Los Angeles.- En Hollywood Boulevard y Highland se respira ya cierto aire de fiesta. Hay una alfombra roja protegida por un enorme plástico, luces a medio instalar, miles de cámaras a la caza del ángulo perfecto y ríos de turistas intentando capturar con sus flashes el perfil de la estatuilla dorada.
Todos quieren llevarse de recuerdo la imagen con el afamado Oscar. Posan en las escalinatas que conducen a la entrada del teatro Kodak, donde este domingo tendrá lugar la ceremonia número 81 de los premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas.

Gentes de todos los perfiles raciales recorren los pasillos del centro comercial H&H Center -donde esta incrustado el teatro- con el fin de olfatear las celebridades ausentes. A pesar de la oleada de transeúntes y el paréntesis de los Oscar, los locales comerciales no han logrado sacudirse de encima el fantasma de la recesión.

"El negocio está igual. Hay más gente pero son turistas y no vienen a comprar sino a pasear y a hacer fotos. Las ventas siguen igual: lentas", asegura Tatiana Baharian, dependienta de la tienda de zapatos Nine West, justo en la trayectoria de entrada hacia el teatro Kodak.

Con la cámara en mano y la actitud descrita por Baharian, se pasea una pareja de alemanes que visitan por primera vez Los Angeles. "Es muy divertido esto de los famosos. Pasábamos por aquí cerca y decidimos venir a caminar por la alfombra roja", indicó Frank Schmidt.

Este turista germano prosigue su marcha sobre el grueso plástico que cubre la alfombra y a pesar de su poca fluidez en inglés, sus ojos dejan ver una expresión de satisfacción por estar pisando la misma superficie que mañana pisarán las estrellas más importantes del cine actual.

Las estatuillas laterales, aún sin destapar, delimitan el camino a seguir. Ya en la calle, bajo el desafiante toldo transparente a prueba de mal tiempo, la entrada se restringe a aquellos que lleven colgando su credencial. Aún no llegan las estrellas, pero la alfombra roja ya está atestada de policías, equipos de seguridad, técnicos de luces y sonido, camarógrafos y productores y asistentes de producción que trabajan bajo estrictas órdenes. Pocos quieren o pueden desvelar lo que podría ser una gala cargada de secretos.

"Este año habrá muchas sorpresas. La Academia está siendo muy reservada con los detalles de la producción. Ni siquiera nosotros los conocemos", aseguró una productora del evento que no quiso revelar su identidad. Esta mujer, encargada de acomodar a los periodistas, estará mañana en primera fila viendo desfilar a los nominados. "Tengo que reconocer que estoy muy emocionada, pero tengo una larga jornada de trabajo por delante", afirmó.

Asimismo, Ronald Barnes, un camarógrafo que lleva cuatro años cubriendo esta gala, cuenta a dpa que tendrá que trabajar 10 horas para un segmento de media hora en la televisión. Este joven afroamericano, con trenzas a lo Bob Marley, está muy familiarizado con las caras de Hollywood.

"Sé que estoy en una posición importante.

Todos los famosos pasarán por aquí", indica señalando el podio que tiene a dos metros de distancia. Barnes espera ver subir allí a sus estrellas favoritas: Samuel L. Jackson, Salma Hayek y John Travolta.

Unos dirigen, otros coordinan, otros corren, otros observan, pero todos están conectados por el pinganillo. Es el caso de la sargento Shannon Allan, que más parece una productora de cine que una mujer policía con esa chaqueta oscura. "Tengo una arma", advierte de manera jocosa para comprobar su identidad.

Allan, que es una de las caras más habituales del evento, el domingo vestirá de esmoquin. De sus 18 años de servicio en la fuerza, lleva cinco cubriendo los Oscar. "Ya es normal para mí ver a los famosos. Estoy acostumbrada. He lidiado con más de una centena de ellos. Son parte de la ciudad", indica la sargento.

Al preguntarle por película o actor favorito para esta edición, responde avergonzada que no ha podido ver ni una sola cinta. "Tengo cuatro niños. No me queda tiempo", apunta.

No es el caso de dos jóvenes de Riverside, California del Sur, que tienen estudiados todos los nominados y sus categorías. "Creo que va a ganar Slumdog Millionaire, pero me gustaría que el Oscar se lo llevará la película de Brad Pitt", apunta Jennifer Seago, de 26 años.

Su amiga, por el contrario, apuesta por la cinta ambientada en la India. "Es una mejor película, la historia es buena, no es tan oscura o depresiva como las otras", señala Kelly Ridgeway, de 22 años.

A pesar de sus diferencias en las quinielas, estas californianas coinciden en que madrugarán a las 6 de la mañana para hacerse con un puesto donde poder echarle un vistazo a Pitt. ¿Dónde nos aconsejas que vayamos? preguntan ambas al unísono.

Un poco ajeno a la ceremonia circula un actor caracterizado como Elvis Presley. Michael Romeo, con un traje de cuero blanco y brillantes, las patillas largas y los grandes lentes oscuros, es uno de los pocos que anda de compras. A Romeo no le emociona mucho el evento. Lleva siete años trabajando el Hollywood Boulevard de las estrellas en la acera, siempre en busca de una propina decente de los turistas que posan para una foto con él. "Los Oscar aumentan el tráfico de la gente pero bloquean nuestro espectáculo", afirma.

Este actor frustrado, un tanto decadente y a ratos descarado, apuesta por Mickey Rouke para mejor actor. "La actuación de Sean Penn es demasiado gay para mi gusto", asegura con cierto amaneramiento.