Redacción
Texas por mucho tiempo ha sido el estado de más altas ejecuciones. En el año 2000, éste aplicó la pena de muerte a prisioneros convictos a un índice de casi uno por semana. El gobernador George W. Bush parecía orgulloso de rehusar las apelaciones por demencia.
El "determinador" era conocido por pasar tan poco como 15 minutos revisando un caso de muerte. En un ejemplar de la revista Talk, Tucker Carlson reportó que Bush imitó la súplica de un doble asesino en fila de muerte, frunciendo sus labios en remedo de desesperación y susurrando, "Por favor no me mate". (Bush más tarde dijo que "Carlson había leído mal, y me malinterpretó".)

Texas todavía representa más de la mitad de todas las ejecuciones en los Estados Unidos. Pero está sucediendo algo extraño en el estado que ha ejecutado más prisioneros que ninguno otro desde que la Suprema
Corte de Estados Unidos revivió la pena de muerte en 1976 después de una breve interrupción.

Los procuradores de Texas están menos dispuestos a investigar, y los jurados están menos dispuestos a otorgar la pena capital por asesinato agravado. En 2006 solamente 15 convictos de Texas fueron sentenciados a muerte, en comparación con 34 una década antes. Texas refleja una tendencia nacional: las sentencias de pena de muerte en 38 estados ayudaron a que la pena capital bajara de 317 en 1996 a 128 en 2005, el último año del cual existen estadísticas disponibles.

Métodos demasiado falibles

Las encuestas que muestran apoyo popular para la pena capital son relativamente altas, aproximadamente un 65 por ciento. Pero cuando se trata de llevar a cabo las sentencias de muerte, la gente involucrada -jueces y jurados, procuradores y oficiales de prisión- están empezando a retroceder, o al menos estirar hacia atrás. Lo que es aceptable en teoría parece cada vez menos tolerable en la práctica.

Ciertamente, la Suprema Corte ha llamado al menos a un alto temporal en las ejecuciones mientras examina los puntos finos de matar convictos a través de inyectar químicos letales en sus venas. "La pena de muerte puede definirse con un lloriqueo, no se necesita una revolución de gran moral", dice Richard Dieter, director ejecutivo de Centro de Información de Pena de Muerte en Washington, D.C.

El nuevo rechazo a castigar matando es parte de una tendencia histórica. Hubo una época cuando la muerte y la tortura eran deportes de espectador, cuando las multitudes se amontonaban para ver a los prisioneros cuando eran arrastrados, descuartizados o decapitados. En algunas partes del mundo, la costumbre de azotar y apedrear a los condenados sigue siendo un espectáculo público. Sin embargo en el siglo 19, supuestamente los estados "iluminados" empezaron a buscar maneras más humanas de aplicar la justicia final -matar a la gente sin causarle demasiado sufrimiento, ya sea a las víctimas o a sus ejecutores. Las autoridades intentaron el ahorcamiento, los escuadrones de tiroteo, electrocuciones, cámaras de gas y, más recientemente, la inyección letal. Cada método se suponía era una mejoría sobre el anterior.

Sin embargo los resultados podían ser espantosos. Demasiado dependía en las desiguales destrezas de los ejecutores. El ahorcamiento con lazo corredizo tenía que ser bien manejado. Una caída demasiado corta y el prisionero se estrangulaba lentamente. Una caída demasiado larga y el prisionero podía quedar decapitado. Los testigos de las ejecuciones en la silla eléctrica han observado, horrorizados, las flamas que salen disparadas de la cabeza del prisionero. En Arizona en 1992, el procurador general del estado vomitó, y el guardia de la prisión amenazó con renunciar después de observar la lenta agonía de muerte de un hombre en la cámara de gases. Ahora no muchos médicos están dispuestos a jugar alguna parte en una ejecución, y los guardias de prisión con frecuencia se quejan de poco o nada de entrenamiento.

