El Universal
Según algunos expertos, una obsesión extrema con la comida saludable es sencillamente un síntoma, no una causa, de un trastorno de la alimentación
El sodio es lo que más le preocupa a Greye Dunn. También piensa en las calorías, y en si está tomando suficientes vitaminas. Pero es el sodio el que realmente le da miedo.


"El sodio hace que tu corazón lata más rápido, así que puede provocar algo grave", indicó Greye, un niño de ocho años que vive en Nueva Jersey.

Su mamá, Beth Dunn, presidente de una compañía multimedia, está orgullosa de los conocimientos nutricionales de su hijo, y lo alienta sirviéndole alimentos orgánicos y ayudándole a leer las etiquetas en cajas y latas.

La señora Dunn, señala una nota de The New York Times online, es una de los numerosos padres que vigilan el consumo de azúcar, alimentos procesados y grasas trans de sus hijos. Muchos tratan de seguir una dieta orgánica. En general, sus preocupaciones no surgen de un temor por la obesidad, aunque también importa, sino del deseo de proteger a sus familias de enfermedades como diabetes y problemas cardiacos, que en su opinión pueden ser evitados, o al menos controlados, con una dieta cuidadosa.

Aunque casi ningún experto criticaría a los padres por estar al pendiente de las dietas de sus hijos, muchos doctores, dietistas y especialistas en trastornos de la alimentación están preocupados de que algunos padres se están volviendo fanáticos, incluso obsesivos, de los esfuerzos por inculcar hábitos de alimentación sanos en sus hijos. Con la mejor intención, estos padres podrían estar creando una sensación negativa en torno de los alimentos.

"Vemos mucha ansiedad en estos niños", indicó Cynthia Bulik, directora del programa de trastornos de la alimentación de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. "Van a fiestas de cumpleaños y sienten que no deben comer si el pastel no es de granola. La cultura los ha convencido a ellos y a sus padres de llevar las recomendaciones de salud pública al extremo".

Tiffany Rush-Wilson, asesora de trastornos alimentarios en Ohio, indicó que "muchos niños y adolescentes se quejan de que sus padres manejan su alimentación hasta el último detalle basándose en sus propios estándares y creencias de salud. La forma de comer de los niños se vuelve muy restringida, y así es como llegan conmigo".

No todos los padres que son estrictos con la comida están propiciando un trastorno alimentario en sus hijos. Trastornos como la anorexia y la bulimia tienen una variedad de causas, entre ellas la genética, los medios masivos y la presión social. Según algunos expertos, una obsesión extrema con la comida saludable es sencillamente un síntoma, no una causa, de un trastorno de la alimentación.

Lisa Dorfman, dietista registrada y directora de nutrición deportiva y desempeño de la Universidad de Miami, dijo que a menudo ve niños a quienes les aterrorizan los alimentos considerados "malos" por sus padres. "Es un temor a morir, un temor a enfermarse; una visión alucinante de la comida en general", explicó. "He visto niños cuyos padres los han hipnotizado y niños de cinco años que hablan como si tuvieran 40. No pueden comerse una galleta dulce sin preocuparse por las grasas trans".

Por su parte, Laura Collins, cuya hija padeció anorexia después de que ella fue demasiado estricta con su alimentación y después escribió un libro sobre esa experiencia, consideró que "es una tragedia que hayamos desarrollado esta relación moralista, restrictiva e infeliz" con la comida. "Creo que está volviendo locos a los niños y chupándole la vida a nuestra relación con los alimentos". (Traducción: Gregorio Narváez).