Extraño y dolorosa tarea la mía: acumulo muertos en mis carpetas. No trozos de papel, sino vidas truncas. Verbo que se hizo carne, pero para desgracia de todos, rápido, se unieron a la eternidad y se hicieron polvo, sombra funesta y fardo en los amigos y familiares que les sobreviven. Extraño y harto dolorosa tarea la cual me he impuesto: acumular trozos, recortes de papel de suicidas. Sí, esos tristes, esos humanos atiriciados de cuerpo y alma (la terrible ictericia del siglo 16, la cual está más viva que nunca. Por eso nuestras madres, gente sabia de entonces, al observar que uno tenía piel de pergamino, ojos siempre al punto del llanto, acurrucados en un rincón y sin interactuar con otros niños o jóvenes, el diagnóstico era implacable y certero: uno tenía “tiricia”, uno estaba atiriciado: la malvada y perra ictericia. ¿Hoy? Hoy este conocimiento se perdió, se jodió; hoy se dice que los chavos van y se cuelgan a puños por “depresión”, como si fuese una “depresión tropical” o la caída de una bolsa de valores, los “mercados deprimidos”, puf), los cuales y en esta región sureste de Coahuila, y según mis cuentas, ya van 105 suicidas al día de hoy. Se rebasó la cifra del año anterior.

Dolorosa y extraña tarea la mía, coleccionar recortes de periódicos haciendo un mapeo de suicidas en la región e incluso en México. ¿Motivo? Sencillo: siempre he estado triste, melancólico, atiriciado. Así nací. Mi temperamento melancólico se manifestó desde niño. Padezco tristeza. Me ha atacado de manera feroz en varias etapas de mi vida y, si usted me ha leído, lo he dejado por escrito no pocas veces en este generoso espacio de VANGUARDIA. Para fortuna mía, hoy a la muy maldita, a la muy perra e insaciable tristeza la tengo controlada desde hace buenos años a la fecha. Así quiero que siga. La ingrata se sigue afeitando conmigo, se sienta en mi mesa, cuando voy al baño allí está ella; come conmigo. Si viajo, la muy cabrona empaca también su maleta y toma los mismos autobuses y taxis que su servidor. Pero, para fortuna mía, no me ha atacado de manera cruel en mucho, mucho tiempo.

Otros seres humanos no pueden decir lo mismo. Están muertos. Tengo años alertando de este mal, de este flagelo. Es intrascendente si fui el primero en prevenir de esta enfermedad, pero para mi desgracia, nada cambia. Nada ha cambiado al día de hoy, no obstante que dicha enfermedad ya se ha visualizado y está en boca de todos, en foco rojo perpetuo. Hay un gran equívoco y me sigue doliendo siempre que lo veo escrito: los suicidas no “escapan” por puerta falsa alguna y tampoco son “cobardes” al no poder enfrentar la vida misma, no, jamás; nada de eso. Los humanos (cada vez más jóvenes desgraciadamente) tienen en el suicidio una solución, no un problema. Caray, hay que educar a todo mundo, incluyendo a los terapeutas y psicólogos. Su conocimiento es limitado por que no leen poesía: la poesía es el único conocimiento verdadero y don de los Dioses.

ESQUINA-BAJAN

El suicidio para los pobres humanos atiriciados de cuerpo y alma (esa parte a la cual solemos llamarle alma, como dijo Malcolm Lowry, ese hombre triste y alcohólico que pergeñó una obra monumental, la divina comedia ebria: “Bajo el Volcán”) es una solución, no un problema. Lo voy a repetir hasta que lo entienda todo mundo. Es un poeta, un Premio Nobel, Octavio Paz y no un psicólogo de mente cuadrada, quien lo dejó tatuado a fuego y por escrito en un poema poderoso, “Pasado en Claro”: “Túneles, galerías de la historia / ¿sólo la muerte es puerta de salida? / El escape, quizás, es hacia adentro…”. ¿Lo notó? La muerte es una solución, es salida; no un problema. El problema son las autoridades que no, no hacen nada al respeto. Es su obligación. Es su deber. Pero es letra muerta.

El gobernador Miguel Ángel Riquelme tiene un pésimo aliado, un mal colaborador en la persona de su secretario de Salud, el lagunero Roberto Bernal. Al cuestionársele sobre este flagelo, ante VANGUARDIA (26 de octubre): “Reconoció que por el momento no se tiene planeado dar un informe sobre estadísticas, tampoco se tienen programadas reuniones del Consejo de Prevención del Suicidio; la última fue hace seis meses…”. Nota de Lidiet Mexicano. ¿Así o más terrible su indolencia y apatía por semejante plaga? Pero hay algo más aterrador: el gobernador Riquelme está engañado. Lo engañan sus colaboradores, uno de ellos es su secretario de Salud, Roberto Bernal. ¿Sabe usted cuántas veces se nombra como un grave problema social y de salud mental la muerte por suicidios en Coahuila en el “Plan Estatal de Desarrollo 2017-2031”? Ninguna. ¿Sabe usted cuántos párrafos le dedican a semejante dilema en 96 páginas? Ninguno. Si no existe, no hay presupuesto, no hay acciones: los suicidas son invisibles.

El Gobernador tiene muchas ollas en la lumbre y de atención inmediata, voy de acuerdo: el problema ingente de la venta de carbón de la región norte de Coahuila, el tema no menor de la inseguridad, la frontera caliente de Coahuila con Estados Unidos y los violentos migrantes sureños y centroamericanos, la búsqueda de un buen presupuesto para Coahuila (AMLO nos detesta y ya nos chingó con harta lana), obras de infraestructura, el maltrecho campo coahuilense (aquí tiene a otro incapaz como Bernal, es otro lagunero, José Luis Flores Méndez)… Por esto, por ello, su secretario Roberto Bernal, debería de trabajar y aligerar la carga de un Gobernador que se multiplica. Regresaré con tres textos. ¿Violencia extrema? Sí, el Gobierno Federal de AMLO ha castigado a los estados de tierra adentro no gobernados por Morena, con reducciones de trasferencias por el orden del 3.9 por ciento.

LETRAS MINÚSCULAS

“Él ve, él quiere, él sueña, él toca”, verso de Paul Valéry: los suicidas al final de cuentas anhelan esto, una condición vital simple y llana: querer, soñar, tocar…