Catón
Libidiano Pitongo hacía a sus amigos la narración de su última aventura erótica. "Estaba con una mujer casada -les relata-, cuando llegó el marido. Salté por la ventana, y eché a correr. El tipo me disparó un balazo. La bala me pasó tan cerca que la oí silbar". "¿En verdad la oíste silbar?"-le preguntan, asombrados, sus amigos. "Dos veces -confirma el tal Pitongo-. Una cuando la bala me pasó a mí, y otra cuando yo pasé a la bala"... La recién casada le dice a una amiga: "Mi marido y yo no nos podemos entender en la cama. A él no le gusta de lado, y a mí tampoco".
Libidiano Pitongo hacía a sus amigos la narración de su última aventura erótica. "Estaba con una mujer casada -les relata-, cuando llegó el marido. Salté por la ventana, y eché a correr. El tipo me disparó un balazo. La bala me pasó tan cerca que la oí silbar". "¿En verdad la oíste silbar?"-le preguntan, asombrados, sus amigos. "Dos veces -confirma el tal Pitongo-. Una cuando la bala me pasó a mí, y otra cuando yo pasé a la bala"... La recién casada le dice a una amiga: "Mi marido y yo no nos podemos entender en la cama. A él no le gusta de lado, y a mí tampoco". Le pregunta, extrañada, la amiga: ¿Y por qué no lo hacen como todo el mundo?". Responde la muchacha: "Porque si ponemos el televisor en medio le quita mucho espacio al cuarto"... Dos indocumentados habían tratado en repetidas ocasiones de atravesar la frontera. Los guardias norteamericanos los sorprendían siempre, y después de detenerlos los deportaban otra vez. A uno de ellos se le ocurrió una idea: "Vamos a pasar cubiertos con un cuero de vaca -le dice a su compañero-. Así no nos descubrirán" . En efecto, se consiguieron una piel de vaca, y cubriéndose los dos con ella caminaron, uno adelante y otro atrás, hasta pasar la frontera.  Se iban internando ya en territorio americano cuando el que iba atrás le dice a su compañero: "Alguien viene. Aprieta el paso". El que ocupaba el sitio de adelante se vuelve y le dice al otro: "El que viene es un toro. Tú aprieta todo"... Un priísta de larga militancia en su partido, y que ahora cumple funciones de tipo electoral, me dijo esto: "Los panistas, en los estados que gobiernan, hacen las mismas travesuras que hacíamos nosotros en las elecciones". No me extrañó su afirmación. Quien detenta el poder usa todos los medios a su alcance, legales y no tanto, para conservarlo. En eso consiste la política. Sólo que aquí el fin no justifica los medios. Aunque se quiera hacer un buen gobierno, es ilícito realizar acciones malas para conseguir el poder o mantenerlo. Los fines y los medios son inseparables; forman un tejido en cuya trama los hilos se implican unos a otros. El fin está en los medios igual que en la semilla el fruto. Si la semilla es mala, el fruto será malo. Si los medios son inmorales, o ilegítimos, el fin quedará contaminado por esa culpa de origen. Alguien ha dicho que el triunfo es como el bautizo; borra todos los pecados. No hay tal: quien ha recurrido a malos expedientes para alcanzar el poder quedará señalado, y muy posiblemente usará también en su ejercicio malos expedientes. Por encima de cualquier maquiavelismo la política no debe, ni puede, estar al margen de la ética. Hago un llamado a los políticos de todas las naciones para que ajusten sus procedimentos a los dictados del bien y la moral. Si no lo hacen, en estas mismas páginas denunciaré sus malfetrías, para baldón eterno de su nombre... Tras terminar la obra de la creación el Señor puso en el paraíso un buzón de quejas y sugerencias, para que las criaturas expresaran sus inquietudes. La gallinita escribió: "O me hacen más chico el huevo, o me hacen más grande el hoyo"... Doña Pomponona, mujer de abundante región glútea, fue a devolver el coche compacto que le había regalado su marido. "¿No le gustó, señora?" -pregunta el vendedor. Contesta doña Pomponona: "Sí me gustó, pero no me queda"... El inspector del tren sorprendió a una parejita haciendo el amor en la penumbra del vagón de primera. Les pidió sus boletos, y en la siguiente estación llamó a un policía e hizo dentener al muchacho. Éste protestó airadamente. Dice: "En el vagón no había nadie, y además el letrero dice solamente: `Se prohibe fumar'. No dice que se prohibe lo otro". "Es cierto, joven -responde el oficial-. Pero esa no es la causa de su detención. El inspector presentó una denuncia contra usted por hacer un viaje de primera con un boleto de segunda"... FIN.