La inyección tampoco es lo mejor

La inyección letal es menos violenta que un escuadrón de tiroteo y menos espantosa que la silla eléctrica. En la mayoría de los estados, a los prisioneros se les da un "cóctel de tres drogas", un sedante para ponerlo a dormir, un agente paralizante para impedir que forcejee (o que respire) y una droga para detener su corazón. Sin embargo, las manos se estremecen y los guardias algunas veces fallan al insertar la aguja, y las venas pueden ser difíciles de encontrar en un recluso que era un adicto a las drogas. En Ohio, un prisionero levantó su cabeza para decir "no está funcionando" y en Florida, un prisionero aguantó los químicos ardientes en su brazo mientras gimió por casi media hora. Inevitablemente, la defensa empezó a atacar al cóctel como un "castigo cruel e inusual", prohibido por La Octava Enmienda a la Constitución.

La Suprema Corte ha impuesto una moratoria de facto en la inyección letal mientras espera escuchar alegatos orales este enero en "Baze y Rees", un caso que pudo determinar si es que, o bajo qué condiciones, podía ser usada la inyección letal como pena capital. Puede ser que los estados opten por dar a los prisioneros una dosis masiva de barbitúricos -el método preferido para eliminar a las mascotas enfermas. En teoría, al menos, la alta Corte defenderá una "mejor" forma de inyección letal, disminuyendo una onda de ejecuciones. Sin embargo, el hecho de que las autoridades del estado y los jurados puedan acabar con los humanos como perros sigue siendo debatido. Una sola droga puede tomar más tiempo para funcionar -prolongando los dolores de muerte.

Tratar de no recurrir a la muerte

Los jurados y procuradores se están desviando de la pena de muerte debido a que están tanto más y menos temerosos: más aprehensivos acerca de matar a los inocentes, y menos temerosos del delito. En la década pasada, el uso del examen de ADN en delincuentes erróneamente convictos ha volcado las sentencias a prisión por cuando menos 200 reclusos a nivel nacional (aproximadamente 15 de ellos sentenciados a muerte).

En el año 2000, Illinois declaró una moratoria en ejecuciones después de que una fila de 13 reclusos sentenciados fue exonerada. En 1980, cuando el crimen violento estaba surgiendo con la edición a la cocaína en las ciudades, los estadounidenses demandaron justicia retributiva. Pero cuando los índices de muerte cayeron en la década de los 90's y los pocos primeros años del nuevo siglo, los jueces se hicieron más clementes en los casos capitales.

Al mismo tiempo, los procuradores empezaron a ser precavidos de buscar la pena de muerte. Una serie de decisiones de la corte requirió que más estados proporcionen abogados competentes para los acusados de criminalidad en casos de pena de muerte. Mejores abogados defensores podrían estancarse y maniobrar, aumentando el costo para el estado de llevar un caso capital. Entre más astutos hayan sido los abogados especialmente buenos al introducir "circunstancias mitigantes" en esos casos, argumentando que el abuso sufrido por el asesino cuando era niño, ayuda a explicar el horrible delito que cometió él o ella.

Desde 1982, de acuerdo con la Política de Perspectiva de Nueva Jersey, un "think tank", el estado ha gastado más de 250 millones de dólares en la pena de muerte, aproximadamente 11 millones al año -sin ejecutar a un solo prisionero. Con los costos legales en aumento, los estados están buscando un pago más barato para las sentencias de cadena perpetua en las prisiones.



Inyección letal ¿Cómo funciona?

La inyección letal es un método de ejecución que consiste en inyectar por vía intravenosa y de manera continua una cantidad letal de un barbitúrico de acción rápida en combinación con un producto químico paralizante. El procedimiento es similar al utilizado en un hospital para administrar una anestesia general, pero los productos son inyectados en cantidades letales. En Texas, uno de los 19 estados de Estados
Unidos en los que la ejecución se realiza por inyección letal, se usan tres sustancias conjuntamente: tiopental sódico, bromuro de pancuronio y cloruro de potasio.

El tiopental sódico es un barbitúrico de acción muy rápida que hace perder el conocimiento al preso, la segunda es un bloqueador de placa mioneural no despolarizante, que paraliza el diafragma, impidiendo así la respiración, y el cloruro de potasio despolariza el músculo cardíaco provocando un paro cardíaco.

Actualmente se debate en Estados Unidos, en los estados donde está establecido este sistema de inyección de las tres sustancias como sistema de ejecución, si realmente produce una muerte indolora o existe sufrimiento por parte del condenado.