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México.- En México existen grandes sectores de la población que están ausentes de la toma de decisiones y, por ende, de los beneficios que éstas pueden representar, señalaron expertos en el Seminario Latinoamericano "De qué democracia hablamos".
En el marco del encuentro, Emilienne de León, integrante de la Red Mexicana de Investigadores de la Sociedad Civil (Remisoc), y Rigoberto Gallardo, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) de Guadalajara, opinaron que es impensable que en el corto plazo se dé un pacto de cohesión social.

Explicaron que no existen espacios reales de diálogo en la búsqueda de concertación con los sectores menos favorecidos, como los sindicatos, organizaciones campesinas y partidos de oposición.

Al respecto, indicaron que el mayor espacio de diálogo está en el Congreso, donde se dan más posibilidades de lucha política y no de concertación estéril.

Sin embargo, advirtieron, ello no implica que el resto de la sociedad esté integrada en ese diálogo y siguen siendo las élites y los poderes fácticos los que marcan la agenda.

A pesar de los esfuerzos de participación ciudadana a nivel local y municipal, en formulación de presupuestos y programas, lo cierto es que la decisión final de cómo se ejecuta la política está dada por los poderes y no por la sociedad en general.

Expusieron que la sociedad, en cierta medida, está apática, porque la democracia prometía resultados de bienestar y ello no se ha dado.

Los especialistas mencionaron en la mesa cuatro "Los contenidos del acuerdo básico en América Latina", que la pregunta central en este seminario ha sido si existen posibilidades de crear espacios de concertación y diálogo encaminados a un pacto de cohesión social en la región.

Así, se analizan los saldos del modelo económico implantado desde hace más de dos décadas en América Latina, y la caída de ciertos mitos.

Ello, expusieron, dificulta la posibilidad de pensar en una cohesión social del tipo que la Unión Europea ha planteada para sí misma y que aplica a través de mecanismos concretos que los países arman a través del gasto público para disminuir brechas de desigualdad, que es lo que genera cohesión social.