La Paz, Bolivia.- El "Che" Guevara fue capturado y asesinado hace 40 años en Bolivia porque lo abandonaron Cuba y los comunistas bolivianos, porque tenía a la URSS y EU en contra, porque estaba enfermo, hambriento y extraviado en una región agreste y despoblada, sin reclutas, comunicaciones ni provisiones.
Y él lo sabía: su diario incluye numerosas alusiones al desastre.

Días antes de rendirse, el 8 de octubre del 67, en una quebrada remota del país más pobre de Suramérica el "Che" resumió en dos líneas el fracaso de su odisea boliviana:

"El Ejército está mostrando más efectividad en su acción y la masa campesina no nos ayuda en nada y se convierten en delatores".

Aquel día 8, en la quebrada del Churo, a siete meses de comenzar los combates, "rangers" bolivianos guiados por agentes de la CIA emboscaron a lo que restaba de una guerrilla con la que el "Ché" anhelaba encender "un Vietnam, dos Vietnam, tres Vietnam".

Tras morir varios compañeros y resultar él herido -con su arma inutilizada por un disparo- no tuvo más opción que rendirse, y gritó: "Soy el Che. No disparen más".

El 9, cuando el sargento Mario Terán -que actuaba por orden del dictador René Barrientos- entró borracho en la escuela de la aldea de La Higuera donde el Che estaba recluido, el guerrillero le dijo: "Usted ha venido a matarme".

Luego preguntó por compañeros apresados y, con voz de mando, ordenó a su verdugo: "Serénese y apunte bien. Va usted a matar a un hombre".

Así lo relató Terán al entonces ministro del Interior, Antonio Arguedas, y agregó: "Cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El 'Che', con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y comenzó a regar muchísima sangre".

"Recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en un hombro y en el corazón. Ya estaba muerto", concluyó el sargento que ayudó a convertir una derrota patética en plataforma de lanzamiento de un mito mundial que desde entonces ha vendido millones de carteles y camisetas.

Terán pertenecía a un ejército que perdió a manos de países vecinos la mitad del territorio que tuvo alguna vez Bolivia y que solo ganó una guerra, la del "Che", y porque entonces tuvo ayuda de militares y agentes estadounidenses.

A Ernesto Guevara de la Serna, nacido en 1928 en una familia argentina de abolengo venida a menos, descendiente del virrey español José de la Serna (último escollo de la independencia suramericana), querían eliminarlo las dos superpotencias de su época: la Unión Soviética y Estados Unidos.

Algunos historiadores exculpan al líder cubano, Fidel Castro, de haberlo abandonado en Bolivia, incluso de mandarlo a sabiendas de que repetiría el fracaso del Congo, con el argumento de que fue obligado por sus padrinos soviéticos, a quienes no convenía la nueva aventura del "Che".

El argentino Pacho O'Donnell, en su biografía de Guevara, lo resume: "Como descargo para Fidel, señalemos que la presión política de los soviéticos, de quienes dependía la subsistencia de su Gobierno, era muy grande".

Los partidos pro-soviéticos de Latinoamérica, empezando por el boliviano, criticaron y sabotearon el proyecto del "Che".

Terminó incomunicado con La Paz y La Habana, perdido en una zona donde los escasos lugareños eran propietarios de pequeñas parcelas y nada susceptibles a su prédica.

Nueve días antes de morir escribió: "La tarea más importante es zafar y buscar zonas más propicias".

Su guerrilla de 23 bolivianos, 16 cubanos, 3 peruanos y un argentino (él) estaba reducida para entonces a un tercio por muertes en combate, capturas y deserciones, relata el historiador boliviano Roberto Querejazu.

También hubo bajas por accidentes en los despeñaderos y ríos torrentosos de la región del Río de Oro que había escogido Guevara, ignorante de casi todo lo referente a Bolivia.

Los historiadores anotan que antes de rendirse ya estaba vencido por sus propios errores, las traiciones de supuestos amigos y la manigua infestada de insectos.

Entre los 17 sobrevivientes de sus últimos día -tan hambrientos y sedientos que algunos bebieron su orina- había muchos heridos o enfermos, incluido él.

Sufría un asma agravada por las marchas por riscos y quebradas, especialmente cuando el ejército retiró los medicamentos para ese mal de los hospitales y farmacias del área de operaciones.

Lo peor, según su diario, es que aparte de los comunistas bolivianos entrenados en Cuba, no logró reclutar a indios y mestizos del lugar, ni siquiera uno que les dijera dónde estaban.

"Falta total de contacto con Manila (Cuba, en clave)... Falta completa de incorporación campesina", escribió en mayo.

En una carta que envió a Castro en 1965, cuando fracasó su odisea africana de siete meses, Guevara decía: "No podemos liberar solos un país que no quiere luchar".

Quizá olvidó aquella lección al emprender su peripecia boliviana.