El Universal
`Lo que Callamos las mujeres' festeja su octavo aniversario con crudas historias de violencia hacia la mujer que, lamentablemente, son los que tienen más rating
Mientras la televisora de enfrente encontró una fórmula redituable llevando a la pantalla historias de "charros metrosexuales", Tv Azteca decidió apostar por programas unitarios con temáticas más terrenales.

Uno de ellos es "Lo que Callamos las Mujeres". Actualmente se encuentra en su octavo año y temporada y lo mismo han llevado a la pantalla problemas de salud femenina, laborales, de familia, que el espinoso caso de las muertas de Ciudad Juárez.

Su productora, Genoveva Martínez, señala que no es fácil abordar los conflictos en los que se ven inmersos las mujeres en México, sin que se preste al morbo. La razón le asiste. Más de 300 millones de mexicanas sufrieron alguna forma de violencia el año pasado y penosamente 80 por ciento de los asesinatos femeniles que se tienen reportados ocurrieron en el hogar, de acuerdo con la Segunda Encuesta Nacional de Violencia contra las Mujeres.

Paradójicamente, son éstos los que más rating tienen. "El maltrato físico y psicológico a mujeres y niños son los que más captan la atención de la audiencia. Son temas de identificación", revela Martínez en entrevista. Hay otros temas donde la audiencia comparte directamente su testimonio para enriquecer el abanico del programa.

"Recuerdo el caso de una madre cuya hija fue asesinada por el marido y ella vino en el momento cuando el asesino estaba a punto de salir libre por esas cuestiones legales que suceden... Fue muy duro contarnos la historia y recrearla junto a ella, porque es algo muy doloroso", confiesa la productora de "Lo que callamos las mujeres".

Ya van más de dos mil 200 programas transmitidos y varias giras por el interior de la República. Recientemente la producción se trasladó a Veracruz y próximamente grabarán en Tabasco.

De lo que se trata, menciona Genoveva, es de abordar situaciones complejas de cada región, "no hacerlo tan chilango". La buena estrella de "Lo que Callamos las Mujeres" le ha permitido a Tv Azteca venderlo a cerca de 40 países, algunos tan remotos como Macedonia, Albania, Rusia y Turquía, una nación islámica donde las mujeres tienen sus propias historias que contar.

Incluso han recibido invitaciones para viajar al extranjero, particularmente a Panamá, las cuales no han fraguado por lo complicado que es desplazar toda la infraestructura del programa.

Como ejemplo, basta señalar que cuenta con el apoyo de 20 escritores, responsables de evitar que se repitan las experiencias narradas, por mucho que los temas sean recurrentes. Genoveva confiesa que nunca ha enfrentado censura de la televisora del Ajusco, lo que le permite explayarse a plenitud en la pantalla, pero que sí ha recibido algunas quejas de provincia.


-¿Han pisado algunos callos?- "Sí hay comentarios (en el sentido de queja). Una persona que era regidor de una ciudad en Guanajuato me preguntó si no me parecía que mi programa alebrestaba a las mujeres. Me dijo exactamente que promovía el divorcio".

El nombre de ese regidor lo ha olvidado, lo que sí recuerda es que no le hizo caso y prefiere concentrarse en los temas y testimonios que los motiva a seguir con el programa y a veces no es necesario salir a buscarlos. Jorge Carles, uno de los actores del elenco, vivió una dramática experiencia cuando su hija estuvo a punto de ser secuestrada por los sujetos que robaron la camioneta de la conductora de Televisa Ana La Salvia en San Angel.

Por fortuna, todo quedó en un susto, que sin embargo puede servir a futuro para inspirar uno de los guiones. Pero así como el programa ha incomodado a algunas autoridades, otras se han acercado para contar vivencias muy personales.

Recientemente Rosalía Camacho, esposa del gobernador de Sinaloa, Jesús Aguilar Padilla, compartió con la producción su padecimiento de cáncer de mama. Y fue escuchada, como lo son también las desahuciadas en pobreza extrema o los niños y niñas de la calle.

El objetivo a corto plazo de la productora Genoveva Martínez mira en dos vertientes: "Viajar lo más que se pueda y hacerlo un programa muy cercano a la gente". El antídoto contra las historias de charros pobres que montan caballos pura sangre y ejercitan sus músculos amasando pan de dulce y bolillos.