<span></span>Sylvia Georgina Estrada
México.-El colorido intenso, los rostros expresivos, la exploración del propio cuerpo, la amplitud de los paisajes, las imágenes llenas de texturas y la visión cargada de asombro, son los elementos que caracterizan a la exposición Photo Shot.
Fotógrafos emergentes y consagrados exponen su obra en el Centro Cultural Universitario

Profesionales de la lente y jóvenes creadores comparten su obra fotográfica en esta muestra colectiva que se inauguró, el pasado jueves, en el Centro Cultural Universitario.

Son cerca de 100 imágenes las que puede observar el espectador en una muestra netamente universitaria en la que participan: Enrique Sifuentes, Sofía Guerra, Parménides Canseco, Roberto Castañeda, Orlando Rivera, Gabriela Campos, Samuel Magaña, Aarón Ramos, Miriam Mery, Rodolfo Hernández, Ascención Herrera, Esteban Sosa, Genaro García, Irasema Sánchez y Norma González.

El colorido intenso, el close up, los matices de la fotografía en blanco y negro, el contraluz, las líneas que dibujan figuras geométricas y el retrato son algunos de los elementos que pueden observarse en el trabajo de los 15 participantes.

Las fotografías en exhibición son tan distintas como sus creadores, lo que le otorga una esencia especial a este cruce generacional, en donde conviven el ojo experto y la mirada novísima que se inspira en amigos y lugares cotidianos.

Algunos autores emprendieron un viaje por el imaginario juvenil, apuestan por el asombro ante el mundo, por la honestidad y la frescura de quien da los primeros pasos en un terreno desconocido y seductor.

Existen piezas en las que el espectador juega con la imaginación, con las historias o ideas que pueden ser creadas a partir de sombras, de figuras, de colores y texturas.

También aparecen imágenes que no son espontáneas. La composición utiliza un escenario, un montaje visual en el que cada elemento ocupa un sitio especial y encierra una idea completa.

Hay quienes apuestan por la exploración intimista, por enfrentar su cuerpo y rostro a la cámara sin más intermediario que sus propias emociones. Pero del otro lado están los que optan por la belleza absoluta de los paisajes, por la búsqueda del lugar idóneo que otorgue al observador un sentimiento de serena contemplación.

Para muchos las imágenes se vuelven testimonio de sus propias inquietudes: la luz mortecina que ilumina apenas fragmentos del cuerpo, las venas y líneas de una hoja de árbol que semeja un paisaje micróscopico, los guiños de complicidad que se dirigen al espectador a través de títulos reflexivos.

Si bien las fotos expuestas hablan, en su mayoría, de la cotidianidad, se percibe que los fotógrafos no hicieron sus disparos al azar, que las obras son producto de una reflexión de la imagen, previa al manejo del obturador.

Pero más que una búsqueda de técnicas, de la luz adecuada, de la composición minuciosa que se planea durante cinco horas o la impresión cuidadosa en el laboratorio, el trabajo de estos creadores muestra al cazador de imágenes que busca crear un lenguaje estético propio.