La Jornada
"La empresa se prestó a la compra de votos en favor del PRI"
Ciudad de México. Seis de la tarde con cuatro minutos. La caja de cobro número 11 de la tienda Soriana de Circuito Interior y Benjamín Franklin quedó paralizada. El cliente en turno pidió la cancelación de su cuenta: mil 255 pesos. No pasaron ni 30 segundos cuando sucedió lo mismo en las cajas dos, tres, cinco, nueve, 12 y 13. El desconcierto llegó.

Se trata de un boicot contra esa cadena de autoservicio, en el que participaron 30 estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Cuajimalpa, quienes forman parte del movimiento #YoSoy132. La razón: "La empresa se prestó a la compra de votos en favor del PRI en el pasado proceso electoral".

Unos 20 minutos antes, en parejas, los jóvenes ingresaron a la tienda. Tomaron carritos para llenarlos de fruta, refrescos, carne, botanas, cerveza, enseres para el hogar, dulces, cereales, jugos y otros artículos.

Se formaron en las cajas. Una vez ahí, sus compañeros ingresaron a Soriana con cartulinas y un megáfono en mano, sorprendiendo al equipo de seguridad.

"Venimos a informar que las elecciones estuvieron llenas de irregularidades. El PRI compró votos y Soriana fue cómplice. Queremos decir (a la empresa) que si boicotea a México, nosotros vamos a boicotearla", dijo uno de los universitarios.

Otros alzaban cartulinas (hechas minutos antes en la estación del Metro Juanacatlán, donde se reunieron) con frases como: "Soriana vendió a México. ¿Tú le vas a comprar?" "¿Cuánto durarán a tí y a tu familia tus mil pesos?" "Soriana, cómplice de la imposición".

Al verse rebasados, los empleados de seguridad rodearon a los manifestantes y los agredieron verbalmente, intentando sacarlos. En atención a clientes se puso música a altos decibeles. Pero ello no impidió que la protesta continuara 15 minutos.

Al ver la actitud de los guardias, una chica de plano le arrebató el megáfono a su compañero y expresó: "Esta empresa vendió al país. Los que compran aquí, háganse responsables de eso".

Sus compañeros colocaron cartulinas sobre los productos que los empleados comenzaban a retirar de las cajas para agilizar los cobros. En ese momento un cajero sujetó uno de los mensajes. Lo alzó, y casi para sí mismo dijo: Yo soy 132. Dos supervisores lo ubicaron, y con un gesto de reprobación le arrebataron el cartel. Quizá ayer fue su último día como trabajador de Soriana.

Algunos clientes que esperaban manifestaron su molestia. Incluso, algunos increparon a los estudiantes. Éstos respondieron con información y entregaron volantes. También hubo quienes los apoyaron, como Juan Carlos, vecino de San Pedro de los Pinos, quien al salir de la tienda les gritó: "Muy bien, chavos. Sigan así, que les duela vender este país".

Como despedida -antes de trasladarse al Soriana de Tacubaya, donde hicieron lo mismo-, los universitarios lanzaron un sonoro goya. Con ciertarabia, un guardia respondió: "¡Arriba el Cruz Azul!" La misma chica del megáfono volteó y le aclaró: "La UNAM no es sólo un equipo de futbol, es una universidad crítica".