36 grados Celsius, es la temperatura normal del cuerpo. Algunas, infecciones asociadas con viajes causan fiebre y pueden ser muy peligrosas.
Una temperatura más alta de lo normal puede ser una señal de influenza o coronavirus, pero es importante tener en cuenta que también puede señalar otras condiciones

La temperatura corporal normal es típicamente de alrededor de 36 grados Celsius. Cuando sube a 38°C y dura más de unas pocas horas, es territorio de fiebre. Por lo general, la fiebre por sí sola no es motivo de preocupación, a menos que se combine con otros síntomas y circunstancias específicos. Estas son situaciones asociadas con fiebre que vale la pena conocer. 

Infección

Esta es probablemente la causa más común de fiebre. Cuando tu cuerpo está tratando de combatir bacterias o virus, libera una sustancia llamada pirógeno, que, a su vez, restablece su termostato interno. Para crear un ambiente hostil para el intruso, tu cuerpo eleva la temperatura. Eso, por supuesto, también te hace la vida un poco difícil. Es solo un estado temporal, al final del cual saldrás victorioso y superarás la infección.

Sin embargo, debes consultar a un médico en casos de fiebre persistente que no responde a medicamentos de venta libre y  remedios caseros, o cuando la fiebre se acompaña de fuertes dolores de cabeza, dificultad para respirar, sangre en la orina o las heces, enrojecimiento de la piel, una erupción o vómitos.

Vacunas

La forma en que funcionan las vacunas es estimulando la respuesta inmune del cuerpo. Sin embargo, ciertas moléculas de patógenos como virus o bacterias se introducen en el cuerpo para activar el sistema inmune, por lo que puede reconocerlos y combatirlos en el futuro. Como se explicó anteriormente, una de las formas en que tu cuerpo protege contra intrusos no deseados es una fiebre creciente. Esto generalmente no es motivo de preocupación. Los síntomas posteriores a la vacunación tienden a ser leves y pasan después de 2-3 días.

Agotamiento por calor 

Esto puede suceder en días calurosos y húmedos cuando te esfuerzas demasiado. Por definición, el agotamiento por calor ocurre cuando la temperatura central del cuerpo aumenta por encima de 37°C pero no más allá de 40. 

En circunstancias normales, el cuerpo tiene funciones destinadas a enfriarlo, pero cuando esos sistemas se superan y no pueden hacer su trabajo, la temperatura continúa aumentando. Otros síntomas incluyen mareos, sudoración excesiva, pulso débil y rápido, náuseas, dolor de cabeza y piel fría y húmeda con piel de gallina cuando estás caliente.

Si sospechas que tú o alguien a tu alrededor puede estar sufriendo esta afección, muévete a un lugar más fresco, preferiblemente con aire acondicionado. 

Puedes bajar la temperatura corporal colocando una toalla húmeda sobre la piel y beber agua fría o una bebida deportiva si puedes retener los líquidos. Si esas medidas no brindan alivio en 15 minutos, busca atención médica de emergencia. 

Abstinencia de alcohol

El alcohol suprime el sistema nervioso central. En los primeros días de abstinencia, el SNC necesita reajustarse y eso puede causar fiebre. Otro síntoma de abstinencia de alcohol son las contracciones musculares. Si experimentas temblores, puede aumentar la temperatura de tu cuerpo.

En caso de que la temperatura supere los 40° y no baje dentro de una hora de tratamiento en el hogar, o persista durante más de 24 horas, debes buscar atención médica de emergencia.

Coágulos de sangre

¡Es muy importante saber que la fiebre puede ser un síntoma de un coágulo de sangre!

Un coágulo de sangre es un grupo de sangre que se ha solidificado de un líquido a una sustancia gelatinosa o semisólida. La coagulación puede ser necesaria cuando te lesionas o cortas, ya que evita que pierdas demasiada sangre. Sin embargo, cuando se forma en una de tus venas, puede viajar a tu corazón y pulmones, atorarse y evitar el flujo sanguíneo. Esto es una emergencia médica. Según los expertos, la fiebre junto con el dolor, la hinchazón y el enrojecimiento en la pierna o la falta de aliento podrían indicar un coágulo de sangre. 

De viaje

Cuando viajas, estás expuesto a nuevos tipos de bacterias diferentes a las que tu cuerpo ya está acostumbrado e inmune. El riesgo aumenta para los viajeros a países tropicales o en desarrollo. Los médicos identifican varios tipos de infecciones asociadas con el viaje que causan fiebre; las más peligrosas incluyen malaria, dengue, fiebre tifoidea y chikungunya. Sin dejar fuera al coronavirus.  Todas comienzan con síntomas parecidos a la gripe.

Es importante consultar a tu médico acerca de las pautas para el consumo seguro de alimentos y agua en el extranjero. Si experimentas fiebre al regresar de un viaje, es mejor que te revisen.

Cambios en el trastorno hormonal

Las hormonas tiroideas T3 y T4 son producidas por la glándula tiroides, que toma yodo (que se encuentra en muchos alimentos) y lo convierte en dichas hormonas. Su metabolismo se regula mediante la liberación de T3 y T4, pero cuando se produce demasiado, el cuerpo entra en un estado de hipertiroidismo.

Cuando no lo tratas, puede deteriorarse hasta convertirse en una tormenta de tiroides. Los síntomas son aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, así como fiebre alta. Además del hipertiroidismo no tratado, puede ocurrir una tormenta tiroidea debido a un trauma, ataque cardíaco o parto de un bebé. ¡Es una afección potencialmente mortal que debe ser tratada por el personal médico de inmediato!

Condición inflamatoria

La inflamación es el proceso que ocurre en tu cuerpo cuando luchas contra infecciones dañinas, lesiones y toxinas. De manera similar al caso de la fiebre inducida por infección, la inflamación provoca que el sistema inmunitario eleve la temperatura corporal y cree el síntoma de la fiebre.

La inflamación crónica es cuando la respuesta persiste, dejando así a tu cuerpo en un estado constante de alerta. Esto puede tener varios efectos negativos con el tiempo, ya que el sistema inmunitario eventualmente comienza a atacar los tejidos sanos del cuerpo. 
Con el tiempo, la inflamación crónica puede provocar la muerte del tejido, cicatrices y daños en el ADN, todo lo cual contribuye al desarrollo de enfermedades degenerativas, como el cáncer.

Omnia

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