas que no han sido censadas para recibir apoyos porque pasaron de tener daños parciales a totales o se dañaron por réplicas y sismos menores que en un año llegan a 20.000, según datos del titular de Protección Civil de Oaxaca, Heliodoro Díaz Escárraga.

A un año de distancia, en Juchitán la iniciativa privada estima que más de 500 negocios pequeños y medianos cerraron sus puertas y unas 2,000 personas perdieron sus empleos.

Más de 4,000 personas que se dedican a la elaboración de tortillas de maíz de horno y pan tradicional perdieron sus hornos y disminuyeron su producción.

En esta ciudad, catalogada como el centro comercial del Istmo de Tehuantepec, donde la economía se sostiene de las fiestas y el comercio, la alegría se convirtió en tragedia y durante un año no hubo festejos para contratar orquestas o grupos musicales. Por eso, cuenta José, "vivimos en la miseria".

Transcurrido un año de guardar el luto, los habitantes comienzan a realizar sus pequeños festejos, pero para José eso no es garantía de empleo pues el famoso grupo "Dany Daniel y sus teclados" que tenía con su hermano perdió en el terremoto diez bafles, la guitarra eléctrica y sintetizadores esenciales para su trabajo. Por eso pocos los quieren contratar.

Ahora usa su tiempo libre para hacer blocks de concreto y autoemplearse en la construcción de su vivienda, que apenas lleva medio metro de altura sobre los cimientos.