La historia de George Orwell, en “La Rebelión de la Granja”, comienza cuando un cerdo, llamado el Viejo Mayor, explica sus ideas de cómo gobernarla. Las ideas entusiasman al grupo de animales que conforman el lugar y terminan por hacer una revolución en contra del humano Howard Jones, dueño de la granja.

Establecen sus propias reglas. Uno: todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo. Dos: todo lo que camina sobre cuatro patas o alas es amigo. Tres: ningún animal usará ropa. Cuatro: ningún animal dormirá en una cama. Cinco: ningún animal beberá alcohol. Seis: ningún animal matará a otro animal y Siete: todos los animales son iguales.

La que se convierte en Granja Animal tiene en sus inicios un gran desarrollo productivo, pero empiezan los problemas cuando entre los dirigentes –dos cerdos: Snowball y Napoleón– se suscitan diferencias. Napoléon echa a Snowball de la granja y queda como único dirigente, rodeado de otros cerdos y adiestrando a un grupo de cachorros para convertirlos en su guardia personal y el terror del lugar.

Cada animal es representativo y guarda un significado: así, Boxer, el caballo que duda, pero sigue trabajando pensando que lo que hace está bien para mantener la productividad de la granja y el armónico y buen desarrollo del lugar; están las ovejas, que conectan con su líder y siguen ciegamente lo que se les ordena; la yegua Mollie, que no se adaptó a la granja y se escapa del lugar para seguir viviendo como a ella placenteramente le gustaba hacerlo; está Squealer, el cerdo experto en oratoria quien representa al vocero del líder y que, cada vez que hay un cambio en los mandamientos, explica y convence a los animales de que todo está bien y que es pensado para ellos. También está el entrañable burro Benjamín, el único que sabe leer y que se sorprende de que aquellos primeros mandamientos hayan ido sustituyéndose a conveniencia de los dirigentes.

Este es el eje central de la novela: cómo los mandamientos que rigieron los primeros tiempos se van modificando a conveniencia.

Los animales dirigentes terminan durmiendo en una cama, ah, pero con sábanas, que es el agregado que aparece un día de tantos; terminan bebiendo alcohol, aunque según el agregado no lo hacen en exceso; y al final, en la norma de que todos los animales son iguales, termina con la extensión: “Pero unos son más iguales que otros”, al observarse que entre los cerdos líderes son más iguales entre sí que con el resto de los habitantes de la granja.

¿Por qué traer a colación el argumento de “La Rebelión de la Granja” de Orwell a nuestros días?

La víspera de la toma de posesión del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, da mucho qué pensar con respecto a la toma de decisiones a su cargo. Las consultas, la invocada responsabilidad de la ciudadanía en las decisiones del inminente nuevo gobierno en temas de tanta envergadura, de tanta importancia, sus declaraciones antes y después con respecto a la corrupción imperante en el País, no hacen sino pensar en cómo ha ido variando sus posturas en torno a la forma de gobernar.

Ir cambiando a modo sus primeras declaraciones con respecto a este tema y en otros cruciales hacen que los ciudadanos mexicanos que no emitieron su voto por él terminen por confirmar su desconfianza; y de muchos que sí lo hicieron comiencen a dudar si lo que hicieron fue lo mejor.

Ojalá que los cambios de parecer no sean la constante de su gobierno pues, si como dicen es de sabios cambiar de opinión, nada nos asegura que cambiar con tanta frecuencia en temas torales con los que llegó a la Presidencia sea lo más afortunado.
Por el bien de nuestro País esperemos por lo menos congruencia del Presidente electo, que aún no empieza a gobernar pero que ya hizo que la agenda mediática sea completamente suya.

ACTIVO VALIOSO

La llegada de Óscar Pimentel González a la dirección del Instituto Municipal de Planeación de Saltillo es una buena noticia. Su experiencia y conocimiento de la ciudad constituyen un activo muy valioso.