La pandemia ha ocasionado una gran cantidad de cambios en estilos y formas de vida y convivencia en la familia, escuela, empresa y sociedad. Nuestros hijos tienen menos oportunidad de salir e interactuar con sus amigos y compañeros de escuela. La mayor parte del tiempo, antes del aislamiento, se la pasaban en “planes”, “Reus”, centros comerciales, clubes, deportes, gimnasios, cumpleaños, reuniones o fiestas. Ahora las salidas son pocas o ninguna y la mayoría del tiempo se la pasan con ellos, pero encerrados en su recámara. Muchas familias preocupadas por el encierro buscan estrategias de convivencia familiar todos reunidos como las comidas, juegos, ver la televisión y hacer actividad física. Pero aun así, los adolescentes prefieren más estar con sus amigos que con la familia encerrados en su recámara. Y pregunta importante: “¿Sabemos qué pasa atrás de la puerta de su recámara?” Debemos saber con quién están, de qué hablan, qué ven, cuánto tiempo de pantalla permanecen, a qué hora y cuánto duermen, qué mensajes e imágenes reciben, cómo responden, qué consumen (alcohol, vapes o cigarrillos electrónicos o porno), cómo está su estado emocional (ansiedad, depresión, frustración hacia la escuela y su vida, enojo, tristeza, obsesiones, miedos, soledad, abulia o pensamientos negativos). En otras palabras, debemos conocer el estado mental de nuestros hijos en esta pandemia que ocultan atrás de la puerta cerrada de su recámara.

La mayoría de los chicos cierra la puerta de su recámara cuidar su privacidad y muchos papás la respetan ignorando el estado emocional de sus hijos. Debemos ser conscientes que esta pandemia a potencializado del número de casos de problemas emocionales y adicciones entre niños y adolescentes. No tengamos miedo entrar en la vida y privacidad de nuestros hijos. Toquemos su puerta, abramos su cerradura física y emocional, escuchemos, no hablemos hasta que nos pidan hacerlo, abracémoslos, juguemos juntos, no juzguemos o dar sermones, demos un consejo cuando sea solicitado y, sobre todo, mantengamos nuestra puerta siempre abierta cuando nos necesiten.

Hoy nuestros hijos se enfrentan a un mundo incierto y no saben qué sucederá en sus vidas. Extrañan su vida anterior al COVID sus maestros, escuela, amigos, deporte y actividades sociales. Muchos de ellos piensan que la vida les ha traicionado y pueden buscar un escape peligroso y canalizar toda esta presión en alguna adicción, amistad peligrosa, o sitios de internet que destruyan su integridad. Papás debemos estar alerta e informados de lo que ocurre atrás de la puerta cerrada de la recámara de nuestros hijos antes que sea demasiado tarde. La doctora Michele Borba, psicóloga educativa americana, en su libro “UnSelfie: Why Empathetic Kids Succeed in Our All-About-Me World” afirma que los adolescentes están viviendo tiempos de mucho estrés en sus vidas. Sus expectativas son muy altas, la presión de sus grupos de amigos y compañeros es enorme y muchos papás estamos cada vez más alejados de ellos. No es suficiente preguntarles de cómo está su escuela o sus amigos sino, además preocuparnos por sus emociones y salud mental.