Campamento. Unos 30 centroamericanos se niegan a ingresar a la Casa del Migrante porque afirman que son muy estrictas las reglas. ARCHIVO
Una parte de los migrantes todavía en la calle se niega a entrar a la posada tras escuchar las condiciones de higiene y disciplina que deben seguir

El incumplimiento de los acuerdos con las autoridades de salubridad llevó a la Casa del Migrante a reducir la estancia de quienes reciben, a tres días, mientras que el campamento improvisado continúa en la calle ante la negativa de acatar las reglas del refugio.

Alrededor de 30 migrantes continúan en la calle a temperaturas congelantes, cada vez haciendo uso de más recursos para amortiguar el frío, como bolsas de hule, cobertores como techos y fogatas hechas con basura y ramas de árboles.

Según información de la Subcoordinación con la Casa del Migrante, debido a la reducción del aforo y la falta de condiciones para recibir a migrantes que puedan presentar síntomas, la estancia de descanso, alojamiento y alimento se redujo a tres días para que los centroamericanos continúen su camino.

Sin embargo, una parte de los migrantes todavía en la calle se niega a entrar a la posada tras escuchar las condiciones de higiene y disciplina que deben seguir.

 

“Hay cupo para más pero se niegan a entrar; al escuchar las normas mejor se retiran de nuevo al campamento pues no es permitido ingresar con cigarrillos ni bebidas alcohólicas”, expresó Ana Jimena García, del área de Subcoordinación.

Dijo que incluso algunos migrantes se niegan a entrar para no usar el cubrebocas todo el tiempo, aunque los centroamericanos que han ingresado, tras estos días continúan su camino hacia el “sueño americano” por Reynosa o Nuevo León.

Algunos migrantes admitieron que la razón para no entrar a “Belén” son sus “estrictas reglas”, por lo que prefieren pasar frío y dormir en el suelo pero también conservar las ventajas de permanecer afuera, como trabajar o pedir dinero, así como tomar o fumar.

“Es que sus reglas son estrictas, y uno tiene miedo de andar en la calle porque ya me han asaltado, pero si nos quedamos allá no hay forma de buscar la moneda, nos dieron ayuda de comida que no se echa perder, pero nos retiramos”, expresó el hondureño Kevin González.

El entrevistado narra que ha dormido en las calles de la ciudad, el campamento improvisado, pero también en parques.