Excelsior
México, D.F.- Abogada de narcotraficantes, Silvia Raquenel Villanueva debería estar muerta. Los narcos han querido ejecutarla cuatro veces. Lleva 10 balazos en el cuerpo: tres en el estómago, uno en el glúteo izquierdo, dos en la pierna derecha, dos en el costado y dos tiros de gracia en la cabeza.
Le ha pasado todo y, a la vez, no le ha pasado nada. Los mafiosos la han condenado a muerte; el Gobierno la arraigó 90 días, y sigue activa. Trabajando, como si nada, en su despacho de abogada.

"No me he muerto porque Dios no quiere chingaderas en el cielo", afirma Raquenel, sentada en el escritorio de su oficina, mostrando una saludable sonrisa.

El despacho está tapizado de cristos, santos y vírgenes de Guadalupe. Son más de 50 imágenes religiosas distribuidas en repisas y paredes. La principal tiene un Cristo moreno. Su librero, una Virgen de madera. Sobre el escritorio hay cristos en lugar de tecolotes, como si se tratara de la oficina de un sacerdote y no la de una abogada.

-¿A qué santo se encomienda?-

"A Jesucristo. Cuando me levanto, me encomiendo a él. Cuando me duermo, le agradezco porque me dejó terminar el día y le pido perdón por lo que no hice en el día.

"Y todos los domingos voy a misa, desde niña. Con él, me siento acompañada".

-¿Tiene más vidas que un gato?-

"Llevo cuatro atentados. Así que me quedan tres vidas".

-¿Por qué no se ha muerto?-

"No lo sé. No sé por qué estoy viva. Mi papá dice que es porque tengo la cabeza muy dura".

-¿Cuándo fue la primera vez que defendió a un narco?-

"Mi primer caso fue el hermano de una amiga. En 1992. Lo detuvieron con una tonelada de mariguana y lo saqué absuelto.

"Desde ahí, empezaron a venir personas que no te puedes imaginar. Llegué a tener hasta 30 detenidos. Mis maestros me decían que yo iba a ser penalista, y yo les decía que no, y ahora me dicen:
`no que no'. Y yo les digo: `pues ustedes me echaron la sal'".

-¿Tuvo algún amigo abogado que haya sido ejecutado?-

"Sí, claro. A dos grandes maestros míos: al licenciado Agapito Garza Treviño y al licenciado Leopoldo del Real Ibáñez. Del primero aprendí mucho, lo mataron saliendo de un restaurante. Y al segundo no le temblaba la mano, y lo mataron un año después en Monterrey. Él siempre me dijo: `Nomás acuérdese de una cosa, que este ambiente es muy difícil, y usted tiene que ser una hija de la
chingada para que la respeten'".

-¿Por qué matan a un abogado? ¿Cuáles son los errores que les cuestan la vida?-

"Cuando prometen lo que no pueden cumplir. Y cuando cobran lo que no hacen. Eso es lo principal, pero hay mil cosas.

"A veces es porque los clientes traen sus problemas personales y eso repercute en gente que está a su alrededor. A mí hay muchos clientes que me deben, pero prefiero que se vayan sin pagar, a que digan: `Le pagué y no hizo nada'. Yo no cobro por adelantado. Cobro por resultados".

-¿Cuál ha sido su error?-

"Mi delito es ser mujer. Ser mujer en un mundo de hombres acostumbrados a la corrupción y a lo sucio. Una mujer no se usa en esto. No nos quieren ver esto (se toca con su dedo la cabeza).
Quieren ver artículos que no vienen en el Código (se toca las nalgas). Una vez cacheteé a un juez. Y no me querían por hocicona".

-¿Qué está pasando con los narcos? ¿Por qué se están matando más que nunca?-

"Los narcos ya no tienen ética. Antes sabían serlo y respetar a la gente. Eran narcos con palabra. Hasta para eso hay que tener honor, porque ya no hay de esos. Ahora los nuevos narcos son puros delincuentes".

-¿Usted cree que sí hay un acuerdo entre narcos para bajar la delincuencia?-

"A quienes nos toca, por el ejercicio de la profesión, estar en este ambiente, lo hemos visto. Aunque yo quisiera pensar sinceramente que estos índices bajaron por todas las campañas que ha hecho
el Gobierno Federal. Cada sociedad tiene la delincuencia que permite que haya. Y qué lamentable que esta inseguridad haya bajado porque dicen que hubo arreglos, cuando esto debería ser porque los operativos han funcionado".

