ESTIMADA ANA:

Soy una mujer de 35 años, nunca me he casado, tampoco tengo hijos, pero me hubiera gustado tener mi familia. De pequeña me veía con un esposo e hijos, pero ahora todo eso parece que fue un sueño que no pude lograr.

 He tenido muy mala suerte con los que han sido mis novios y no creo que a estas alturas tenga otro, porque esos hombres no han sido los adecuados.

 La vida es cruel a veces, pero tengo a mi querida familia, velo por ellos y ellos por mi y a pesar que tengo 35 no los aparento, la gente cree que tengo menos; vivo feliz, tranquila, en paz con Dios y tal vez algun día la vida me dé lo que en el fondo necesito.

   ISELA
 

ESTIMADA ISELA:

Tener 35 años no es un límite para tus sueños... el hecho que haya gente que tuvo una familia a edades tempranas no es sinónimo de felicidad y hoy muchas se encuentran igualmente solas... lo prinicpal es madurar y sentirse cómoda con la situación y que no des por hecho que nada puede cambiar.
 
   ANA
 
Estimados lectores, el día de hoy les comparto este relato que tiene un mensaje muy importante, ojalá todos nos diéramos cuenta de las cosas que son verdaderamene importantes olvidándonos de los detalles que no lo son. Que tengan un buen fin de semana.

 Llegó la madre en busca de ayuda con el médico, su vista no era ya la misma y le encantaba coser y hacer manualidades.
 
- Necesito algo para recuperar mi buena vista, doctor.

- Que edad tienes mujer?

- Cumplí los 50 años, pero ya se me dificulta ensartar las agujas.

- ¿Y como está tu hijo? Preguntó el doctor.

- Pues, le diré, casi no me visita, ensimismado en su trabajo y su esposa.

- Pero, no te da molestia alguna ¿o sí?

- No, pero es labor de los hijos ver que les falta a los padres, ese detalle se le escapa.

- ¿Y qué me cuentas de tu esposo?, comentó mientras revisaba sus ojos.

- Cada vez más viejo, se cansa fácilmente y el dinero que gana no alcanza, además no me ayuda en casa.

- Pero, tú lo quieres, ¿no es cierto?

- Si, pero tiene detalles que me incomodan enormemente.

- ¿Qué me dices de tu casa, eres feliz en ella?, le dijo sentándose frente a ella.

- Pues ya me resulta incómoda, está llena de detalles de humedad, la puerta principal está vencida y mi cocina es muy oscura.

- Pero ha sido un buen hogar ¿o no?

- Claro, ahí nació mi hijo, ahí fuimos felices y es la tierra que con esfuerzos le dejaremos.

-Mira mujer, tus ojos están perfectamente, solo debes hacer ciertos ejercicios.

-Pero, ya no veo bien de cerca.

-Y es lo que debe ser, la vista difumina a tu edad los detalles, para ver entonces aquello que vale la pena, para que aprendas a ver de lejos, de la misma manera como estás narrándome a tu hijo, a tu marido y tu casa, la solución que da tu cuerpo es comenzar a omitir detalles, invitarte a dejar de fijarte en ellos, cambiarlos por el resultado, por el conjunto.

 “La sabiduría llega con los años y parte de la misma es ver con bondad más que con claridad, la realidad comienza a difuminarse, los sentimientos deben aumentarse, dejar de ver con la mente para comenzar a hacerlo con el corazón, a no ser, que voluntariamente comienzas a omitirlos, por amor y tolerancia”.

 “Una buena vista depende de captar lo que es esencial por encima de lo circunstancial, si aún ves amor a tu alrededor, con lentes o sin ellos, estás viendo bien”.

Todos tenemos problemas. ¿Cuál es el suyo?   

Para una respuesta escriba a: 

ANA APARTADO 500 o BOULEVARD V. CARRANZA  

y CHIAPAS, SALTILLO, COAH. 

También puede hacerlo vía internet: ana@vanguardia.com.mx