Las autoridades sanitarias y políticas ya han demostrado su incapacidad para proteger la salud de la ciudadanía. Es el momento de demostrar, una vez más, que los ciudadanos estamos por encima de nuestros políticos

Se ha vuelto un lugar común afirmar que en México estamos “en el peor momento de la pandemia”. 

Pero es estrictamente cierto y por ello es necesario decirlo en voz alta y alertar respecto de los riesgos que para todos representa esta cruda realidad. Las cifras no mienten: durante la semana del 5 al 12 de enero, el coronavirus SARS-CoV-2 cobró en nuestro País una víctima cada 88 segundos. 
Y eso es sólo en las estadísticas oficiales que múltiples voces han afirmado, esgrimiendo argumentos válidos, que se trata de cifras subestimadas. 

¡Estamos hablando de una muerte cada minuto y medio! En otras palabras, estamos hablando de una tragedia monumental que hasta ayer –otras vez, en las cifras oficiales– le había costado la vida a 135 mil 682 seres humanos en nuestro País. 

Por si eso fuera poco, ayer se reportó la cifra más alta de muertos en una sola jornada, con mil 314. De acuerdo con los datos que han sido revelados por las propias autoridades sanitarias en México, alrededor de una tercera parte de los mexicanos se han infectado ya con el coronavirus, y eso lo que implica es que el virus se encuentra, literalmente, en todas partes. No estamos hablando pues de algo anecdótico sino de una auténtica crisis sanitaria que nos convoca a todos a la responsabilidad y al cuidado de nuestra propia salud. 

Es verdad que la economía no puede detenerse y por ello es necesario que, en la medida de nuestras posibilidades, todos intentemos desarrollar nuestras actividades con el mayor grado de “normalidad” posible. Pero no es menos cierto que de nada sirve salvar la economía a costa de vidas humanas, razón por la cual es preciso encontrar el equilibrio entre ambas variables. 

Y eso es particularmente cierto para quienes forman parte del segmento más desprotegido de la sociedad. Por ello es que la responsabilidad personal constituye una variable crítica en estos momentos. 

Lo que cada quien haga para proteger su propia integridad representa la diferencia entre sostener la curva ascendente de la gravedad de la pandemia y comenzar a controlar la cadena de contagios. 

Las autoridades sanitarias y políticas ya han demostrado su incapacidad para proteger la salud de la ciudadanía. Es el momento de demostrar, una vez más, que los ciudadanos estamos por encima de nuestros políticos. Somos nosotros, de forma individual y colectiva, quienes podemos contribuir realmente a revertir la tendencia trágica de la pandemia.