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México.- El pianista y compositor ruso Sergei Prokofiev, quien desde temprana edad mostró su talento y más adelante fue orgulloso de la ultramodernidad y dificultad de su arte, murió hace 55 años, el 5 de marzo de 1953, dejando un legado musical que sigue vigente en el mundo de la clave de Sol.
El autor del hermoso ballet "Romeo y Julieta", la ópera "La Guerra y la Paz" y la "Sinfonía Clásica" nació el 23 de abril de 1891 en Sontsovka, cerca de Ucrania, donde desarrolló su precoz talento en el Conservatorio de San Petersburgo y en sus clases con figuras como Glier, Rimsky-Korsakov, Lyadov y Tcherepnin.

Su debut como pianista en 1908 causó cierta sensación entre la sociedad rusa, que le obsequió la etiqueta de "enfant terrible" y le dio la imagen de joven ultramoderno e incomprensible, que él estuvo encantado de explorar.

Prokofiev siguió atrayendo la atención de sus colegas y del público con sus obras para piano solo y los extravagantes conciertos para piano número uno áy número dos, para más tarde, en 1914, dejar el conservatorio y viajar a Londres, donde escuchó la música de Stravinsky.

A petición de Sergei Dyaghilev, empresario y promotor del arte ruso, fundador de los Ballets Rusos, el "enfant terrible" escribió una partitura que fue rechazada, y que más tarde utilizaría en la llamada "Suite Escita".

Entretanto, su talento se expandía en distintas direcciones, hasta completar una ópera sobre "El Jugador", de Fedor Dostoyevsky, en 1917.

Dicha obra resultó en un estudio sobre la obsesión, muy lejano de la fantasía contenida en "El amor por tres naranjas", ópera casi contemporánea, escrita dos años más tarde para Chicago, estrenada en 1921.

Ninguna de estas partituras tuvo mucha relación con "Sinfonía Clásica", una de sus obras más destacadas, concebida a la manera dieciochesca, junto con varias sonatas para piano y las más osadas "Visiones Fugitivas".

Hacia 1920, Prokofiev se estableció en Francia, donde concibió la ópera "El ángel de fuego", fábula intensa y simbolista sobre el bien y el mal, que se estrenaría hasta después de su muerte.

Tiempo después, el compositor produjo una partitura mucho más tranquila, el ballet "El hijo pródigo". No sería sino hasta la década de 1930 cuando su estilo musical dio un salto a lo barbárico y lo lírico, años en los que se reconcilió con la entonces Unión Soviética.

De regreso en su país, Prokofiev recibió un encargo del Ballet Bolshoi, "Romeo y Julieta", pieza estrenada en Brno, República Checa, en 1938 y en la que la agresión y el amor romántico fueron un catalizador de los divergentes impulsos del músico.

En 1936, cuando el camino hacia el realismo socialista estaba en su curso más intenso, Prokofiev comenzó a explorar géneros como la canción, la música incidental, la cantata patriótica y la entretención infantil, que lo llevó a componer "Pedro y el Lobo".

Aquellos años fueron un mal momento para la experimentación, pues "Semyon Kotko", su primera obra de un tipo más ambicioso, no fue bien recibida.

El comienzo de la guerra fue también el de los requerimientos patrióticos, que arrojaron un ciclo de tres sonatas para piano, la "Sinfonía no. 5" y la versión operística de "La Guerra y la Paz", de León Tolstoi, que le permitió desarrollar los dos extremos de su genio musical.

En 1946 se retiró al campo y aunque siguió componiendo, sus últimas partituras son consideradas una suave oda a su producción.

Prokofiev falleció hace 55 años, el 5 de marzo de 1953 en Moscú, el mismo día que el dictador soviético José Stalin. En esa misma fecha acababan de comenzar los ensayos para montar su ballet "La flor de piedra", que se llevaría a los escenarios un año después.