-¿Qué les dice a sus clientes cuando llegan?-

"Yo les digo: `Dios te está dando una oportunidad, porque tú sabes que hay muchos que no llegan ni a la prisión'. Les digo: `valore a su familia'. Y me personalizo mucho con mis clientes. Y realmente sé la verdad de la película. Porque una cosa es la verdad histórica y otra es la verdad fabricada".

-¿La arraigaron por participar en el secuestro de un funcionario de PGR?-

"Fue un arraigo fabricado. La casa de arraigo es únicamente para venganzas políticas y para venganzas de funcionarios corruptos. Ahí hay gente que incurrió en delitos graves, pero también hay muchos que son inocentes y son liberados después de 90 días".

-¿Usted se considera narcoabogada?-

"No. Porque estamos a una rayita de que se nos involucre de un momento a otro, cuando se les olvida que los abogados tenemos el secreto profesional. "Es como un médico que atiende al enfermo,
sin importar quién sea. O el sacerdote que confiesa a todos, sin preguntar quiénes son. Lamentablemente hay muchos abogados que los han matado, pero son muchas circunstancias. No se vale que nos juzguen por igual.

"A mucha gente yo no le cobro. De cada cinco asuntos, dos son gratuitos. Y vieras qué bonitas son las bendiciones que te da esa gente. Yo creo que por eso estoy viva".

-¿Qué piensa cuando ve que ejecutan o levantan a una persona?-

"Pienso que no debemos prejuzgar. Porque si al que levantaron era un elemento de la policía, dicen: `Ah, no, pues ¿en qué andaría?'.

"Es muy fácil prejuzgar, juzgar a la gente cuando realmente no sabemos. Yo sí me atrevo a decir que siempre se van con los de abajo. Siempre detienen sólo a los policías. Yo sí se los he dicho. Y
han de decir pues la abogada es abogada de delincuentes, pero soy su abogada, no su protectora".

-¿Cómo fue su primer atentado?-

"El primero fue aquí. Pusieron un artefacto explosivo, que se supone que tenía que entrar y destruir esta oficina. Pero el artefacto se incrustó en una cruz y no pasó a mayores. La Maña, o quien haya
sido, no pudo hacer nada ante Dios.

"El segundo fue en la Ciudad de México, iba acompañada del licenciado Cuauhtémoc (Herrera Suástegui), en aquel entonces era funcionario, y fue cuando me dieron un disparo en la espalda y en
la cabeza.

"En esa ocasión me tocó que me ayudaran cuatro personas, gente muy querida y que fueron importantes, hoy ya fallecidos. Era mi comadre, la madrina de mi hija. Otra amiga que fue como si fuera
mi segunda madre. Un abogado, que fue el que me ayudó, en paz descanse. Y el papá de una amiga. Son cosas que dices tú, `Estás loca'; no, no estoy loca, estoy feliz porque Dios me ha dado la
oportunidad de conocerlo".

-¿Cómo fue el tercero?-

"El tercer atentado fue nuevamente aquí. Ahí está San Judas, tiene dos balazos. Él se puso enfrente. Entraron los de la ambulancia y no sabían ni cómo estaba viva. El muchacho, el último, antes de
irse, me disparó el tiro de gracia. O será que tengo la cabeza muy dura".

-¿Y el cuarto?-

"Fue saliendo de los juzgados de Distrito. Me rafaguearon con rifles R-15. Ya para entonces traía mi escolta y ellos me cubrieron. Y gracias a Dios no pasó nada. Y aquí estamos todavía tratando de
hacer lo que Dios quiere que yo haga, ayudando a quien realmente lo necesita".

-¿Conoció a Dios cuando la balearon?-

"Así es. Cuando me balearon la segunda vez, Dios se dejó ver. Me dejó verlo".

-¿Y cómo era?-

"Se te alumbra todo. Y vi su imagen, su luz. Era Dios. Yo sentí que me dijo: `Aquí estoy, hija'. El mensaje que me dio fue: `Oye, amiguita, te dejé para que jalaras, no para que te fueras a esconder
ni para que te pusieras a llorar'. Y entendí que mi misión es defender a los que lo necesitan".

-Y si el Diablo le pidiera que usted fuera su abogada, ¿qué haría?-

"Escucharía su caso. Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad". (Excélsior)


HONOR

"Los narcos ya no tienen ética. Antes sabían serlo y respetar a la gente. Eran narcos con palabra. Hasta para eso hay que tener honor, porque ya no hay de esos. Ahora los nuevos narcos son puros delincuentes". Silvia Raquenel Villanueva, litigante.