Foto: Especial

Llegué a Saltillo en agosto de 2014. No era mi primera vez en México. Ya había visitado este hermoso País por actividades académicas, pero en esta ocasión era diferente. Estaba dejando mi vida anterior atrás, mi tierra y mi familia para ser parte de un nuevo proyecto, todavía en la imaginación.

Tardé dos años en aceptar la propuesta que me hizo el profesor Luis Efrén Ríos Vega para trabajar con él en la creación de un centro de investigación y, con la prudencia de siempre, había aceptado su oferta para quedarme un año. Han pasado cinco.

Al principio sólo teníamos sueños. No teníamos nada en realidad. Durante mi primera etapa en la Facultad de Jurisprudencia, ni siquiera había cubículos para profesores. Sólo había grilla, envidias y difamaciones en contra nuestra.

Recuerdo que cuando apenas aterricé del aeropuerto, me llevaron a mi primera actividad: una reunión con familiares de personas desaparecidas. Para una académica formada en Europa, fue impactante vivir como profesora ese contexto de injusticia e impunidad. Más todavía porque Luis Efrén me dijo: esta es la realidad que hay que modificar.

De inmediato me quedó muy claro que mi papel no iba a ser sólo una experiencia académica más. Me quedó muy clara la magnitud de la crisis que estaba enfrentando. El reto era más grande de lo que Luis Efrén me había planteado y, a pesar de todo, quise aceptarlo. No niego que he tenido dudas y miedo, especialmente de no estar a la altura de la situación y de no poder ser de gran ayuda porque el escenario de injusticia rebasa lo que un simple académico puede lograr hacer.

Para mí no ha sido fácil entender y aceptar las diferencias culturales. He tenido que aguantar muchas cosas. Inclusive por parte de mis compañeros de trabajo, por ser mujer, extranjera y en algunos casos, más joven que ellos. Sigo sin entender cómo hay personas que prefirieron restar y destruir, más que sumar a este gran proyecto. Las envidias, los complejos y la mezquindad los llevó a destruirse en lo personal. A nosotros, nos fortaleció más.

En ningún momento he dudado de hacer este proyecto. Todas las ofensas, discriminaciones y complots que como equipo de trabajo hemos recibido, nos han hecho más hábiles para derrotarlas. Hoy, cinco años después, gracias a la labor y visión del padre fundador de la AIDH, hemos dado vida a lo que sin duda alguna es el proyecto académico más relevante de nuestra Universidad Autónoma de Coahuila, un centro de investigación especializado en materia de derechos humanos. Un referente nacional e internacional.

El reto ahora es más grande aún. Una cosa es llegar, otra más difícil es mantenerse. El 2020 será nuestro quinto aniversario. Su lema: “Por una sociedad libre, igualitaria y fraterna”.

Celebraremos entonces con un mayor compromiso con la lucha por los derechos. Así lo exige la sociedad civil y lo requiere el estado. Festejaremos para que vayamos consolidando el proyecto de vida académico. Los jóvenes AIDH son nuestro presente y nuestra gran apuesta para el futuro. Son ellos los que se llevan la tarea y la responsabilidad de mantener el proyecto, crecerlo aún más y hacer de este mundo un lugar mejor donde vivir.

Luis Efrén ya nos dio los cimientos. A nosotros nos corresponde construir las paredes, los muros y los techos para que esta casa de los derechos se convierta en el hogar de la ciencia de la dignidad humana, dedicada a la solución de los graves problemas de nuestra sociedad.

El quinto aniversario es un primer punto de llegada, pero también un nuevo punto de partida. Mi compromiso para los próximos 5 años puede ser resumido en tres perspectivas.

En primer lugar, un mejor trabajo con las víctimas para que sus derechos sean protegidos. La AIDH tiene que acompañar, con su asistencia técnica, una política de gobierno con buenas prácticas para convertir a Coahuila en un ejemplo global de protección de los derechos.

En segundo lugar, tenemos que ofrecer una mejor educación con perspectiva de derechos humanos. La educación es la fuerza motriz de cualquier cambio duradero.

Finalmente, la consolidación internacional de la AIDH es fundamental. Somos parte de una red global que aspira a generar una mayor interacción con el mundo científico de gran nivel internacional.

¡Gracias, Luis Efrén! ¡Gracias equipo morado! Gracias a ustedes, en estos cinco años, he escrito las páginas más bonitas de la historia de mi vida. Aunque… lo mejor está todavía por llegar. #PorSiempre #YoSoyAIDH

*La autora es directora general de la Academia IDH
Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH