LA JORNADA
México, D.F. .- La imagen idílica que se muestra en la película hollywoodense The Bodyguard es muy diferente a lo que vive un guardaespaldas día tras día. En sus labores no suele haber romance ni glamur, pero sí extenuantes jornadas de trabajo, falta de prestaciones, sueldos bajos y, muchas veces, rechazo de la población. Sobre todo, maltrato de sus patrones, por quienes llegan a dar la vida.
Carecen de seguridad en el empleo y el otorgamiento de prestaciones "es cuestión de suerte" y al antojo del empleador. Les escatiman bonos o ayudas monetarias extras, así como la atención médica que requieren cuando las cosas no salen como debían durante algún enfrentamiento armado.

Inclusive, quienes los contratan los obligan a realizar tareas que no son propias de su función. Por lo general, los patrones "no dan valor a lo que haces, no tienen claro el concepto de lo que eres. No eres chofer ni el de los mandados. Tampoco niñera ni perro de pelea", señala Carlos, quien lleva más de dos décadas en esta actividad.

Esta profesión es tan antigua como la civilización. Desde que hubo personajes que se consideraron "importantes" o "dignos" de ser protegidos, surgieron los guardaespaldas, escoltas o custodios. Protegen a políticos, empresarios, artistas, integrantes de la nobleza, de la jerarquía eclesiástica o simplemente a los más acaudalados, y a veces cuentan con preparación militar o policiaca.

De manera reciente, narraron escoltas a La Jornada, la tendencia ha sido optar por quienes no han tenido formación castrense o policiaca, debido a que los asocian con posturas rígidas y exceso de violencia, pero muchos patrones se van al extremo, pues contratan gente que no sólo no tiene esa formación, sino que carece por completo de entrenamiento y de los conocimientos básicos para brindar seguridad a su protegido. En este rubro, advierten, también están las denominadas versiones patito, que inundan el mercado.

Ignacio, que no es su nombre real pues prefirió el anonimato, habló sobre esa situación, que ha contribuido a mermar sus ya de por sí precarias condiciones laborales.

"De poco más de tres años para acá han bajado mucho los sueldos, porque están entrando al mercado muchas empresas de seguridad patito, que venden los servicios mucho más baratos, pero que cuentan con personal que muchas veces ni siquiera sabe manejar un arma. Nada de tácticas defensivas o evasivas. No saben de protección ante multitudes. Por eso nuestros sueldos han caído casi 30 por ciento. "Hay, por ejemplo, empresarios que contratan personal de esas compañías. Se pasan la voz de que están pagando menos por su resguardo y a muchos les bajan los salarios, pero ellos no se preguntan realmente cuánto vale su vida. Ahorran en algo que en sus niveles no es recomendable. Aquí, es muy cierto, lo barato sale caro, tanto como la vida misma."

En general, los sueldos "buenos" oscilan en poco más de 16 mil y hasta 18 mil pesos al mes, cuando se trata de un escolta que tiene a su cargo la coordinación de otros elementos, pero hay grandes empresas que pagan incluso "25 mil pesos al mes. Ésas se pueden contar con los dedos". Aunque manifiestan que esas percepciones superan el salario mínimo, consideran que no corresponden al riesgo que conlleva la actividad ni a las jornadas laborales.

César, quien estuvo en el Ejército, coincide en que los sueldos llegan a ser "raquíticos: 2 o 4 mil pesos a la quincena".

En cuanto a la aparición de empresas patito, manifestó que éstas aún tienen la idea de que para ser escolta hay que "estar muy alto, tener cara de perro y ser muy fornido, porque los conciben como gente para pelea, cuando la realidad es que un buen escolta debe evitar problemas a su patrón y no ocasionárselos".

Apuntó que dichas agencias, "con su mal entendido concepto de escolta", ofrecen servicios con gente que "ante situaciones difíciles no sabe cómo reaccionar. A veces no tienen ni idea de cómo tomar un arma ni quitarle el cargador. Tampoco aplicar la sicología para analizar a los eventuales agresores. Mucho menos, que el último recurso debe ser sacar el arma".

En cuanto a las jornadas de trabajo, éstas son superiores a las ocho horas establecidas en la ley laboral. La mayoría sólo tiene un día de descanso y trabaja desde las primeras horas de la mañana hasta la madrugada. "Y si el patrón tiene compromisos sociales el fin de semana, perdemos nuestros descansos. Estos horarios originan que nuestras vidas familiares sean difíciles. En mi caso veo a mis hijas dormidas, porque salgo muy temprano y llego muy tarde. Es tanta nuestra ausencia, que cuando empiezas en este trabajo te advierten que si eres casado te divorciarás; sin embargo, eso no me ha ocurrido", comentó Ignacio, jefe de escoltas de un importante empresario.

En opinión de César, trabajar para un político es, en cierta forma, mejor que para otro tipo de "personajes", por ejemplo artistas, debido a que éstos suelen ser menos afables, más temperamentales y déspotas.

"Por lo general, el político no se mete contigo. Te deja trabajar. No es tan exigente como un artista. A mí me han tocado políticos que se portan bien, que se preocupan hasta por nuestra comida. Incluso preguntan por la familia. No sé si de manera sincera o no, pero al menos lo hacen. En cambio, a compañeros que trabajan con luminarias ni un vaso de agua les ofrecen. Tampoco tienes que andar pegado a tu patrón, especialmente cuando son altos políticos, porque prefieren que haya más discreción. Ni muy lejos ni tan cerca de él o ella. Sólo lo suficiente para que no les suceda lo que a Luis Donaldo Colosio."