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La Jornada
Los festejos inician con la apertura de una muestra sobre la historia de ese reservorio
México, DF. Custodia de un invaluable acervo bibliográfico y documental, la Biblioteca Nacional de México (BNM) cumple 85 años al cuidado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Los festejos se inician hoy con la inauguración de una exposición alusiva a la historia del recinto, instituido en 1867 por un decreto del presidente Benito Juárez, que a 147 años de distancia cuenta con un acervo de más de un millón 250 mil libros y documentos que representan tesoros para la historia nacional.

Los orígenes de ese reservorio –que hoy se ubica en uno de los edificios más representativos de la zona cultural de Ciudad Universitaria– se remontan a 1828, cuando el Congreso recibió por primera vez la iniciativa de crear una Biblioteca Nacional, la cual no prosperó.

Después hubo tres intentos más para echar a andar el proyecto: uno en 1833, impulsado por Valentín Gómez Farías y José María Luis Mora; otro en 1846, y el último entre 1856 y 1857, refirió Alberto Padilla Gómez, integrante del Proyecto de Fondo Reservado de la BNM del Instituto de Investigaciones Bibliográficas (IIB) de la UNAM.

Fue hasta la consolidación del gobierno juarista cuando se concretó. "Es en 1867, con la fortaleza del Estado y el triunfo de la República, lo que permitió no sólo plantear las ideas, sino incluso contar con un edificio como su sede. Se trata del antiguo templo de San Agustín, ubicado en la esquina de Isabel la Católica y Uruguay", recordó el académico universitario.

Decreto del presidente Juárez

En el decreto presidencial de Juárez, publicado el 30 de noviembre de 1867, se ordenó que se dispusiera de todos los libros de los antiguos conventos, al igual que aquellos de las bibliotecas que pertenecían a la Catedral de la ciudad de México. Ejemplares con los que la BNM se inauguró en 1884, informó Guadalupe Curiel Defossé, directora del IIB de la UNAM, instituto que administra el reservorio.

El año 1929 no fue el primero en que la Universidad Nacional tuvo el resguardo de esta biblioteca. En 1914, en medio de la revuelta revolucionaria, el gobierno federal decidió entregar por primera vez esos acervos a la institución académica con la finalidad de que fuera protegido.

En 1921, al término del conflicto armado, la BNM fue devuelta a las autoridades federales y se incorporó a la Secretaría de Educación Pública.

Sin embargo, a partir de ese año y hasta diciembre de 1928 en este espacio se dieron varios problemas administrativos, lo que llevó a que se optara por entregar la custodia una vez más a la UNAM, la cual se concretó con la declaratoria de autonomía de la casa de estudios, en julio de 1929.

Junto a la BNM también la Hemeroteca Nacional pasó a formar parte del patrimonio universitario. El objetivo era claro: custodiar, preservar y difundir la memoria escrita de la nación.

Entre sus acervos se pueden hallar tesoros para México y el mundo, como el Fondo Reservado, que se constituye con todos los materiales de las bibliotecas de colegios y conventos, como los de la Catedral Metropolitana, de las órdenes religiosas y los de la Universidad Pontificia de México; la colección de José María Lafragua –formada por documentos coloniales y del siglo XIX–; la Sala o Colección Mexicana, integrada por impresos realizados en México durante la Colonia.

También las bibliotecas personales de personajes como Guillermo Prieto, Leopoldo Río de la Loza, Antonio Mier y Celis –esposo de Isabel Pesado, quienes dejaron un donativo con el que se formó la fundación Mier y Pesado–, Andrés Clemente Vázquez, Victoriano Salado Álvarez y Carlos Pellicer, entre miles.

Alberto Partida definió este espacio como heredero del pensamiento liberal para la difusión del conocimiento, el cual a lo largo de su historia ha cumplido con ese propósito.

La directora del IIB, por su parte, aseguró que la UNAM es garante de que esa memoria cultural –bibliográfica y hemerográfica– se encuentre en las mejores condiciones.

Para confirmarlo –agregó– basta ver la funcionalidad de los repositorios, así como la seguridad y acondicionamiento de los materiales.

Y aunque el recinto se encuentra en territorio universitario "no deja de ser una entidad nacional, cuyos propietarios somos absolutamente todos los mexicanos".

Materiales en formato digital

Los avances tecnológicos en el ámbito de la informática –indicó Curiel Defossé– han permitido contar con recursos y herramientas para el desarrollo de estos materiales en su formato virtual, como el caso de la Hemeroteca Nacional Digital de México, que tiene más de 9 millones de páginas digitalizadas consultables dentro de las instalaciones, y alrededor de 5 millones vía Internet.

En esa misma línea y con la mirada en el futuro, la BNM empeña sus esfuerzos en la preservación del patrimonio documental mediante acciones encaminadas a cumplir sus objetivos. "Hoy contamos con los apoyos necesarios para iniciar el Fondo de Origen de la Biblioteca Nacional Digital de México".

Estará integrado por las colecciones José María Lafragua e impresos novohispanos, conocida como Sala Mexicana –que incluye ejemplares de la imprenta en el país, desde 1554 hasta 1910–, a lo que se sumará lo aportado por la BNM a la Biblioteca Virtual de las Letras Mexicanas, nodo mexicano de la Biblioteca Virtual Cervantes.