En política hay intereses, no amigos. Se pertenece a un equipo de trabajo con base a puestos y sueldos y privilegios. Ya luego, se deja colgado a cierto jefe o equipo o “amigos” si estos caen en bancarrota, en desgracia; si son perseguidos por la justicia o de plano, simple y lisamente porque estos “amigos” ya no tienen qué ofrecer. No tienen ya poder. Ejemplos los hay todos, hartos en la historia de la política no sólo de vecindario, sino nacional e internacional.

Un ejemplo palpable y a la mano, es la desgracia de Rosario Robles en prisión, y uno de sus “amigos” y protegidos, el tibio de Javier Guerrero, no ha sido creo yo, a la fecha, para presentarle respetos, mano tendida y apersonarse todos los días en la celda donde de verdad, dice el axioma popular, se conocen los amigos de tendones acerados. Si usted revisa someramente números atrasados de periódicos y revistas, cuando Robles Berlanga disponía de poder y recursos, todas las columnas políticas hablaban de una pinza para Coahuila: merced al patronazgo de Rosario, Javier Guerrero era el hombre fuerte para Coahuila. Hoy, la pobre Chayito que tuvo una pasión juvenil con el argentino Carlos Ahumada (quien tenía acta de nacimiento aquí en La Aurora, puf), navega en el olvido de sus amigos y su equipo de trabajo a los cuales encumbró en su momento.

En fin, son las pasiones humanas (cuatro, a decir de Aristóteles, cuatro cardinales). Es la condición humana, nada más. Nada de qué asustarse. Como tampoco no hay de qué asustarse al romper el presidente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, con uno de sus antiguos aliados y amigos del alma, el escritor Javier Sicilia. ¿Era amistad? No, eran intereses. AMLO utilizó al maestro en su momento (“El Movimiento por la Paz en México”, liderado por el poeta cuando mataron a su hijo y sus amigos en Cuernavaca, Morelos). Ahora que Sicilia protesta y ha llamado nuevamente a salir a la calle para exigir que el Presidente cumpla con sus promesas de seguridad y ponga alto a la violencia extrema, AMLO lo ha menospreciado y no piensa recibirlo ni escuchar sus comentarios críticos. Sicilia por su parte, le ha enderezado varios textos y cartas públicas donde cuestiona su operación. 

Antes, caminaban y protestaban juntos. Eran los tiempos en que Felipe Calderón había desatado la guerra con el narco y hoy, el frío y la voz de metal de AMLO en el poder, son el recibimiento a las críticas del maestro Javier Sicilia.

En cartas públicas, el poeta ha escrito: “Durante tu campaña, Presidente, prometiste hacer de la verdad, la justicia y la paz la agenda de la nación. Por desgracia dejaste a un lado esas promesas para poner en su lugar otras que carecen de sentido cuando el País está en llamas… Nos están matando, desapareciendo, violentando de maneras cada vez peores. Es momento de cambiar de estrategia por una a la altura de la emergencia nacional y la tragedia humanitaria que padecemos”.

ESQUINA-BAJAN

¿Andrés Manuel López Obrador? Ni lo ve ni lo oye y no le importa lo que éste piense. En una de sus conferencias de la mañana, le reviró displicentemente: “(Sicilia puede ser atendido por el subsecretario de Gobernación Alejandro Encinas) Yo tengo también muchas actividades, tengo que administrar mi tiempo”. Pues sí, perder dos o más horas hablando, perorando en sus conferencias diarias, es perder tiempo. Mientras el País arde y está en llamas. Uno de los claques de AMLO, un hermano gemelo del monje Raúl Vera López, otro ensotanado, Alejandro Solalinde, le mandó el siguiente dardo envenenado al maestro vía la cobardía de las redes sociales, que es Twitter: “Es mi amigo, excelente poeta, pero pésimo como político”. Se equivoca el monje Solalinde, no es cuestión de que sea político o no, es cuestión de humanidad. Una humanidad que él ya no practica ni le interesa, al estar defendiendo todo el tiempo a su patrón, AMLO. Al igual que López Obrador, en el 2011, el monje Solalinde marchó codo con codo con Sicilia en su reclamo de justicia hacia el panismo. Hoy, abjura del maestro y de su nuevo movimiento.

¿AMLO? Es político y no tiene amigos, sino intereses. Y claros, muy claros. Uno de estos intereses y estrategia es sacudirse a sus críticos, los pocos que somos y respingamos. Javier Sicilia es uno de ellos. De aquí su desdén y ninguneo, cuando apenas ayer eran “amigos” y compartían ideales. AMLO no sólo se quiere sacudir críticos, sino también a las instituciones a las cuales siempre las ha mandado al diablo. ¿Qué hizo al dar dedazo en la Comisión Nacional de Derechos Humanos e imponer a su incondicional Rosario Piedra? Envenenó una institución más y de paso, sigue contagiando a la democracia, la frágil y envenenada democracia mexicana.

En lo que fue un escándalo público, las senadoras de Morena protagonizaron un sainete deplorable, cuando fueron enviadas como verdaderas “verduleras” a meter golpes y zancadillas a sus pares senadores del PAN y así, aliviar la carga sobre las críticas a la designación de la amiga del Presidente, Rosario Piedra.

Citlalli Hernández, de Morena, claro, incluso, no tiene culpa, no tiene ideas ni voz propia, sólo recibe órdenes. Así de sencillo. Como con la mayoría de claques de Morena. ¿Los organismos autónomos critican al Presidente y su accionar? Los tacha de subordinados a la mafia del poder, realizan simulaciones, son corruptos, incapaces, no tienen credibilidad. ¿Los quiere desaparecer? No, siempre dice que no con su lengua, pero en el papel (los bajos presupuestos e imposiciones –como la de Rosario Piedra–, los está condenado al fracaso. ¿Violencia, inseguridad? Sí, en octubre, aumentó la incidencia delictiva en todo el País –Datos del SESNSP–)... Tenga miedo a AMLO, mucho miedo…  

LETRAS MINÚSCULAS

Lo de Villa Unión aquí en Coahuila, nos ha recordado lo de siempre: mientras AMLO enmudece, nosotros debemos de seguir de pie.