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Bancos centrales, a trabajar

Opinión
/ 14 enero 2022
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Ante una inflación que no cede, no sólo en México sino en todo el mundo, los bancos centrales de cada país empezarán a cambiar sus políticas monetarias de una manera importante, todo con el objetivo de reducir los aumentos sostenidos de precios. El mundo se pregunta por qué está sucediendo esto cuando el más básico de los libros de texto explica que si los bancos centrales o los gobiernos utilizan políticas monetarias expansivas, como dar dinero por cualquier razón o bajar los impuestos para que la gente compre más, sin aumentar la base de la producción, la consecuencia es sencillamente el encarecimiento de los productos y los servicios. Hay más dinero, pero siguen siendo los mismos productos en los mercados. Esta es la razón de lo que estamos viviendo en la actualidad.

Ahora, los bancos centrales como el Banco de México, son los responsables del control inflacionario como primera responsabilidad. Para ello utilizan una de las medidas que más le duele a los ciudadanos, el aumento de las tasas de interés. Es muy mal recibida esta estrategia por la sociedad y tiene el poder hasta de derribar gobiernos, como ha sucedido en Turquía, Colombia y desde luego en África mediterránea. Al aumentar el precio del crédito bancario, transmitido a la banca comercial de inmediato vía precios del dinero, las tarjetas de crédito, los créditos departamentales y hasta los créditos automotrices e hipotecarios tendrán también aumentos, como ya se ven en México. También los créditos a las empresas serán más caros, reduciendo el potencial para aumentar la producción, para contratar más trabajadores, comprar materias primas, entre otros. Esto es, hacer más o crecer, será más caro y cada vez menos organizaciones tendrán capacidad de hacerlo.

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El resultado esperado de la estrategia de la banca central es muy claro, que se deje de usar dinero para que baje su demanda, y por consiguiente los precios bajen vía reducción de los precios de oferta de las empresas. Esto ocasiona que las organizaciones, al no vender, porque los clientes no tienen el suficiente dinero para pagar, hagan ofertas o simplemente dejen de aumentar los precios, si los proveedores no suben los precios, los fabricantes, tampoco y al final, el cliente que se lleva el producto o servicio a casa, puede pagarlos haciendo un menor “sacrificio” presupuestal. Así de fácil funciona el sistema económico, el único problema es que esta adecuación toma cuando menos entre seis y nueve meses. Por ello, hay que prepararse para pensar que la inflación y los precios altos estarán con nosotros hasta mayo o junio de este 2022. De allí mi pronóstico con estos datos.

Los bancos centrales tienen en sus manos un rompecabezas nada sencillo de resolver. Por un lado, el mundo necesita una recuperación económica y para ello forzosamente se necesita dinero, y por el otro, hay que disminuir la inflación derivada de ese dinero en circulación que se inyectó en 2021. Sinceramente, no es posible en este momento definir un equilibrio ni para el mundo ni para México. Para el caso de nuestro país, las diferencias regionales entre el norte, el centro y el sur, ponen en riesgo una estrategia general. Los estados del sur siguen mostrando una debilidad crónica, mientras los del norte aceleran al ritmo de crecimiento de Estados Unidos, con problemas en algunos sectores como la industria automotriz, pero creciendo y recuperando el empleo y parcialmente, el consumo. El centro del país crece por los estados de México, Querétaro y San Luis Potosí, que por su propio nivel de integración a cadenas productivas internacionales, han salido adelante de manera importante. No hay nada que decir de Michoacán, Guerrero, Oaxaca o Chiapas, más que la pobreza sigue creciendo en estos estados.

Para el Banco de México (Banxico) y su nueva gobernadora, el problema radica en qué tanto tendrán que aumentar las tasas de interés para contener la inflación sin frenar el crecimiento económico. La primera reunión de política monetaria del Banxico, donde se reúnen los subgobernadores para definir literalmente en cuánto colocarán las tasas, será el 10 de febrero. En esta reunión se espera que éstas aumenten cuando menos 25 puntos base, pero si la nueva gobernadora quiere mandar un mensaje claro de que realmente es independiente del presidente de la república, podría incluso subirlas 50 puntos base (0.5%). Los pronósticos para finales de este año localizan la tasa entre 6.25% y 7%.

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Si las relaciones numéricas que se mantienen entre la tasa de Banxico y la banca comercial se mantienen, podrían tenerse créditos al consumo del orden del 70 al 80% como mínimo y las tasas de interés para los créditos hipotecarios rondarían el 11%, en el mejor de los escenarios. Seguirían siendo “razonables” pero no tan baratos como al nivel que teníamos antes de la pandemia.

Todo está subiendo de precio, pero no se preocupe, ya tomaron medidas los bancos centrales del mundo, porque a pesar de que nuestro país pudiera hacer algo de manera individual, se requiere la voluntad de otros órganos internacionales para que lo realizado aquí verdaderamente funcione, eso es la globalización. Sin quitar culpas, estamos en la posibilidad de tener una recuperación contra la inflación de manera rápida y las señales del Banxico son las correctas para los mercados financieros y de consumo, el problema son las señales del gobierno que, si son replicadas por la nueva gobernadora (Victoria Rodríguez Ceja), México realmente estará en problemas. Sólo espero que demuestre su autonomía y congruencia con el momento actual. Capacidad la tiene, porque ya llegó allí y no cualquiera tiene esa posibilidad, si no que le pregunten a Arturo Herrera.

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